Simplemente Eres Tú

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Tiempo

Era de mañana cuando Leila Schneider entró a la cocina con la vista fija en el suelo y un dolor de cabeza sumamente alto por la resaca. Ha pasado una semana desde la fiesta de fin de verano, se fue a la casa de Octavio por unos días sin decirle a nadie y ambos primos se dedicaron a salir de fiesta y a divertirse. Lo único que quería Leila era olvidar. Olvidar por un momento todo lo que pasa en su vida y tener un poco de paz.

– Te ves como la mierda – comenta Octavio sonriendo ladeadamente al verla entrar.

– Vete a la mierda – gruñe Leila sentándose en la cocina con una bolsa de hielo en el rostro – Me siento terrible ¿tienes una pastilla?

– Voy a ver que encuentro.

Leila asintió tomando el jugo de naranja entre sus manos y apretó el puente de su nariz agotada. Hace una semana habló con Nathan sobre su vida, no salió corriendo ni nada por el estilo como lo piensan las personas que reacciona cualquier chica como ella; simplemente le pidió tiempo a él para que ella pensara. Mintió diciendo que estaría con John, pero en realidad terminó en la ciudad a las afueras del pueblo en el departamento de Octavio.

Tenía que procesar muchas cosas, Nathan era como ella, había matado a alguien a la misma edad de ella y lo hizo para vengar a su hermano. Las razones que él considera que lo alejaran de ella simplemente la acercan más, sus pasados son parecidos, sus vidas prácticamente iguales y sus sentimientos fuertes.

¿Por qué no están juntos?

Isabel Schneider estaba desaparecida.

Dos días después de estar con Octavio pensaba volver con Nathan para decirle que estarían juntos y volverían a Alemania cuando se encontró con Geanin que no paraba de llorar en la plaza del pueblo. Su prima también tenía espías con Margaret que la ayudaban a encontrar el paradero de su prima; y esos mismos espías le informaron que su hermana estaba desaparecida y Margaret estaba en Alemania sin ánimos de buscarla.

Eso fue lo que detuvo a Leila de continuar con su vida, si su hermana no estaba con Margaret podría estar muerta con cualquier enemigo de Alec. No lo quería pensar, pero era lo más obvio en estos momentos. Sí, era absurdo ahogar sus penas en el alcohol, pero la vida comenzaba a no importarle en lo absoluto.

– Aquí tengo acetaminofén – dice Octavio entrando a la cocina con el ceño fruncido y una tableta de pastillas en la mano – ¿Funcionará?

– No me importa – dice Leila tomando una pastilla con una mueca. Movió su cabello intentando calmar el dolor de cabeza y suspiró – Tengo que irme.

– ¿Vas a regresar a Alemania?

Octavio había cambiado considerablemente estos últimos años, se ven regularmente, pero es por video llamada y no notaba el cambio que había en él. Su piel seguía siendo de un color semejante a la miel, ojos oscuros y el cabello negro estaba peinado hacia atrás de forma ordenada. Ya no era más el chico descuidado y flacucho de la secundaria, ahora era todo un hombre con musculatura que estudia por las noches arquitectura y trabaja en las mañanas en una construcción en el pueblo donde se criaron.

– Posiblemente – suspira Leila mirando a Tavo con cansancio – Lo lamento si te molesté estos días.

– No hay problema – sonríe y toma su chaqueta de cuero – Eres bienvenida aquí todo el tiempo que quieras, eres mi prima. Nunca dudes en buscarme, Leila.

– Está bien – suspira levantándose – Lo mismo te digo, Tavo. Cuando necesites mi ayuda estaré para ti, nunca lo dudes.

– Entonces dentro de cinco años te invado en Alemania, primita.

– Por supuesto.

Leila sonríe ladeadamente tomando su sudadera gris del mueble y sale del departamento con un dolor de cabeza arrollador. Primero pasaría por su casa para despedirse de sus padres, hablaría con Nate para aclarar su relación de ahora en adelante y se despediría de su hija y John. Luego volvería a Alemania y encarando a Margaret conseguirá la verdad sobre el paradero de su hermana, no importa lo que tenga que hacer.

En las calles de la ciudad Leila se perdía entre las personas observando la vida de la gente desde el exterior. Pasando por el centro de la ciudad decidió colocarse la capucha de su sudadera por la luz del sol que molestaba su rostro y tomó un respiro profundo cerrando los ojos.

– ¿Qué quieres de mí? – Pregunta mirando al cielo en el centro de una plaza – ¿Qué quiere el destino para mi vida de ahora en adelante?

– ¿Leila?

“Genial, simplemente perfecto. Gracias a ti destino por siempre darme trabas”. Pensó Leila bajando la mirada al chico rubio que la miraba confundido con una maleta en mano.



Laczuly0711

Editado: 22.08.2019

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