Simplemente Eres Tú

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No Más Juegos

Leila dejó el trabajo de la universidad que estaba haciendo y fijó su vista en la ventana de su habitación mostrando un cielo nublado y escuchando los sonidos de los autos pasar. Pensó por un momento en la adolescente que vio en esa tarde y sonrió. Su mente estaba en calma cuando notó que su hermana estaba con bien, cuando supo que su abuela no la había lastimado como lo hizo con ella. Por lo menos su hermana no se sentiría sucia con el paso de los años por la marca que pueden dejar los Schneider y su absurda venganza.

– Oye, Leila – llamó Akneta entrando a la habitación con el ceño fruncido.

La chica parpadeo dos veces para despabilarse y miró a su amiga alemana con curiosidad. Estaba con su ropa de casa y un moño, nada fuera de lo normal cuando ellas hacen su tarea; lo extraño es que la venga a buscar para preguntarle algo. Normalmente lo resuelve con Google o YouTube.

– Dime – dice Leila suspendiendo el uso de su computadora para prestarle toda su atención a su amiga.

– Una chica te está buscando – cuchichea Akneta haciendo una mueca – No es por ser mala, pero es una niña rica algo extraña.

Leila se levantó rápidamente pensando primeramente en su hermana menor, aunque era una posibilidad remota que Isabel viniera hasta este departamento buscándola. Ni siquiera la conoce. Frunció el ceño en confusión mirando a Akneta y ella solo se encogió de hombros saliendo de la habitación, dejando el asunto en sus manos.

Actúa natural. Se dijo a si misma saliendo de la habitación con su ropa de dormir de color negro – un short y la camisa de Nathan, aunque no quisiera aceptarlo, ella la seguía usando y por eso estaba tan desgastada y algo descolorida – Miró por un momento la habitación del hermano de Akneta, el desastre de la habitación; cerró la puerta de la suya y prosiguió a caminar a paso lento por el pasillo. La sala estaba a la vuelta de la esquina y seguramente el visitante se encontraba en ese espacio.

En la sala del departamento se encontraba una chica con mechas rubias y cuerpo esbelto que Leila conocía muy bien. La llamó dudosa por el nombre que recordaba y fue cuando se encontró con unos ojos azules como la noche, una sonrisa calurosa y el abrazo fuerte de Dakota Zuzak.

– Quería verte con mis propios ojos, Leila – habló Dakota en español para que Akneta no escuchara su conversación – Me alegra ver que estás con bien.

Los ojos de Leila se comenzaron a llenar de lágrimas al escucharla, no sabía cómo recibirla cuando expresaba su amor de una forma tan abierta sin importar la distancia y los años que se interpusieron entre ellas. Dakota era la prueba viviente que habían amistades sinceras todavía.

Dakie – sollozó Leila estrechándola en sus brazos.

Enterró su rostro en el hombro de la chica y permitió que las lágrimas surgieran libremente. Lloró por su hermana, por su memoria, por su familia, por Nathan. Todas las cosas que tenía acumuladas en su cuerpo y alma que no liberaba con muchas personas. No sabía lo necesitada que estaba de la familia Zuzak hasta que Dakota y Nathan volvieron a su vida. Esto es lo que ella necesitaba: Una familia unida.

Su familia.

– ¡Ay! Me vas a hacer llorar, idiota – lloró Dakota alejándose un poco de Leila con media sonrisa.

– Eres una sentimental sin remedio – dice Leila riendo. Señala uno de los muebles para que su amiga se siente y ella toma asiento en el mobiliario frente a ella.

Estaba un poco cambiada, pero sabía por Nathan que ya era madre, así que atribuía la maternidad como el primer detonante de su cambio. Dos niños deben pasar una factura en las personas, aunque en Dakota no se muestran mucho, ella sigue vistiendo su ropa de deporte y su cabello recogido en una coleta alta. La chica nunca se dejará vencer por la edad.

– ¿Cómo estás? Me imagino que ver a mi hermano detonó recuerdos algo… ¿Extraños?

¿Extraños? Eso sería algo corto, querida amiga. Me siento perdida ahora que tengo a Nathan frente a mí, no afirmo que lo amo de la misma manera que antes porque John supo ganarse mi corazón con este paso de los años. Entre esos dos harán a mi cabeza explotar y detendrán mi corazón. Pensó Leila ocultando todo con media sonrisa mientras negaba con la cabeza ante la pregunta de su amiga.

– Te quedaste corta – afirma Leila riendo.

Imaginó el rostro de Nathan, sus ojos claros y su cabello oscuro. Con su personalidad única, su fanatismo por los libros y lo fácil que era pasar el rato con él. Las mañanas que estaba entre sus brazos riendo por la forma que la aprisionada. Pero luego vino a su mente el rostro de John, ojos un poco oscuros y cabello oscuro. También con una personalidad única, su facilidad para hablar con Leila de cualquier tema, la forma que la aconseja sin importar lo que él siente realmente. Es su mejor amigo, conoce todo sobre ella desde que comenzaron  a salir en la secundaria. También están las mañanas que despertó con él en su cama, las risas nerviosas mientras se ocultaban de los padres del chico, los ratos en el ático.



Laczuly0711

Editado: 17.08.2019

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