Simplemente Eres Tú

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¡Corre!

Isabel Schneider se encontraba oculta en el armario del despacho de su abuela, cubierta por papeles y abrigos sin usar de la mujer en el interior de la habitación. Estaba en ese lugar gracias a que Caleb avisó sobre una posible reunión con todo el personal de seguridad, obviamente entró antes que todos los demás y ahora escuchaba y veía todo por una pequeña rendija en la puerta; era un gran riesgo, pero todo lo haría por conocer la verdad.

– Los llamé aquí para hablar del peligro de los Schneider en Venezuela – dice Margaret mirando al equipo de seguridad frente a ella.

Todo el despacho estaba cubierto por hombres trajeados, miradas vacías y cabellos oscuros. Al parecer todos seguían un protocolo de la mujer, con la excepción de Caleb, siendo este el único en la habitación de ojos claros y cabello levemente rizado. El chico tomó una respiración rápida mirando al espacio del armario donde se encontraba Isabel y mordió su labio, mejor no actuaba de forma extraña para que no los descubran. Pensando esto giró su rostro a donde se encontraba Margaret y Donald Hoffman, dedicándole toda su atención.

– Leila Schneider mató al equipo de seguridad que fue por ella – dice la mujer molesta con las manos en la espalda – Perdimos su rastro y todo porque está asociada a alguien peligroso para nuestras filas; Seye Obercot.

Caleb mordió el interior de su mejilla con nerviosismo e intentó calmar su respiración. Seye Obercot era una mujer peligrosa, tanto o más que Ydyal Prescott. En ese mundo estaban tres cabecillas importantes, Seye, Alec e Ydyal. Todos narcotraficantes peligrosos que no reconocían lo bueno de lo malo.

Alec Obercot, un hombre ruso, de cabellos dorados y mirada azul grisácea, un color extraño que muy pocos vivos habían logrado ver. Era el jefe del cartel mundial de drogas y sus hombres estaban en muchas partes, Margaret y Donald siendo parte de ellos. Caleb lo conocía y sabía el riesgo que él representaba porque el día de su entrevista estaba presente y lo analizaba a cada momento. Obercot es la clase de hombre que no teme matar a un niño o una embarazada, la mayoría de sus mujeres terminaban muertas. Todo porque no creía en la debilidad de una persona y ya que él no quería una se deshacía de la mayoría que encontraba. No tenía alma.

Mientras que Seye Obercot es la hija de ese hombre que logró salvarse, una mujer de apenas veinticuatro años que tiene su propio negocio y es tan intimidante como su padre, tal vez más. Hasta donde se sabe vivió un tiempo en Rusia con Obercot, fue entrenada y criada por sicarios y mató a su propia madre para demostrar que no tenía debilidad. Se conocía que su mano derecha era Darius Herrera, un chico de Argentina que conoció a la chica cuando estuvieron en el mismo entorno; pero el paradero de ella siempre era desconocido. Desaparecía de cada lugar en donde fuera hallada y muy pocas veces usaba su nombre real. Era una sádica y no tenía ninguna debilidad a la vista.

Y por último Ydyal Prescott, una chica estadounidense; criada en carteles de drogas en el país nativo y siendo obligada a entrenar para la prostitución. Allí conoció a Paris Prescott, la razón por la que es tan peligrosa. Ambos unos sádicos desde pequeños, donde su mayor debilidad es amarse e incluso eso los hace letales. Son jefes del tráfico de drogas en Estados Unidos y se encuentran en paradero desconocido desde que Ydyal degolló a un hombre de Alec en plena plaza central de Rusia para retarlo. Si tienen una debilidad se desconoce, ni siquiera a su familia perdonaban. Los desaparecieron años atrás cuando Paris decidió deshacerse de sus debilidades. Caleb conocía a esta chica porque su padre fue su mejor amigo, antes de convertirse en lo que era ella habló con él para disculparse por lo ocurrido, más él nunca aceptó sus palabras.

Saber que dos de las personas nombradas estaban involucradas con unos Schneider era peligroso. El pasado de Isabel parecía estar cada vez más entretejido con enigmas sin resolver.

– Tienen la orden de matar a mi hija cuando la vean – dice un hombre trajeado entrando a la sala con la espalda recta.

Todos en el lugar se tensaron por su presencia, los penetrantes ojos de Alec miraban a todos aburridos, su traje negro parecía estar absorbiendo toda la luz en la habitación; siendo un gran contraste para el color pálido de su piel y sus ojos claros cubiertos de oscuridad. Un hombre mayor que aun así conservaba una excelente figura, no tenía guardias a sus espaldas, bastaba con las dos armas que relucían en su cintura y el cuchillo que tenían en mano mientras jugaba entre sus dedos. El hombre alzó por un momento la mirada encontrándose con la de Caleb y sonrió.

– Caleb Hibarra – saluda el hombre colocándose frente al chico, su acento ruso escuchándose con mayor ímpetu – Eres el guardaespaldas de Isabel Schneider ¿verdad?

Caleb asintió sin levantar la mirada del pecho del hombre que lo rebasaba en altura y apretó los puños a su lado. No pensó que lo reconocería.



Laczuly0711

Editado: 17.08.2019

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