Si la vida te da limones, exprímelos a polvos

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Capítulo 41

Vamos de camino a la casa de campo de Miguel y no puedo estar más contenta. Nos hemos dividido en dos coches, Marta, Marcos y los policias que había en la puerta de mi casa van en un coche y Susana, Miguel, Hugo y yo junto con otro policía vamos en otro . A pesar de las quejas de Hugo y de nuestro escolta, que se llama Fernando, hemos puesto regaetton a todo volumen para que el viaje sea más ameno y no puedo parar de reir al ver a Miguel perreando a Susana cómo puede porque entre lo grande que es y lo bajito que es el techo apenas se puede mover.

-¡Venga Susana, mueve el culo que se te va a poner cómo una mesa camilla de tanto estar sentada!- Hugo y yo nos partimos de risa mientras que Susana intenta apartar el culo de Miguel de su cara.

-Miguel, quita el culo de mi cara y ponte el cinturón antes de que me enfade, que ya sabes lo que pasa cuando me enfado.- Pone una sonrisa diabólica y Miguel se acojona tanto que tarda menos de un segundo en hacer lo que dice. Nosotros no sabemos de qué habla, pero conociendo lo retorcida que es Susana no me extrañaría que la integridad de Miguel estuviera en peligro. 

-¿Con que le amenazas para que te haga caso? Dame ideas para cuando Hugo se ponga tonto y me saque de mis casillas.- Hugo y Miguel se miran entre sí con miedo mientras que Fernando se parte de risa. Según él, nunca había conocido a unas personas tan chaladas como nosotras. 

-Pues mira, le dejas sin sexo una semana o le robas las esposas y cuando esté cachondo perdido le atas a la cama y te vas a la compra o a ver la tele.- Acercándose a mí, me susurra.- Si vas a hacer lo segundo, no le dejes mucho tiempo atado que luego deja marcas. 

-ALEX NO LA ESCUCHES. Yo me porto bien pero eso no lo hagas.- Hugo está tan acojonado que me da la risa.- ¿Miguel tú has pasado por eso?- Miguel asiente con cara de miedo pero termina sonriendo.

-Sí, he pasado por eso pero lo mejor es lo que pasó después de que me soltara.- Baja y sube las cejas mientras sonríe pícaro. Acabamos muertos de risa y mientras nos reimos empieza a sonar la canción de Gasolina de Daddy Yankee y acaba cantando a voces hasta Hugo.

Cuarenta y cinco minutos después estamos entrando en el pueblo y la verdad, es que me encanta. Tiene playa y montaña así que si un día no quieres ir a la playa puedes irte al campo. El clima es muy suave y hace calor estando a principios de noviembre. 

-¡UOOOOO! ¿Esta es la casita que tienes en el campo? Pero si esto es una mansión.- Susana dice la verdad, es un casoplón.

-Sí cariño, yo la llamo casita pero es una mansión que tienen mis padres para poder desconectar de la ciudad.

Entramos y nos da un tour. Todo es muy rústico pero elegante. Tiene siete habitaciones con baño en suite. Una piscina con un porche, un garaje convertido en sala de juegos, con un billar y un futbolín. Una sala de cine y un gimnasio. Una cocina más grande que mi casa y un salón con un pantallón que flipas. Es la casa de mis sueños, eso sí esto para limpiarlo no mola. Te puedes tirar tres vidas limpiando, aunque Miguel ha dicho que tienen una pareja que cuida de la casa y controla a la empresa de limpieza que viene dos veces a la semana. 

-Tías vamos a elegir habitación y nos vamos a la piscina que hace un solecito muy rico.- No preguntéis por qué pero nos vamos bailando la conga hasta que subimos las escaleras y el baile se convierte en una guerra por escoger la mejor habitación. Obviamente, yo me he cogido la del final ya que así nadie nos va a escuchar. Es enorme y tiene una cama en la que puedes hacer la croqueta sin caerte. Entro al baño y casi se me cae la baba. Hay un jacuzzi para dos personas, una bañera de patas preciosa y un pedazo de espejo encima de dos lavabos. Váter también hay pero le quita todo el glamour al baño, además no tiene nada de especial.

Me pongo el bikini con tanga brasileño que me compré hace un año en una página china. Si viérais la que lié con las tallas, alucinais. Porque seré yo o no sé, pero soy muy extraña para la ropa porque por ejemplo, los pantalones me entran de pierna pero me están grandes de cintura y en algunas tiendas uso la talla treinta y ocho mientras que en otras tiendas uso la cuarenta. Diréis pues para eso está el probador, pero no me gusta probarme a ropa. Soy de esas que prefiere comprar rápido e irme o comprar por internet  pero entre que tarda media vida en llegar y las tallas no son las que ponen pues... Que dura es la vida de ser mujer.

Salgo del cuarto con un vestido blanco y las únicas chanclas de la playa qque tenía, las que están descoloridas de tanto estar en contacto con el agua y la arena. 

-¡SUSANAAAAAAA! ¡MARTITAAAA Y SOBRINA!- Si sube alguno de los chicos y me ven sentada al principio del pasillo pegando voces, van a pensar que estoy tarada pero es que siempre soy la que se arregla rápido.

-No sabemos si es niño o niña, ¿porqué das por hecho que va a ser niña?- Marta no lo entiende, pero siento que va a ser niña. Tiene que ser niña y llamarse Alexa. Sí, como la maquinita infernal de Amazon. Me la compré y la devolví a los dos días, se encendió de noche sin haberla llamado y casi me da un parraque.

-Va a ser niña, ya lo verás. Lo presiento.- Susana sale y se me queda mirando.



LittleLioness1

Editado: 23.02.2020

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