Si yo fuera tú

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Capítulo 4: Celos.

-¿Mel? ¿Sabes algo de Martín?

-El vino a tu casa anoche, y...

-Dime.

-Nos besamos. Lo siento. Le dije que aún no estabas lista. Solo fue un beso y se marchó-mentí.

No me atreví a decirle que estuvimos besandonos un buen rato sumamente excitados. 
Ella pareció creerme.

El viaje a la escuela fue sumamente incómodo. Santino no dejaba de mirar a Luciana en el coche, y ella le sonreía.

Me hice un facepalm a mi misma al verlos. 
Claramente no sería fácil convencer a Luciana de que deje de coquetear con el.

Cuando llegamos Martin devoró mis labios.
Siento que podría acostumbrarme a esto.

Se que esta mal. Pero se siente tan bien.

Los cuatro entramos juntos a la escuela.

-¿Que les parece si hacemos algo esta noche?-preguntó Martín, tomando mi mano.

-Claro, sería genial bro-respondió Santino.

No creí que le gustaría la idea, el no suele salir con nosotros.

Luciana sonrió ampliamente.

-Sería genial-respondí, insegura.

No solíamos salir los cuatro. Algo me decía que en esta situación, estando en el cuerpo de Luciana y ella en el mío, esto no era una buena idea.

-Vengan a mi casa está noche. Mis padres se han ido y mi hermano no está nunca-propuso Martín y luego besó mi mejilla.

Luciana, Santino y yo estuvimos de acuerdo.

El día de clases transcurrió normal, aunque yo no pude evitar preocuparme por mis calificaciones, que ahora dependen de Luciana. 
Al salir de clases le pedimos a Santino que recorra el vecindario. Teníamos la esperanza de hallar aquella tienda en donde estaba la anciana. Pero no hubo caso. No hallamos nada que pueda ayudarnos. 
Comenzaba a desesperarme. A Luciana no parecía afectarle mucho, pero yo estaba realmente preocupada.

Por más que ahora me divierta y disfrute de ser la novia de Martín y tener el envidiable cuerpo de Luciana, esto no está bien, extraño mi hogar, a mi madre, mi cuerpo, mi habitación. En fin, extraño mi vida.

-¿Estás bien?-preguntó Santino mirándome por el espejo retrovisor. El nos estaba llevando a casa en el coche de su padre.

Asenti. 
En realidad extrañaba mi hogar. 
Hablaría con Luciana para quedarme a dormir con ella esta noche, para dormir en mi casa.

Miré con detenimiento a mi Hermanastro por un momento, por algún motivo se me hacía más guapo ahora. Últimamente había pensado mucho en el y ahora notaba cosas a las que no había prestado atención antes. 
Como la forma en la que me mira, es decir, como mira a Luciana, en mi cuerpo. 
Ella no pudo notarlo, pero yo si. 
Nuestros ojos se encontraron nuevamente en el espejo retrovisor. 
Le sonreí y tras unos segundos me devolvió la sonrisa.

Que guapo es. 
Ojalá no fuera mi hermanastro, mi fastidioso hermanastro.

Esa tarde pedí permiso a Marcela, la mamá de Lu y rápidamente junte algo de ropa en una mochila y me fui a mi casa. Iríamos a lo de Martín y luego dormiría en mi habitación. Pero antes dejaría mis cosas y me encontraría con Santi y Lu.

Ellos conversaban en el patio. 
Sentí una punzada de celos al verlos juntos.

-Hola Lu-saludó el, y sus mejillas se tornaron rosadas. Me miró de pies a cabeza sorprendido por mi atuendo. Me había puesto una blusa, un jean y unas botitas. Mi maquillaje era fresco y simple. No me veía como la Luciana de siempre, me veía más como Melissa.

Luciana rodó los ojos al verme. 
Ella llevaba un vestido. Algo que yo nunca me pondría. 
Estabamos a mano. 
Fue una sorpresa para mi ver mi cuerpo en ese vestido, mis curvas estaban bien marcadas y me veía sensual. 
El toque de Luciana en mi tenía sus beneficios.

Cuando Santino fue a sacar el auto del garaje ella habló.

-¿Por qué te has vestido así? Mira lo linda que te dejé yo-ella tomó la falda del vestido y dio un giro con su cuerpo.

-Sabes que no soy de los vestidos. Dejame ser Lu-sonreí-¿Cómo está todo con el?-pregunté, señalando a Santino.

-Bien-suspiró-hoy estuvo todo el día en su cuarto y no hablamos mucho. Quise ir con el pero recordé lo que me habías dicho. No sabes el esfuerzo que hago para no lanzarme en sus brazos. ¡Es que es tan guapo, y sexy!-afirmó, mordiendo sus labios.

Llegamos a lo de Martín al rededor de las ocho. Se suponía que Luciana conocía la casa, pero yo nunca había venido, por lo que tuve que disimular mi sorpresa al ver lo lujosa que era. 
El había encargado pizzas y había comprado unas cervezas. Nos sentamos frente a la piscina.

-Voy al baño-anunció mi amiga.

-Te indico donde queda el baño-respondió Martín.

Ella lo miró con sorpresa y yo la miré fijamente.

Se supone que tu conoces la casa tonta.

-Oh si, gracias... Martín-respondió ella. Y por el rabillo del ojo pude ver como se mordía el labio al verlo caminar hacia dentro de la casa. Por suerte nadie lo notó, solo yo. 
Sin embargo Santino había visto la expresión en mi cara cuando miré a Luciana.

-¿Sucede algo?-pregunté, casi con fastidio, con el mismo tono que suelo hablarle siempre en casa.

-Te ves bien Lu-reconoció, haciendo que mi corazón comience a latir acelerado.

-Gracias, tu también-sonreí. Su oscuro cabello estaba alborotado y un mechón de pelo caía sobre su rostro. Me di cuenta de que sus pestañas eran más largas que las mías. Sus ojos son muy bonitos.

El sonrió y miró hacia el suelo. Pensativo.

Luciana y Martín salieron de la casa a las risas. 
Cuando el me vio mirando se recompuso de inmediato y vino junto a mi.

-Hola de nuevo hermosa-me besó en los labios.

Sus labios tenían un ligero sabor a menta. Quería besarlo con más intensidad pero no era el momento, ni el lugar, y además no estaba bien. Pero me era imposible no desearlo teniéndolo de novio.

-¿Comemos?-preguntó Lu. Y me di cuenta por el tono de que le había molestado el beso.



Emi Castillo

Editado: 27.10.2019

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