Si yo fuera tú

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Capítulo 1. Esto no puede estar pasando.

—Ya despierta dormilona, llegaremos tarde a clases.

—Ya, déjame dormir un poco más—supliqué.

—Vamos Meli, Martín pasará por nosotras.

—¿Qué? ¿Por qué vendrá Martín a mi casa?—inmediatamente salté de la cama y comencé a vestirme, Luciana ya estaba lista para salir en la portada de una revista. No se porque se arregla tanto para ir a la escuela.

<<Tal vez sea porque es la chica más linda del Instituto tonta>>me dije a mi misma.

—Sabe que me quedé a dormir en tu casa, y se ofreció a llevarnos a ambas al colegio.

—Ohh, ya veo. Debo avisarle a Santino que no iré con el.

—Si quieres, yo puedo ir a decirle. Cualquier oportunidad es buena para entrar al cuarto de tu sexy hermanastro—exclamó, casi babeando.

—No se que le ves. Es un idiota Lu.

Además, sales con el chico más lindo de toda la escuela amiga.
Pero no le diría a ella eso. Ella no sabe que Martín me gustaba antes de convertirse en su novio.

Sin darme una respuesta, ella fue hacia el cuarto de Santino. Aproveché el momento para terminar de vestirme. Ella Lucía como una diosa y yo aún no había ni cepillado mis dientes.
En ese momento la bocina de un coche se hizo escuchar en la calle. Martín estaba aquí. 
Comencé a correr por toda la habitación para estar lista cuando ella volvió a mi cuarto.

—Joder, esta para comérselo—ella suspiró.

—¿Quién?

—Tu hermano tonta.

—El no es mi hermano, y no se si lo notaste, pero tu novio esta aquí—afirmé, señalando hacia la ventana en mi cuarto que daba a la calle.

—Genial, ya bajo. Te espero en el coche.

De ese modo. Mi mejor amiga de toda la vida dejó la habitación.

Conocí a Luciana en primer grado. Pero no fuimos amigas hasta quinto, que sus padres decidieron mudarse a mi vecindario. 
Yo viví aquí con mi madre toda la vida. Hasta que ella volvió a casarse y tuvimos que compartir la casa con dos hombres. Esteban, mi padrastro y Santino, mi odioso hermanastro. Vivimos juntos hace dos años y aún no lo soporto.

La bocina del coche volvió a sonar. Por lo que tomé mi bolso, mis libros y bajé las escaleras. Para chocarme a Santino que estaba subiendo a su cuarto, aún en ropa interior. 
Ahora entiendo porque mi mejor amiga se estaba babeando. Empiezo a sospechar que el lo hace a propósito.

—Hola Enana.

—Idiota.

—Me amas.

—Te odio.

—Eso no es...

—Adiós, debo irme—lo interrumpí.

Salí de mi casa y me detuve frente al coche. Luciana y Martín se besaban apasionadamente.

No debería haber accedido a que el me lleve. Me incomoda cuando se comportan así.

—Hola Mel—saludó Martín, con una enorme sonrisa en su rostro.

Besaría cada milímetro de esa boca si fuera mío. 
Pero el jamás se fijaría en mi. 
Luciana es la linda, yo soy la inteligente, la nerd, tragalibros o como quieras decirlo. 
Ella es la típica chica sexy y popular, la odiaría si no fuera mi mejor amiga de toda la vida. Aunque muchas cosas de ella no me gusten. La adoro y mataría por ser un poco más como ella.

Me desperté de mi trance y me subí al coche. Rápidamente fuimos hacia la escuela.

Otro día más en mi patética vida.

Para mi suerte, ese día había que presentar un informe al que le había dedicado todo mi esmero. Tanto en el mío, como en el de Luciana. A la que tuve que ayudar a hacerlo. Ella es muy perezosa y odia las tareas, pero a mi me encantan. 
A ella le gusta ver televisión, a mi me gusta leer libros. A ella le gusta el helado y a mi las malteadas, a ella le gusta mi hermanastro y a mi su novio. 
Pero aún así, nos llevamos bien y no se que haríamos una sin la otra.

El día transcurrió normal. Obtuve las mejores calificaciones y Luciana las miradas de todos los muchachos. 
El único problema fue que al salir, no había nadie para llevarnos a casa. 
Nuestros padres trabajaban, Martín se había ido pensando que volvíamos con Santino, quien justo hoy decidió no asistir a la escuela. 
Así que teníamos que caminar dos kilómetros hasta casa. 
Para mi pesar, cuando salimos, ya se habían ido todos. Porque si hubiera sido otra la ocasión, alguien se hubiera ofrecido a llevar a Luciana, y por ende, a mi también. 
Todo por culpa de Luciana y su manía de maquillarse todo el tiempo. Perdimos más tiempo del necesario en el baño.

—Voy a llamar a Martín para que vuelva. No te enfades, alguien nos llevará—dijo ella, para que yo me calme, pero mi mal humor era irreversible.

—No te entiendo Lu, eres la chica más linda de la escuela. ¿Hacia falta que te maquilles otra vez?—di un largo suspiro de frustración.

—Lo siento. ¿Esta bien?

Tras unos minutos de caminar a casa, Martín le dijo que su hermano le había quitado el coche, que no podía venir. 
Así que llamé a Santino.

—¿Puedes venir a recogernos?

—Estoy ocupado ahora Mel.

—Idiota, puedo escuchar la xbox por el teléfono.

—OK, ya voy, no te pongas loca.

—Arrrrghh, te mataré. Trae tu trasero aquí o le diré a nuestros padres que no viniste a la escuela hoy.

—OK, ya voy, no hace falta que te pongas así. En quince minutos estoy allí.

—Gracias—corté la comunicación.

—El vendrá—anuncié.

—Genial, esperemos aquí, estoy cansada de caminar.

—Solo caminamos seis cuadras Lu.

—Oh mira.¿Alguna vez habías visto ese lugar?—miré hacia donde ella señalaba. Una tienda antigua que jamás había visto en mi vida.

—Tal vez tengan libros a buen precio. Vamos.

Las dos cruzamos la calle y fuimos hacia la tienda. El lugar había fallado considerablemente en la decoración, ya que parecía abandonado.

—No hay nadie aquí Mel.

Comencé a mirar las cosas en la tienda. El lugar parecía salido de una película de terror, era escalofriante. Había máscaras y objetos antiguos, piedras, colgantes y libros muy viejos.

Luciana comenzó a reír.



Emi Castillo

Editado: 27.10.2019

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