Simplemente Eres Tú

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Dímelo

Leila enmudeció con las palabras de Nathan. Estaba mirando al suelo porque no podía verlo a la cara, su corazón latía frenéticamente y estaba completamente segura que el alcohol comenzaba a abandonar su sistema. ¿Acaso Nathan tenía algo que ver con su pasado?

Recordó la extraña conversación de Margaret con Donald y Draco antes de llevarse a Isabel y frunció el ceño. Ellos nombraron a Nathan, Draco llevaría a cabo una venganza de la que ella no era consiente para ese momento, ahora Nathan le decía que su verdad podría alejarla ¿Qué otra cosa podía pasar en su vida para vivir en paz por una vez?

– No quiero presionarte para responder…

– Antes que Draco muriera hablaron de una venganza en tu contra ¿Tiene eso algo que ver con tu pasado? ¿El mismo que puede hacer que me aleje de ti? – Dice Leila seriamente mirándolo a la cara.

Ya no más nervios, necesitaba verdades.

No más mentiras.

Solo quiere escuchar por una vez, la verdad.

– Sí – acepta el chico apenado desviando la mirada.

Pensaba en sus padres, sus rostros cubiertos de decepción cuando se enteraron de la verdad. No quería que Leila lo viera de esa forma, pero si quería iniciar una relación con ella necesitaba decirle la verdad, en eso se basaba las relaciones y se mantenían las grandes uniones. Era la base de todo en el mundo.

– Dímelo.

Leila no sabía si se iba a arrepentir al decir esas palabras, pero quería saber todo sobre Nathan Zuzak incluso si eso la lastimaba en el proceso. No creía que fuera posible dañarse más de lo que ya se ha encargado de dañarla la vida.

– Bien – Nathan suspira desviando la mirada y luego la mira con tristeza – Soy el hijo del medio de un parto de trillizos. Francis, André y yo. Luego nació Dakota y por último mi hermano menor, Marcel. Nuestra familia no es muy reconocida como la tuya, pero tiene un negocio que la hace tener el estatus que tiene. Mi madre es una católica devota a su religión, es gentil, pero cuando ella quiere rezar ninguno puede molestarla, es ley. Mi padre, bueno… Él es otro tipo de historia, el típico hombre dedicado al trabajo que solo mira a su familia una vez al año y eso si corre con un poco de suerte.

>> Cuando mis hermanos y yo teníamos doce años conocimos a Draco y Danel Hoffman Schneider. Los hijos de una familia reconocida en Múnich que casualmente entraron al mismo instituto que nosotros, todo era felicidad mientras éramos pequeños; casi puedo decir que éramos mejores amigos; pero no todo es lo que la gente aparenta – Nathan Frunce el ceño mirando a cualquier punto en el espacio y aprieta su mandíbula ligeramente recordando – Un día me salté la hora de Deporte, algo común en cualquier chico de catorce años, pero fue cuando descubrí lo que hacían los gemelos Hoffman.

 

Draco se encontraba apoyado en la puerta de los vestuarios con una mirada aburrida. Su uniforme de deporte levemente mojado por el sudor del entrenamiento de futbol, el chico era un gran jugador, tanto así que los entrenadores tenían grandes expectativas en él; más el chico siempre se negaba diciendo que no le importaba en lo más mínimo.

Nathan estaba oculto en su casillero mirando a ambos hermanos por la rendija del mismo. Había algo en ellos que nunca le daba buena espina, su madre siempre decía que era por todos los libros que leía, pero estaba seguro que ellos ocultaban algo. No podían ser tan perfectos como decían ser, las personas nunca lo eran. Sí, el chico podía poseer catorce años, pero conocía un poco sobre la vida.

– Margaret te dio otra ración, hermanito – comentaba el rubio que entraba a la habitación con una toalla sobre su cuello – Eso es algo nuevo, es bueno ver que te va bien en el negocio familiar.

– Mi objetivo es llegar a conocer a Alec Obercot – responde Draco sonriendo ampliamente provocando que sus ojos verdes brillasen de malicia – Quiero ser como él, manejar mi propio cartel de drogas sin que nadie pueda detenerme.

Ese algo que no le cuadraba a Nathan sobre los chicos rubios fue lo que lo hizo ocultarse en los casilleros. Sabía que dos chicos de veinte años no podían estar siempre en último de secundaria cuando eran los mejores de la clase. Algo oscuro había detrás de ellos.

– Es bueno ver que tienes una gran visión, Draco – responde Danel guardando algo en su casillero – Pero me parece algo extraordinario la forma en la que tratas a esa perra de Leila ¿sigue con su silencio estúpido por la muerte de su abuelo?

– Ciertamente – ríe Draco llegando a un lado de su hermano – Puede tener siete años, pero la perra me puede satisfacer muy bien. Mucho más cuando no me molesta como hace unos años cuando la conocí. Es agradable solo escucharla gemir mientras me pide que pare.



Laczuly0711

Editado: 22.08.2019

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