Sin Alma

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¿Usted cree en los vampiros?

Capítulo 5

El tictac del reloj resonaba por toda la habitación, mientras me removía en la cama buscando la posición más cómoda para exigirle al sueño que se apoderara de mí.

Resignada, miré el techo, reviviendo el suceso de horas atrás en mi mente.

─Esto es una locura ─murmuré, llevándome la sabana a la cara.

Destapándome lentamente, sentí la necesidad de mirar a la ventana, la cual me brindada la perfecta visualización del cielo sin estrella, solo la luna adornándolo, iluminando la fría y tenebrosa noche.

Verla me recordó que desde que era niña utilizaba a la luna como mi confidente, contándole todas las experiencias a las que me enfrentaba diario, como si está fuera un ser vivo. Algo patético, pero que hasta la actualidad seguía haciendo.

Sentándome en la cama, solté un suspiro, mirando el hermoso jardín de la tía Lucí. Llevándome una gran sorpresa al ver a aquel misterioso ser, si, el monstruo. El cual me contemplaba fijamente desde la fuente que adornaba el bello jardín.

Apartando la mirada de él, miré a mi madre, solo para comprobar que estuviera dormida y no se percatara de la estupidez que iba hacer.

Tan pronto abrí la puerta de la casa, comencé a dar pasos hacia él, mientras mi Superyo interno me gritaba que me detuviera, ante la idea de que aquel ser me hiciera daño, mientras recordaba las veces que mi madre me había dicho que no me acercara a los extraños, y más si este era peligroso.

Realmente no sabía lo que estaba haciendo, pero ya era demasiado tarde para reprimir mi impulso del Ello. De esa necesidad de satisfacer mi curiosidad.

Cuando estuve lo suficiente cerca de él, Ken salió ladrando de donde estaba escondido. Pero tan pronto el vampiro le dio una mirada, este chillo y se escondió detrás de mí.

─Tranquila, solo he venido a comprobar que no hayas abierto la boca ─lo miré con frialdad.

─¿Cuántos más hay? ─se mostró confundido.

Después de unos segundos pareció comprender mi pregunta, porque me miró con diversión.

-El número no importa-menciona- solo agradece que sigues viva- sonrió sarcástica.

─¿Entonces se supone que deba agradecerte que me hayas salvado? ─pregunto ─cuando parecían que un par de terrible bestia luchan por ver quién se quedaba con la presa.

─Ve las cosas como más te resulte agradable, pero recuerda que una de esas terribles bestias te salvo la vida ─menciona ─y uno debe aprender a ser agradecido.

Al ver que está a punto de marcharse me siento alarmada, en vez de aliviada.

-Espera, ¿Cuántos más hay?- vuelvo a preguntar.

La única respuesta que obtengo de él es una sonrisa.

¿Se está burlando de mí?

-¿Gris?- escuche a la tía Lucí-. ¿Qué haces afuera cariño?

La volteo a ver, para después regresar la mirada hacia el vampiro, descubriendo que este ya no estaba. Ken sale corriendo hacia la casa, en busca de seguridad.

─Yo ─pienso en que decir ─necesita caminar ─agregó con duda.

─Sea cualquier cosa que necesites ─se dirige a mí y me guía a la casa ─nunca lo hagas de noche, solo en el día ─menciona, cerrando la puerta ─este lugar es peligroso.

─Tía, ¿Usted cree en los vampiros?...

***

─Alcánzame si puedes ─gritaba a Manuel, quien corría detrás de mí intentando atraparme.

Hoy era un día soleado en el bosque de la primavera, en donde nuestros papás no trían cada vacaciones de verano.

─Vamos Manuel, no me digas que te estas rindiendo tan fácilmente ─me detengo y miro hacia atrás.

Pero algo no está bien, él ha desaparecido. Siendo remplazado por una oscuridad inmensa que avanza por el bosque hacia mí.

Permanecí inmóvil contemplando inquietante aquella oscuridad, que me provocaba escalofríos y cada vez estaba más cerca de mí, amenazándome con envolverme.

Cuando la oscuridad me envolvió, miré a todos lados en busca de Manuel o alguna otra señal de vida.

─Manuel ─murmure temerosa.

─Jamás me rendiré ─susurro detrás de mí.

Girándome lentamente me encontré con unos ojos rojos. Unos que poseía mi hermano.

Desperté sobresaltada y mirando a todos lados. Pero al descubrir que solo había sido un sueño no pude sentirme más aliviada. Dándome cuenta que me encontraba completamente sola en la habitación.

Sentándome en la cama, tomé mi celular y me lleve una sorpresa al ver que eran las 12: 15 p.m. Realmente no recordaba cuando había sido la última vez que dormí hasta esa hora.

Prestándome más atención a la recamara, divise una nota pegada en el espejo del ropero. Levantándome de la cama me acerque a él.

«Cariño, fuimos al restaurante del papá de Alan, te vemos aquí.»

Llevándome la mano al cabello solté un suspiro. Las cosas entre Alan y yo no habían quedado muy bien anoche, por lo que no me sentía lo suficiente entusiasmada para tener que verlo y tolerar que fuera frio conmigo.



Ana Santiago

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En el texto hay: vampiros, vampiros y romance

Editado: 09.03.2019

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