Si no te hubiese conocido

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CAPÍTULO 11: EL RESTO DEL VERANO

Cuando me desperté pensé que ya no sufriría más por Charles. Pero la realidad era otra. Aunque me había desecho de la carta y de las fotos, no paraba de acordarme en él.

Se me pasó una última cosa para desprenderme de todo lo que tuviera relación con Charles: su número de teléfono. Entonces, me levanté de la cama y cogí el teléfono móvil. Le di al botón de la agenda y busqué su nombre. Justo después le di a borrar su número de su móvil.

Ya sí que no estaba vinculada más con él. Ya había terminado con todo lo que me podría hacer daño al verlo y recordarlo.

Cuando lo hice, me fui a la ducha. Al salir, me puse el pijama. Luego, fui a la cocina a hacerme el desayuno. Al terminar de comer, arreglé un poco el piso yo sola ya que mis hermanas no se habían despertado.

Pero en el momento en el que estaba finalizando mis tareas, mi hermana mayor se despertó.

- Buenos días, Lorena.

- Buenos días, Cristina.

- ¿Ya estás limpiando? – Me preguntó medio dormida.

- Si. Como todos los días.

- Uff, es verdad. Me he levantado tarde. Cuando desayune te ayudo.

- Vale.

Yo terminé de hacer la parte de limpieza que hacía siempre a los pocos minutos de hablar con ella. Por lo que me senté a su lado en el comedor mientras ella tomaba su desayuno.

- Se me ha olvidado preguntarte cómo estás. – Me comentó mi hermana mayor.

- Bueno, ahí voy. Intentando borrar todo lo que pasó de mi mente. Aunque va a costar tiempo a pesar de no tener nada que me recuerde a él.

- Es duro. Pero ya verás que poco a poco te dolerá menos hasta que lo olvides. Has estado un tiempo corto con él. No te va a costar mucho.

- Gracias eso espero.

- Lo que tienes que hacer es disfrutar de las vacaciones. Además, en la universidad encontrarás a muchos chicos buenos para ti, ya lo verás.

- Si, a ver…

- Pero bueno, cambiando de tema, ¿te apetece dar una vuelta esta mañana y salir a la playa esta tarde?

- Si, por supuesto.

En ese tiempo se desveló Sara. Ella se hizo un vaso de leche corriendo y se puso a comer a nuestro lado.

- ¡Buenos días!

- Buenos días Sara. – Contestamos Cristina y yo.

Cuando mis hermanas limpiaron, las tres nos fuimos a nuestros respectivos dormitorios y nos arreglamos para salir un poco. Yo me coloqué un mono vaquero corto y unas sandalias planas negras.

Antes de salir de casa, mi hermana mayor llamó a mi madre para decirle que salíamos a pasear que si cogíamos comida para llevar ya que no nos daba tiempo a cocinar. Mi madre aceptó. Luego, telefoneó a mi padre y le preguntó lo mismo. Mi padre también estaba de acuerdo.

Estuvimos dando vueltas por el pueblo y compramos algunas cosas que se necesitaban para la casa.

Después, sobre las dos de la tarde, pedimos mesa en un restaurante entre los trabajos de nuestros padres. Ellos llegaron un poco tarde. Estuvimos hablando en el almuerzo sobre los problemas que tuvieron mis padres como unos clientes que se quejaron porque los técnicos no le solucionaron una avería, cosa que no era de la compañía de mi padre, sino de lo que se rompió.

Al terminar de comer, pagamos y salimos del restaurante dirección hacia nuestro piso.

En el camino nos encontramos con nuestra vecina Matilde, que por aquel entonces tenía sesenta años. Era, y sigue siendo, la mujer más cotilla que una persona puede conocer en su vida. No es mala persona, pero no sienta bien que te esté espiando desde la ventana cada vez que sales a la calle y enterarse de todo lo que haces o dices.

Al llegar a casa, mis padres se sentaron en el sofá para descansar. Mis hermanas y yo nos fuimos a nuestras respectivas habitaciones para reposar un poco.

Después estar pensando durante un rato en lo que pasó en las vacaciones mientras descansaba, me quedé dormida. Soñé que estaba paseando de la mano con Charles en Metz como la semana anterior.

Cuando me levanté de la cama, eran las seis de la tarde. Al verla hora me fui al comedor. Allí estaban mis hermanas merendando una pieza de fruta.

- Casi buenas noches, Lorena. Has dormido bastante. – Dijo mi hermana mayor.

- Uf, sí. He descansado bastante. – Le contesté cogiendo una manzana de la cocina para comer algo.

Cuando fui al comedor con Cristina y Sara, la primera preguntó:



LBALIAS

#6813 en Novela romántica

En el texto hay: amor de verano, viaje

Editado: 14.11.2019

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