Si yo fuera tú

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Capítulo 3. Esto es un desastre.

-OH dios. ¿Qué Haremos?-Luciana caminaba por su cuarto mientras yo trataba de comprender lo que sucedía.

-Deberíamos buscar en Internet Lu-bufé-pero primero debo orinar.

Fui al baño de Luciana y me quedé sorprendida al ver su cuerpo de modelo frente al espejo. Sus curvas, sus senos y su monte de venus depilado.

Debería hacer lo mismo.

-Oye. ¿Desde cuándo te depilas?

Ella rió.

-Desde siempre. Le gusta a los muchachos.

-Pero tu eres virgen Lu-rodé los ojos.

-No por mucho. Pienso hacerlo con Martin, o lo pensaba, ya que ahora no lo creo posible. ¡Oh por dios! Debes decirle que aún no estoy lista.

-Tranquila, lo haré-sonreí.

-Y deberías depilarte Mel, tienes una jungla aquí-ella señaló su vientre, o mejor dicho, el mío.

Su comentario me hizo sentir avergonzada.

-Ya, deja mi cuerpo en paz.

-Déjame hacerlo, yo se como-dijo ella, entusiasmada y yo solo pude poner los ojos en blanco.

-Esta bien. Hazlo. Ahora.¿Podemos volver a lo importante?

Tomé la notebook de Luciana y comencé a buscar en Google.

Lo primero que encontré fueron películas sobre el tema. Una de un muchacho que cambiaba de cuerpo con una chica, y otra de una muchacha que pasaba por lo mismo pero con su madre.

<<Que horror>>pensé.
En otras circunstancias me reiría de algo así, pero ahora se que es posible.

Busqué un largo rato sin hallar resultados. Hasta que finalmente encontré un sitio de leyendas urbanas, mitos y brujería.

Allí decía que poco se sabía sobre el tema, pero que entre brujas se decía que era posible hacer un hechizo para cambiar de cuerpo. Y que esto es posible si ambas partes desean estar en el cuerpo de la otra persona.

-Pero nosotras no quisimos esto-aseguró mi amiga.

-Es solo un sitio de Internet, no sabemos si esto es cierto Lu.

-Pero sabemos que es posible que suceda, miranos.

-Debemos hallar a esa mujer. Aquí no dice nada sobre volver a nuestros cuerpos-cerré la notebook, frustrada.

-Y yo debería ir a casa, a tu casa Mel.

-Ve. Hablamos mañana, debemos descansar. Cualquier cosa me llamas.

-Esta bien. Te quiero amiga-ella besó mi mejilla y dejó el cuarto.

Tras una extraña cena con los padres de Luciana me di una ducha y luego me acosté a dormir. Pero no podía pegar un ojo.
Fue entonces cuando escuché un ruido en la ventana.
Alguien intentaba llamar la atención tirando piedritas.

<<Que cliché>>pensé.

En pijamas me acerqué a la ventana y allí estaba Martín.
Sonreía desde el jardín y me suplicaba entrar al cuarto.

No pude resistirme a el y lo dejé entrar.

-Hola preciosa-el besó mis labios. Haciendo que miles de descargas eléctricas recorran mi cuerpo.

¿Por qué tiene que ser tan guapo?

-Hola guapo.

Tenía que actuar como Luciana o Martin sospecharia.

-Que bueno que viniste, tenemos que hablar-anuncié.

-Me estas asustando hermosa. ¿Qué sucede?

-Ven, siéntate-me senté en la cama y le hice un lugar junto a mi.

Pero justo cuando iba a hablar él comenzó a besarme. Con urgencia, con desesperación. Su lengua abrió pasó en mi boca tan rápido que apenas pude reaccionar.
El tomó mi rostro y profundizó el beso.

Oh dios, que calor.

Me dejé llevar. Crucé mis brazos detrás de su cabeza y lo acerqué más a mi. Nunca había besado a alguien de esta manera. Nunca había deseado así a alguien.
De pronto la imagen de los labios carnosos de Santino vinieron a mi mente.

¿Qué hace el en mi cabeza? ¿Y por qué tengo que pensar en el justo ahora?

Comenzaba a separarme de Martín, cuando el tocó uno de mis senos. Luego me atrajo hacia el y me sentó en su regazo.
Nos besamos así por un largo rato hasta que mis labios ardieron. Podía sentir la excitacion en su entrepierna.

Joder. Joder.
Estaba excitada, por primera vez en mi vida.
Pero esto no está bien.
Es el novio de mi mejor amiga.
No puedo hacer esto, por más que quiera.
Esto está mal.

Me separé de él bruscamente.

-¿Qué sucede?¿Hice algo mal?-dijo el. Corriendo un mechón de su castaño cabello despeinado que tapaba sus hermosos y azules ojos.

-De esto quería hablarte, aún no estoy lista.

-Esta bien. Tenemos todo el tiempo del mundo-el besó mi frente y luego me abrazó.

No puede ser tan dulce. Es tan lindo.
Esto no va a terminar bien. Si antes me gustaba, salir con el empeorará las cosas.

-Debo descansar, tenemos clases mañana ¿recuerdas?

El sonrió.

-Claro que si princesa. Mañana nos vemos-besó dulcemente mis labios y salió por la ventana.

-Tranquila Mel, todo estará bien-me dije a mi misma, mientras veía a mi mejor amiga frente a mi, en el espejo.

Esto no podría empeorar.

Al día siguiente tenía que ir a mi casa a buscar a Luciana. Me vestí un poco más decente esta vez y me maquillé solo un poco. Me veía más bonita así y me sentía más yo misma. Si ella va a depilarme, al menos que me deje vestir como yo quiera.

Ni Santino ni Luciana estaban afuera aún. Así que subí a buscarla.

En la escalera me crucé a mi madre y me di cuenta de cuanto la echaba de menos.

-Hola mam.. Andrea. ¿Cómo estás?

-Hola Lu. Ella está arriba. Santi iba a despertarla.

-Está bien, yo lo haré.

Miré a mi madre marcharse al trabajo con dolor y luego terminé de subir la escalera. Mi padrastro también se había ido. Ellos suelen irse temprano. Se ve que a mi madre se le ha hecho tarde hoy.

-Lu, voy a pasar-anuncié tras abrir la puerta de mi habitación.

Cuando entré vi a Santino recostado a su lado, es decir, junto a mi, o junto a mi cuerpo al menos. 
Ella estaba recostada con sus manos sujetando su rostro, mirándolo con fascinación como si la conversación que tenían en ese momento fuera lo más importante del mundo. 
Me aclaré la garganta para que sepan de mi presencia.

Mi Hermanastro se puso de pie rápidamente como si hubiera cometido un crimen, y con las mejillas rosadas salió de la habitación.



Emi Castillo

Editado: 27.10.2019

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