Simples apariencias

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Anthony

<<So I can cry for my age, my life and my face>>
-Charlotte Cardin, Dirty dirty
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-Esto es jodidamente deprimente, ¿por qué no nos vamos y volvemos más tarde? También irnos e ir al funeral como consecuentemente lo haremos es una opción viable en su totalidad.

-Ya estamos aquí, Anthony. No vamos a dejarla sola cuando más nos necesita.

-Pero está sedada, imbécil. Llevamos hora y media aquí en la cama esperando a que despierte.

El moreno de ojos verdes, Anthony, recargó la cabeza sobre la cama y estiró las piernas en el colchón.

Daniel Gilmore, por su parte, sólo se cruzó de brazos y siguió con su actividad de hacía diez minutos. Anthony quería reírse, pero hasta cierto punto, le daba lástima. Y coraje, por supuesto, ya que Daniel creía que lo engañaba saliendo con su prima.

Ya no le decía nada, no como al principio, pero en cierto punto, ya se veía venir el momento en el que tendría que partirle la cara a Daniel por lastimar a Laura. Lo disfrutaría, más que por que lo obvio saliera a la luz, por los golpes que se había rehusado a darle porque uno, eran sin motivo, y dos, porque el motivo no era suficiente.

-Querido y estimado Daniel, ¿podrías hacerme el favor de dejar de tomarle fotos a Ares? Me parece que ya tomaste suficientes por el día de hoy, así mismo como creo que si su novio se entera de la galería que empezaste a crear de ella dormida, estarías en graves problemas. Apruebo este mensaje. Favor de parar, gracias- habló Anthony de una forma robótica, esperando por la reacción de Daniel.

El Gilmore sólo se carcajeó.

-Lo que pasa es que se ve demasiado tranquila. Nunca se ve así. Es para el recuerdo más que nada.

-¿Tengo que volver a repetirte que la sedaron para que se durmiera? Ya te lo dijo Joseph, si no lo hubieran hecho probablemente hubiera subido a la azotea del hospital y se hubiera lanzado de ahí o se hubiera ido sobre el primer auto que pasara, entonces, dos Stone habrían muerto en la madrugada del treinta de agosto.

-No entiendo cómo puedes decirlo tan tranquilo- bufó Daniel, a lo que Anthony se encogió de hombros. El moreno comenzó a reírse solo después, para desconcierto del hijo del aclamado escritor Garrett Gilmore.

Daniel miró a Anthony, esperando que le explicara por qué estaba tan divertido. No pasó hasta cinco minutos después.

-Es que, es algo cruel, y tú eres demasiado marica para el humor un tanto negro- sentenció Anthony, aún riendo un poco, estando rojo por lo mismo.

-Oye, yo noy el marica de aquí- comenzó a reír Daniel, señalando con los ojos la puerta. Anthony rió aún más.

-Qué irrespetuoso, Daniel Gilmore, dijimos que no insultaríamos la latente homosexualidad del hermano de nuestra mejor amiga cuando él estuviera a menos de diez metros, y está en la cocina, por lo que probablemente nos haya escuchado.

Daniel se tapó las manos con la boca y ahora estaba igual de rojo que Anthony.

-Ya, Anthony. Tal vez y no es gay, y nosotros hemos estado imaginando demasiado estos años- Daniel quería hablar tranquilo, pero la risa volvía a ganarle.

-Pequeño Daniel, nadie, ningún varón heterosexual pide ir a la dragcon de cumpleaños. Es aún más interesante que Papá Stone se lo haya concedido.

-No es tan idiota, de seguro le dijo que era para un concierto o algo parecido.

-Daniel, tú y yo estábamos comiendo con los Stone ese día, recuerdo que fue un sábado que teníamos que ir a las clases de gente normal y aburrida a la Academia. Expresamente, Joseph dijo cuando su padre le preguntó qué iba a querer: "falta poco para la dragcon y la verdad es que desde el año pasado quiero ir". ¿No recuerdas que Abraham se empezó a reír como imbécil?

Daniel rodó los ojos y rió un poco más.

-Ya, dime qué es lo que ibas a decir. Por lo que te estabas riendo solo.

-Ah- Anthony otra vez quiso carcajearse-, te iba a decir que le debería pedir a Sarah el nombre del sedante de Ares, mi madre ocupa un poco. Pero está tan alterada todo el tiempo que apenas y le haría cosquillas, lo suficiente para que deje de gritar.

-¡Antonio Alejandro!- exclamó Daniel con una voz aguda, y las manos en la cintura.

-"¡Te dije que lavaras los platos antes de irte, Antonio Alejandro!" o, "¡Tú y tu hermana no van a salir el fin de semana porque dejaron los frijoles del desayuno! ¡Maldita sea con ustedes! ¡Cada vez más estadounidenses!"

-Es una obra de arte cómo te sale idéntico- siguió riendo Daniel.

Ambos dejaron de reír, cuando sintieron el colchón moverse, y giraron la cabeza, para encontrarse con Ares, quien recién abría los ojos, manteniendo la mirada en el techo.

-Buenos días, solecito- canturreó Anthony.

-¿Tienen una maldita idea de por qué no estoy en mi casa?



lostinthenightmares

Editado: 03.11.2018

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