Sin Saber que llegarias

Tamaño de fuente: - +

EPILOGO

Diez largos años habían pasado desde esa tarde en el bar, hoy siendo una mujer de 28 años debo admitir que cometí muchos caprichos durante ese año; por fin lo entiendo. Melancólicamente, me senté en la mesa de la sala de estar, respiré profundo y miré a mi alrededor, todo estaba como siempre lo soñé, un color durazno pintaba las paredes haciendo juego con los muebles de madera labrada que poseía. Absolutamente todos dormían, inconscientemente toqué mi vientre, mañana sería el día que le diría a mi marido que estaba esperando nuestro segundo hijo, me había enterado esa tarde, pero quería asumirlo primero para luego prepararle una gran sorpresa para darle la noticia. No se porque motivo vino a mi mente la charla de esa tarde, nunca la creí a Danielle que se hubiese retirado sin presentar batalla, cosa que comprobaría años más tarde cuando antes de mi boda con Ethan ella apareciera para querer convencerlo de que yo no era su destino, diciendo que me había echo creer que ganaba únicamente para que me confiara pero que ella jamás había podido dejar de amarlo, a lo cual mi novio hizo que la echaran de la casa, prohibiéndole acercarse a nosotros a menos que deseara que él sacara una orden de restricción, una risa suave brotó de mis labios, y tuve que taparme la boca pues no quiero despertar a nadie; si hay algo que descubrí en mi primer embarazo es que sufro de insomnio, con Elizabeth no había podido conciliar el sueño hasta el quinto mes. De repente escuché un ruido en mi habitación, me levanto sigilosamente, posiblemente sólo sea el cachorro de la familia, pero lo mejor es comprobar, antes de llegar a la puerta de mi cuarto una mano me tapó la boca ahogando mi grito.

-Shhh-siseo mi marido, instintivamente lo fulminé con la mirada, había logrado que mi corazón diera un vuelco y no de felicidad exactamente.

-¡Quieres matarme!-exclamé indignada cruzando los brazos

-No, quiero saber que haces despierta a estas horas-dijo serio; lo miré mientras mi cerebro carburaba a tres mil revoluciones para una excusa, levanté la mirada y tomé su mano

-No te enojes con nosotros-dije colocando su mano en mi vientre. Por un momento creí que Ethan se desmayaría, pero simplemente se le llenaron los ojos de lágrimas, me miró fijo durante un instante y me abrazó fuertemente

-¿Cuándo lo supiste?-pregunto acariciando mi barriga

-Esta tarde, pensaba decírtelo mañana pero veo que no puedo ocultarte nada, como cuando éramos novios-dije riéndome al traer a mi mente esos preciados recuerdos

-Nunca, amor. Jamás pudiste ocultar tus sentimientos ni estados de animo conmigo-declaró abiertamente él luego besó mi frente

-Debes descansar, mañana te espera una jornada de trabajo-dije acariciando su mano; el rechistó y rodó sus ojos

-¿Crees que podré dormir? Tu sufres de insomnio, ¿Recuerdas cuando estabas embarazada de Lizzy las interminables noches hablando, recordando tiempos, leyéndote o jugando a juegos de mesa?-preguntó obligándome a caminar hacía la cocina. Derrotada cedí y mientras él preparaba té lo observé. Los años le habían sentado perfectamente, esos rasgos de adolescente habían dado paso a los de hombre, su rostro cuadrado, sus pómulos finamente delineados, y esa barba que tanto amaba, en realidad no había parte de él que no amara con locura, hacía 11 años que estábamos juntos y lo amaba cada día más, ¿Cómo no amarlo? Todos los días con una sonrisa, repitiéndome que me amaba como ese día en la clase de Salud y adolescencia, cada vez que veía a nuestra hija, fruto de nuestro amor, me llenaba de emoción, tenía mis ojos, pero su expresión, esa naturalidad al caminar, una sonrisa llena de paz e inocencia, era lo que mejor había echo, todo gracias al amor incondicional que sentíamos uno por el otro, y si bien habíamos tenido nuestras muchas discusiones y peleas nada que no tuviera solución con un simple dialogo, de pronto supe que me había ido por las nubes porque Ethan me miraba fijo y una sonrisa curva se asomaba por sus labios.

-¿En donde andarás?-pregunto negando con la cabeza

-Recodando cosas de nuestra relación, nuestro noviazgo... ¿Te imaginaste que terminaríamos así?-pregunté con plena sinceridad mientras mis manos tomaban la taza de té que mi marido me entregaba.

-¿Casados, enamorados, con una hermosa nena de 3 años y otro en camino?-preguntó mientras yo asentía con la cabeza a cada uno de sus ítems, entonces una sonrisa luminosa se hizo presente en su rostro y alzó una ceja-¡Por supuesto! Desde la primera vez que te dije que te amaba sabía que quería envejecer con vos, amarte en está vida y las siguientes, siempre con vos y para vos, amor mío-dijo tomando mi mano, entretanto se sentaba enfrente.

-¿Cómo es que nunca pierdes ése toque del que me enamoré? No te miento cuando te digo que creí que con los años la rutina y la vida nos arrastraría hasta hacernos olvidar del amor que conocimos el primer año-dije tomando un sorbo de té. Ethan pareció reflexionar acerca de mis palabras, porque tomó un largo trago de su té y meditó un momento antes de apretar mi mano fuertemente, sonreírme como siempre, mientras mi alma se desarmaba ante semejante acto



Eliana Denisee

#12114 en Novela romántica
#4261 en Joven Adulto

En el texto hay: amor, novios, escuela

Editado: 26.09.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar