Si las luces se apagaran

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Capítulo 41 "Dolor"

Dejándome en ese lugar, escuché la puerta cerrarse y todo se convirtió en una completa oscuridad. La única luz que iluminaba mi cara, era aquella línea fronteriza que divide ambas puertas. Sentí la necesidad de salir del armario y averiguar que sucede. Algo entre mí da una mala corazonada, sus manos temblando impacientan mi pulso, pero no puedo, sus promesas caen como un balde de agua fría. No lo logro comprender, ¿Cómo me dejó en este lugar sin articular alguna palabra? Me tiró con suma brusquedad, intentado protegerme. Se aferró tanto a mis muñecas que por momentos no logré tener pulso. Él no fue mi chico, lo sentí como si fuera otra persona.

—¡Derek! ¡¿Dónde está?! —Gritó un hombre, tal vez a pocos metros de mí.

Mi pulso se generó a mil por hora, el miedo me invadió como hace algunos meses atrás, cuando sientes que te destruirán tú todo. Mi cuerpo colapsó entre nervios y de continuos jadeos por la falta de respiración. Me acerqué al orificio de las puertas y un hombre vestido con un uniforme impecable apareció en mi campo de visión, su cara estaba rígida y sus puños se apretaba con fuerza. Luego llegó Derek detrás de él, aparentó ser un chico firme, pero sé que está absorbido por miedo. El hombre quiso avanzar a su habitación, pero él se interpuso, provocando que entre ambos se produzca una tensa nube negra.

—¡No te lo diré! ¡Podrás hacer todo lo que quieras, pero no te diré nada! —Mi novio declaró con una voz firme.

—¡No puedes decirme que no! ¡¿Qué mierda te crees? —Ese hombre bramó con repudio y quiso seguir avanzando, pero Derek trató de detenerlo y él lo golpeó con rudeza en la mandíbula, haciendo que cayera en su cama. Ahogué un jadeo de dolor y mis ojos se llenaron de lágrimas. La escena me dejó perturbada—. ¡Dime, mierda!

—¡No lo haré, papá! ¡Tú nunca escucharas nada de mí! —Murmuró contraído y llevó una mano a su mejilla izquierda para el rastro de sangre—. No dejaré que la conozcas, ella no está acá.

—¡¿No está?! ¡¿Crees que soy estúpido?! ¡Dímelo! —Gritó con rudeza, ocasionando que el miedo se incrementara y mi corazón bombeara en descontrol—. ¡La vi, mierda!

—Haz lo que quieras, ¡De mi parte nunca saldrá ninguna palabra! ¡Vete! —Musitó aún con fuerza mínima que le quedaba. Ese hombre lo golpeó de una manera descabellada.

La negatividad de mi novio, originó que su padre se quitara el cinturón que le envolvía la cintura, lo alzó con rapidez y golpeó su espalda sin importarle. Derramé lagrimas deseando ser yo la que está en ese lugar, no él. Vi como ese hombre lo lastimaba sin explicaciones. Esas cicatrices que por varios meses vi era producto de ese animal. Todo cae a pedazos. Es un monstruo cegado por el maltrato. Mordí mi labio y él apenas conseguía armarse de fuerzas, intentó levantarse y un golpe lo noqueó, debilitándolo considerablemente.

Sus grises ojos por alguna razón conectaron con los míos cuando se detuvieron en el armario, su mirada era opaca, como si hubieran matado cada parte de él. Se empeñó en levantarse, pero le era inútil, ese hombre le disminuyó cada fibra de su ser. Mis sollozos incrementaron en silencio y en sus ojos quiso trasmitirme que no saliera. Negó lentamente con su cabeza y sus parpados se cerraron con lentitud. La cortina de puerta que nos dividían me dejó ver como lo perdía ante mis ojos. Lloré en silencio, viendo como su alma desalojaba su cuerpo. No era capaz de soportar esto. La vida que él llevaba era horripilante.

—¡Eres un estúpido! ¡Por tu culpa, viene el padre de la chica a molestarme! ¡Vamos, contesta mierda! ¡¿Qué mierda te crees para involucrarte con alguien?! ¡Tú no mereces nada! —Su padre alzó el cinturón al ver que Derek no le contestó—. Tú te lo buscas siempre.

El cinturón ágilmente iba en gran velocidad contra él, pero no podía dejarlo luchar solo. Sin esperar que los segundos me llevaran, abrí las puertas y corrí con una velocidad indescriptible para tirarme sobre su espalda sintiendo el agudo latigazo en mi espalda. Di un grito ahogado sintiendo la necesidad de desprender el alma de mi cuerpo. Fue inevitable llorar de dolor y por un momento dejé de sentir mis pulmones funcionar. La espalda me ardía y me hervía la sangre al saber quién era la persona que golpeó al hombre que considero como lo más preciado en mi vida. Mis ojos humedecidos se fueron a él. Sus parpados estaban juntos y su nariz se pintaba de una sangre que corría por su boca. Temblorosa llevé una mano a su mejilla y la acaricié.

—Todo estará bien —Susurré con la voz quebrada mientras mis ojos se inyectaban de agua—. No permitiré que te hagan daño.

—¿Eres tú? —Preguntó el desgraciado al frente de mí. Volteé sumisa ante su presencia tan prepotente—. Vete, este hombre es un asesino. No merece tus lagrimas.



frrann

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En el texto hay: novela juvenil, romance, amor

Editado: 01.07.2019

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