Si la vida te da limones, exprímelos a polvos

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Capítulo 34

ALEX

Llevo dos dias buscando ofertas de trabajo por internet y dando curriculums por todas las tiendas del barrio. No hacía eso desde que tenía diecisiete años y me deprime mucho porque la mayoría de curriculums acabn en la basura. Lo único que quieren es explotarte de todas las maneras posibles y pagarte una mierda. Aunque también os digo que desde pequeña siempre he querido montar una cafetería pero no una normal, una tipo americano de las que tienen libros para poder leer mientras te tomas algo o poder estudiar en un ambiente distinto al de una biblioteca. Que entre nosotros, odio las bibliotecas y me siento súper incómoda. En este proyecto me podría ayudar Susana, ya que me podría suministrar esos pastelitos que hace y esas tartas que parecen esculturas.

Tengo unos pocos ahorros para poder empezar y si no me lanzo a la piscina, voy a tener que estar pringando más horas que un reloj por un sueldo de mierda. Así que llamo a Susana para quedar en el Starbucks que hay a dos calles de la casa de Miguel, porque lo noto raro conmigo y no tengo ganas de verle. Además, cada vez que le veo me acuerdo de Hugo y me da el bajón. He decidido seguir el consejo de mis abuelas, soy muy joven y no voy a comerme el coco con personas que no quieren estar conmigo. Aunque suene muy bien ese discurso, debo reconocer que he llamado a Hugo un par de veces e imagino que sabeis lo que pasó. Efectivamente, la primera vez me rechazó la llamada y la segunda directamente apagó el teléfono. Puede que quisiera saber lo que ha pasado pero era por una buena causa, el amigo médico de mi padre está dispuesto a tratar a su hermana y cómo no me llama ni da señales de vida, después de comentarle lo del proyecto a Susana, me voy a acercar al hospital y aunque me echen a patadas tengo que hablar con el padre de Hugo que parecía el más cuerdo de esa familia.

Me pongo el vestido de lana que me regaló Marta y las botas altas negras que me dan un toque de coquetería impropio de mí, porque normalmente me pongo lo primero que pillo sin arreglarme ni nada. Es la principal consecuencia de ser más vaga que un oso perezoso. Cómo las botas tienen un poco de tacón prefiero coger un taxi que me deje en la puerta que con mi poca destreza a la hora de andar con tacones, voy a acabar con un tobillo roto.

En menos de media hora ya estoy en la puerta esperando a Susana, pero en que mala hora he decidido quedar hoy y aquí. Estoy mirando al portal de Miguel por si la veo salir, pero no la veo salir a ella sino a Hugo con una tía que me deja a mi a la altura del betún. Ahora entiendo porqué no me llama, esta muy ocupado zumbándose a esa. Yo sólo fuí el juguetito de turno, me folló una vez y me ha dado una patada en el culo. Pero total, es lo que siempre me pasa. No soy lo suficiente para nadie, si por algo no me quiere ni mi familia. 

Entro con las lágrimas en los ojos y me pido lo que más engorda de todo el puto Starbucks. Necesito saciar la angustia y eso sólo se consigue comiendo chocolate. Pero lo que más me duele de todo es que Susana sea consciente de que Hugo está con esa y no me haya dicho nada. Es cómo si al estar con Miguel se olvidara de que existo. Al verla entrar, me quito las lágrimas disimulando y pongo la mejor sonrisa. Cómo actriz me llevaría todos los premios. 

-Hola tía, ¿que tal?- Decido no decirle nada y seguir disimulando.

-Bien ¿y tú que tal?- Me responde que bien y empiezo a contarle el proyecto. Prefiero ir rápido al tema y salir de allí. 

-Me parece súper bien y por supuesto yo te ayudo con los pasteles y con la reforma. Ve buscando un local cerquita de casa y cuando lo tengas nos avisas y vamos a verlo.

Se la ve hasta ilusionada, pero ahora mismo no tengo la cabeza para nada. Le digo que tengo prisa y nos despedimos rápido. Salgo corriendo del sitio y pido otro taxi para ir al hospital. El camino hacia el hospital es más largo así que puedo ir pensando en mis cosas. Espero no encontrarme a Hugo ni a la pelandrusca que le acompañaba porque sino no voy a poder vivir tranquila. 

Por suerte, no me encuentro a nadie. En la habitación no hay nadie, así que voy a la cafetería por si está el padre allí. Así que aunque casi bajo las escaleras con el culo, voy a por otro café y a buscar al señor. Y efectivamente está allí pero con las dos zorras. Así que con dos ovarios voy a por él sin importarme nada más, todo sea por ayudar a esa niña que no debería estar en una cama de hospital. Ni ella ni ningún otro niño.

-Perdona, no sé si me recuerda, soy Alejandra. Soy amiga de Hugo.- Justo cuando digo eso me da por reirme.- Tengo que comentarle una cosa, ¿podemos hablar en privado?

Al decir eso, las otras dos cacatúas me miran con cara de acelga pocha pero que se jodan.

-Chica, no es neccesario que habléis en privado. Es mi marido, todo lo que hables con él lo puedo oir yo. Nosotros no tenemos secretos.- Iba a contestarle pero el padre de Hugo, lo evita cogiéndome suavemente del brazo y llevándome fuera de la cafetería. 

-A ver, ya sé que usted debe de estar muy mal por el tema de su hija pero yo quiero ayudarla. Debe tener la mente abierta para lo que le voy a contar, no se cierre en la negatividad. He conseguido que un amigo de mi padre quiera ayudar a su hija, es el mejor y no todos los gastos van a correr de mi cuenta. Todo sea por ayudarla.- Estaba tan nerviosa hablando como un loro que no me he dado cuenta que el hombre estaba llorando. Cuando ve que me doy cuenta, me abraza fuerte mientras me da las gracias una y otra vez. 

-Muchas gracias muchacha, en estos casos nunca se pierde la esperanza. Soy capaz de hacer lo que sea si mi niñita sale de esta.- Se ve que hoy estoy sensiblona, porque me pongo a llorar como unna magdalena. Que no entiendo porqué se dice eso si las magdalenas no lloran pero bueno. Le paso el teléfono del doctor y después de pedirle que me informe de todos los avances que vayan ocurriendo, me vuelvo a casa a seguir comiéndome el coco.



LittleLioness1

Editado: 23.02.2020

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