Siempre fuiste tú

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Capítulo 5 "Pasillos"

-Entonces, ¿Qué puedo hacer? Yo quiero ayudarla-.

-Lo sé- sonríe e inspira profundo. –Lo veo en tus ojos, veo cuanto la amas, y sé cuánto ella te ama a ti, tanto es su amor que cree que es mejor alejarse de ti porque no quiere perder a nadie más. Pero tranquilo, he hablado con ella y espero tome una buena decisión-.

-¿De qué está hablando?- pregunto levantándome de la silla.

-Antes de cruzar la puerta dijo que sabía la respuesta y pensaría las cosas en un lugar tranquilo, en el cual se sentía protegida y alejada del dolor-.

-¿Se fue a Boston otra vez?- pregunta Lawson levantándose de golpe con los ojos bien abiertos. La mujer toma la taza de chocolate que hay frente a ella y bebe un sorbo con tranquilidad.

-Eso es una decisión que solo a ella le concierne por ello es que no pregunte la respuesta-.

-¿Y por qué no dijo eso desde un principio?- interrogo con frustración.

-Porque si vas a encontrarla necesitas saber la verdad, ahora ve con ella y sálvala de la misma manera en que lo hizo su madre- sin decir más salgo corriendo del lugar.

Las bocinas de los autos sonar me importan un carajo en este momento, de vez en cuando bajan el vidrio de sus ventanas para hacerme señas para nada agradables pero no puedo bajar la velocidad en este momento, necesito llegar al aeropuerto. De pronto a lo lejos veo como un montón de auto están detenidos y la peor parte es que no hay un solo espacio por el que pueda pasar, bajo de este para poder ver mejor, sin embargo la nieve cayendo no ayuda para nada, un hombre con traje de esos tipos que cuidan las calles se acerca, tiene una bandera con colores llamativos en su mano.

-Un tráiler se volcó, lo siento pero no pueden pasar, tendrán que esperar unas horas para poder hacerlo o puede regresar, pero creo que eso le tomará tiempo- dice señalando el montón de autos que han aparecido detrás de mí.

Maldición.

-Lo siento pero tengo que pasar- me echo a correr, es solo un kilómetro de aquí hasta el aeropuerto. La voz del hombre llamarme y sonar su silbato me motiva a seguir corriendo, es como si me persiguiera un pelotón de militares enfadados. Mi garganta arde después de unos minutos ante la velocidad con la que corro, aunque debo añadir que no me he cansado, debo llegar, no puedo permitir que ella se aleje, necesito que sepa que estaré siempre para ella y si después de eso continua con la idea de volver no voy a detenerla ya que esa es la única manera en que podrá sentirse mejor, y aunque me duela me dolerá más el verla sufrir.

Una larga fila de personas está formada para comprar sus boletos, observo la pantalla hasta dar con Boston, y sale en cinco minutos.

-Necesito un boleto pero no tengo tiempo ahora- corro adelantándome en la fila y todos comienzan a quejarse ante mi falta de educación pero ahora me importa un bledo la educación. –Por favor, es un asunto importante, mi novia está en el avión que saldrá a Boston en cinco minutos- explico a la multitud y en sus expresiones parece haber comprensión a lo que no puedo evitar sonreír ante su amable…

-¿Y eso a mí qué? Mi madre está muriendo al otro lado del mundo y respeto mi lugar en la fila- brama con el ceño fruncido y entonces la multitud apoya su comentario.

-Seguridad- dice la chica que entrega los boletos. Dos hombres de mi estatura y de escasos músculos aparecen frente a mí con expresión de “todo lo puedo”. –El hombre no respeta la fila, además altera el orden-.

-¿Sabes algo? Soy el dueño de la mitad de este lugar, tengo mi propio jet privado y todo el mundo aquí…- un dolor intenso se apodera de cada parte de mí y lo único que veo es como mis ojos de pronto se topan con el suelo.

Su respiración se ha estabilizado- una voz femenina se escucha en eco en mi cabeza, una voz que no reconozco, abro los ojos al recordar  mi propósito en este lugar y… maldición, ¿qué hago en el hospital?

-¿Qué estoy haciendo aquí?- pregunto al ver a la mujer a mi lado.

-Un oficial exagero con la cantidad de electricidad que depositó en su cuerpo- añade mientras pone algo frío en una parte de mi cuello, y duele cuando lo hace. -Ya puede irse, todo está bien, a excepción del golpecito que está en su frente por el impacto que sufrió el caer al suelo- señala apuntando a la parte superior de mi rostro.

Trago en seco al darme cuenta de lo que he hecho, deje que escapara sin antes decirle cuanto la amo, no fui lo suficientemente capaz de alcanzarla, quizás es una señal de que no la merezco, pero la peor parte es que hay algo en mí que no anda bien, mi corazón late extrañamente y siento algo en mi estómago así como una fuerte presión en el pecho que no me permite respirar. Cada dos segundos mi garganta parece cerrarse y debo admitir que mis ojos se vuelven acuosos cada microsegundo al entender la realidad, una terrible realidad en la cual ella no estará a mi lado, no sabré nada de ella por un largo tiempo. –Hemos llegado- dice el hombre, pago y bajo del taxi.

Y entonces es cuando lo veo, un hogar al que no pienso volver si ella no está, un lugar del que hui por su partida cuando la conocí luciendo un precioso vestido ajustado a su cuerpo y un antifaz que ocultaba su belleza resaltando así la pureza de su ser. Me acerco y las puertas se abren de par en par una vez que presiono el botón de las llaves, y aunque antes estuve solo, ahora me siento mucho peor, es como si estuviese en un mundo en el que solo existiera yo.



Andy González

Editado: 24.07.2019

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