Sin Alma

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Dios, en que me he metido

Capitulo 7

 

Acostada de nuevo en mi cama, contemplo el techo resultando difícil aun conciliar el sueño. Sentándome en la cama miré al jardín, confundiéndome al ver a Alaric frente a la fuente.

Con rapidez salí de la cama y me dirigí al jardín, cuando estuve frente a él lo miré con inquietud.

─Sigues despierta ─dice.

─¿Qué haces aquí? ─pregunto.

─Quería ver si habías llegado bien, Atanea es mi amiga, pero no es mucho de confiar cuando entre nuestra amistad hay humanos.

Tuerzo la boca, mordiendo un poco mi labio.

─Pensé que era tu novia ─digo sincera.

El solo me miró por unos minutos.

─Regresa a la casa, para poder irme─ asentí, caminando hacia la casa. Me detuve de repente y lo volteé a ver.

─¿Nunca te han dicho que eres muy mandón?─ frunció el ceño.

─No, pero me gusta tener el control de todo─ apreté mis labios.

─Ya me había dado cuenta de eso─ comencé a caminar a la casa─. Que duermas bien.

─Yo no duermo.

─Yo tampoco─ murmuro.

─Ya me di cuenta de eso─ lo escuché decir, pero al girarme para verlo, ya no estaba.

Cuando estuve bajo la seguridad de las cuatro paredes de la habitación me senté en la cama.

Dios, en que me he metido.

Soltando un suspiro me acosté, realmente esto era demasiado para mí.

***

Por la mañana me encontraba cansada y deseando que todo lo que estaba sucediendo fuera un sueño, pero no era así, lo que está pasando era real y me resultaba extraño que no estuviera loca a estas alturas.

Soltando un suspiro desvié la mirada de la puerta para ver mi reloj de mano, el cual marcaba las 9:00 a.m.

Tomando valor toque la puerta. Cuando la puerta se abrió revelo frente a mí a Atanea, quien lucía perfecta de pies a cabeza, mientras sostenía en una mano una copa con un líquido rojo, que pude deducir que era sangre.

─Que puntual ─murmura- . Llegaste a la pura hora del desayuno─ me sonrió con malicia. Sabía que se estaba burlando de mí.

Dejándome pasar, miro la casa con interés en espera de ver a Alaric.

─Te daré un consejo, no muestres interés en el ─atrajo mi atención ─él no es para ti.

─Por donde empiezo ─ pregunto, ignorando sus palabras.

Me sonrió con diversión. No cabía duda, esta mujer se divertiría con mi presencia.

─La casa es muy grande, empieza si quieres primero con el piso de abajo y mañana con el de arriba ─ propone─. Sígueme.

Después de unos minutos se detiene frente una pequeña puerta, con desinterés la abre, mostrándome las herramientas de limpieza.

─Aquí puedes encontrar todo lo que necesitas para limpiar ─expone ─. Ahora si me disculpas me marcho, tengo asuntos que atender.

Se marchó con elegancia lejos de mí.

─Empieza por el jardín─ me sobresalte, al escuchar una voz a mi espalda─. Es un desastre.

Alaric llevaba de nuevo un traje puesto, con una corbata gris decorándolo.

─Claro─ tomé un rastrillo rápidamente y me encaminé al jardín, debido a que su presencia me incomodaba.

─Espera ─ apareció frente a mí, haciéndome detener de golpe─. Toma─ me ofreció unos guantes─, para que no te dañes las manos.

Tomándolos, lo mire con interés.

─Gracias─ murmuro. El me abre la puerta al jardín─. Gracias─ vuelvo a decir.

Después de juntar todas las hojas con el rastrillo y cortar las ramas o rosas secas de las rosas, me dispuse a meter todo en una bolsa, pero el sonido de un trote y ladrido me hizo voltear de repente.

Un gigantesco perro se abalanzó sobre mí, haciendo caer encima de la basura. Sentía su lengua por toda mi cara, por lo que con todas mis fuerzas me impulse hacía en frente.

─Oye, quieto─ dije entre medio de una risa. Cuando logro dejar de lamerme, lo acaricie.

Era un San Bernardo. Rápidamente a mi mente se vinieron las imágenes de las películas de Beethoven que nos hacían reír a mí y a Manuel de pequeños.

─ Princess ─ leí, al encontrarme con su collar─ ¡Princesa!─ dije con emoción y la perra ladro─ Que linda perrita─ la chiqueé─. Supongo que realmente eres una princesa aquí─ murmuré─. Dime, ¿cómo le haces para aguantar ese amo tuyo tan frívolo? ─la perra ladro─. Si, supongo que muy a fondo tiene corazón.

***

Cuando el reloj marco las 2:00 p.m. me prepare para regresar a casa, regresando todas las herramientas de trabajo que había utilizado a su lugar. Al mirar mi ropa, descubrí que mi jeans y camiseta estaban salpicadas de lodo, y mis brazos aruñados, debido al accidente que tuve con Princesa.

Antes de abrir la puerta, alguien más lo hizo por mí.

─Has terminado ─me sobresalte, al ver a Alaric. Él repaso su vista sobre mi─. ¿Qué te ha pasado? ─ señalo mis brazos.

─Am, no es nada, solo tuve un encuentro con Princesa ─conteste.

acomodando las cosas de nuevo en el pequeño lugar.

─Princess─ corrige─. ¿Te ha lastimado demasiado?



Ana Santiago

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En el texto hay: vampiros, vampiros y romance

Editado: 09.03.2019

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