Si no te hubiese conocido

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CAPÍTULO 4: PRIMER DÍA DE CLASE DE FRANCÉS

Sonó el despertador a las 7 de la mañana. La clase de francés no empezaba hasta las nueve, pero como tenía que arreglarme e ir hacia la academia, me puse la alarma a esa hora.

Me levanté de la cama con sueño y pensando en todo lo que pasó el día anterior y fui a lavarme la cara mientras esperaba que el agua se calentase para ducharme. Ésta estaba fría como el hielo, pero gracias a eso me despejé.

Nada más salir de la ducha, me dispuse a elegir qué ropa me pondría ese día. Después de estar un rato escogiendo conjuntos, me decanté por una camisa roja de tirantas y un pantalón vaquero largo.

Me vestí muy rápido, no sé si por la costumbre de ir al instituto o por la emoción de una nueva aventura en Metz.

Cuando estaba terminado de abrocharme la sandalia del pie izquierdo oí una voz en voz alta:

- ¡Bajad a desayunar todos! - Dijo mi madre llamándonos para que comer un poco por la mañana.

Yo bajé la primera, aun siendo la que estaba vestida. Entonces me preparé el desayuno y me senté. Solo me calenté la leche con cacao porque no me entraba nada más.

Mis hermanas y mi padre bajaron juntos hablando de qué iban a visitar aquel día. Eran mis vacaciones, pero como yo tenía que ir a clase, ellos podían disfrutar más de la ciudad.

Comenzamos a desayunar y mis padres me dijeron que me acompañarían a la academia mientras mis hermanas se vestían. Ellos si desayunaron bastante. Comieron bollería y tostadas.

En el momento en el que terminé de desayunar, subí a mi habitación y me terminé de arreglar. Me lavé los dientes, me eché colonia y cogí el bolso y una libreta.

Salimos de la casa sobre las 8:05 creo recordar. Tomamos el autobús hacia donde estaba la academia. El autobús estaba lleno a pesar de ser las 8 de la mañana y vacaciones. El autocar tardó más de media hora en llegar. Le preguntamos al conductor dónde estaba la clase de francés y muy amablemente nos indicó y nos bajamos en la parada más cercana.

Solo tuvimos que andar unos dos o tres minutos hasta el lugar de destino. No era el centro de la cuidad, pero parecía una zona tranquila, aunque bastante transitable.

Entramos en la academia y cuando fuimos a preguntar en qué aula era la clase, vimos a una muchacha en el mostrador consultando lo mismo a un recepcionista. Nos quedamos mirando mis padres y yo y sin pensarlo los seguimos.

El muchacho mencionó que la clase número dos era la nuestra. Cuando lo escuché, lo decía en español. Me sorprendió ya que el idioma que debería haber escuchado era francés.

Como había que esperar fuera de la sala a que fuesen las 9, les dije a mis padres que se fuesen porque ya sabíamos el lugar de la clase. Aunque también se lo dije porque me daba vergüenza que ellos estuvieran allí conmigo. Tenía 18 años, ya no era una niña.

Nada más irse mis padres, me acerqué a la chica que preguntó en el mostrador y le hablé:

- Hola, pareces española, ¿tú vas a la clase francés nivel intermedio durante esta semana? ¿Es tu primer día? - Le interrogué.

- Hola, buenos días. Si, voy a esta clase. Soy Carla, encantada de conocerte. ¿Y tú cómo te llamas? - Me contestó de una forma simpática.

- Me llamo Lorena - Le respondí con una sonrisa.

- ¿De dónde eres?

- Soy de un pueblo de Granada, Almuñécar. ¿Y tú?

- Yo vivo en Madrid de momento, aunque soy de Alicante. Me mudé hace dos años para estudiar Marketing en la capital.

- ¡Qué bien! - Dije- Yo voy a empezar medicina en Granada este año.

- ¡Estupendo! - Manifestó con gesto de afirmación.

La joven me cayó muy bien en la primera impresión. Cuando íbamos a seguir hablando, llegó el profesor y nos dijo que nos sentáramos en francés.

Nos sentamos juntas en la primera fila en el medio. Yo siempre me he estado colocando en la primera fila porque aparte de que siempre he llevado gafas, me ha gustado escuchar y enterarme bien de las explicaciones de las clases.

Empezó a entrar más gente. Como yo siempre he sido muy cotilla, me puse a mirar a todos los que entraban hasta que una de las veces que giré la cabeza para ver quién pasaba, vi que accedía el chico que me encontré la tarde anterior, Henry. Se me quedó la cara blanca. Me quedé parada y seguramente con cara de tonta.

Él me distinguió entre los alumnos. Se quedó parado también mirándome. No sé qué pensaría porque iba a sentarse en la parte derecha, pero se dio la vuelta y se quedó enfrente de mí y me susurró:



LBALIAS

#6924 en Novela romántica

En el texto hay: amor de verano, viaje

Editado: 14.11.2019

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