Simplemente Nina

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Cápitulo 72

  El último día había llegado. El bar cerraba sus puertas definitivamente. Pero cerraba con una fiesta de blinis y requesón a mitad de precio. Habíamos estado trabajando una semana entera en eso. Lo que me había ayudado a evitar pensara demasiado. Había sido duro, pero el trabajo en exceso había evitado que mis males de amor me taladraran la cabeza.

  La gente se agolpaba en la vereda donde habíamos dispuesto una mesa. El sol nos había permitido vender en la acera, porque dentro sería un caos. Todos los empleados trabajaríamos en el mismo turno despachando blinis para llevar y requesón del mejor. Vendimos hasta lo que no se podía creer. Todo el pueblo vino a despedirse del Moscú. El bar que había sido en parte mi hogar durante casi seis años. Estaba triste y feliz al mismo tiempo. Porque no podía estar del todo triste un día de blinis.

  Miré a los ojos a cada uno de los clientes, sonreí y traté de memorizar los gestos de placer al ver las delicias que había preparado por última vez con mis manos. Lo disfrute como nunca antes. Como nunca después. A las ocho el bar cerró sus puertas, y después de una extraña despedida, mitad festejo mitad velorio, recorrí cada lugar y me fui sin mirar atrás ni una sola vez. No lloré, porque ya lo había hecho antes. Solo caminé despacio hacia mi casa. El celular sonó varias veces. Pero yo quería estar sola. Darme un tiempo. Remendar mi alma aterida, darme el lujo de viajar por mis mundos imaginarios unos días antes de regresar al real y enfrentarlo como se debía.

¡Gracias por leer!

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Meel Sol Gual

Editado: 23.10.2018

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