Sin Sentidos

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La Concepción del Sujeto

Mi nombre es Mario Gregorio, soy un hombre entrado en los primeros años de la quinta década, trabajador desde pequeño, los últimos 30 años de mi vida los he dedicado a laburar en la fábrica chatarrera de mi ciudad y a atender la despensa que, con mucho esfuerzo, abrimos con mi señora como un ingreso más para sostener a la familia. Además soy padre de dos hijos, Miguel ya entrado en la adolescencia y María mi pequeña nena de 9 añitos. Pero creo que todo aquello ya quedo atrás, porque hoy me ha pasado la más increíble de las cosas, he despertado en horas de la madrugada en el cuerpo de otra persona.

Una luz me encegueció pasada la medianoche y en cuanto me pude dar cuenta me vi rodeado de gente extraña en la sala de parto de algún hospital. El primer rostro que vi fue el de una mujer, que estaba totalmente exhausta pero que sin duda explotaba de alegría. Me alojo en sus brazos, que eran como fuertes ramas de un árbol. En un principio me sentí contenido, relajado como si aquel fuera el lugar de mi pertenencia, pero luego la angustia… el recuerdo de una familia que ya no vería me consumió y sin poder controlarlo rompí en llanto.

Ahora mismo estoy acostado en una cama en la sala de neonatales, viendo cómo van y vienen las enfermeras algunas corriendo cuando algún niño comienza a derramar lágrimas, otras simplemente anotando datos en las planillas ubicadas al borde de cada cuna. El sueño no me invade, tan solo me limito a permanecer quieto mirando al techo; ¿cómo se encontrara mi familia? ¿Qué es lo que habrá pasado? Creo, sin temor a equivocarme, que he muerto y tras mi partida he reencarnado en el cuerpo de este niño, ¿Cómo era que se llamaba el niño? ¿Gabriel? ¿Ariel? No estoy muy seguro, pero tengo la certeza que ese “el” esta incluido, de todos modos ¿Qué importa el nombre? Yo soy y seré Mario…. Mario Gregorio.

Me causa cierta gracia esta situación mía, de todos los posibles finales, de las historias de una vida más allá de la terrenal en la que menos pensé fue en la reencarnación. Toda mi vida fui criado en la doctrina cristiana, en el rezo, en el cielo, en Dios y Jesucristo; si bien todavía me niego a creer que Dios no existe es una especie de herida a mi orgullo espiritual saber que los hindús tenían razón respecto de la siguiente vida.

Paso otro día entero en mi pequeña cuna, hasta que al tercer día una enfermera me alza y me lleva a los brazos de la mujer quien ahora es mi madre, “ay mi viejita querida” pienso por dentro, “¿Qué dirías ahora si supieras que me protege el seno de otra mujer? ¿Sera acaso que esta mujer también sos vos reencarnada? Qué lindo el pensamiento que me acaba de cruzar, que nuestros espíritus cumplen ese ciclo, la vida, la muerte, la encarnación en otro cuerpo pero siempre junto a las personas que nos acompañan como si nosotros dos estuviéramos destinados a ser madre e hijo hasta que se acabe el mundo; no, pero es imposible, esta mujer si bien joven es definitivamente mayor de veinte años y mi vieja no hace mucho partió de este mundo, serán 10 o 12 años… aunque para ser exactos, y teniendo en cuenta las circunstancias actuales, partió de su cuerpo y volvió al mundo en otro. Mi viejo por otra parte sigue allá en su vieja casita de campo, trabajando la tierra como lo hizo siempre desde chico, salvo en aquella oportunidad que dejo la casa para irse en sus “aventuras” mientras la vieja allá en casa no tenía ni fuerzas para llorar, de tanto trabajo, de tanta espalda rota y manos agrietadas. Después el viejo volvió, y su mujer ya no lo quiso ser más y pelearon por la casita de campo por alrededor de dos años hasta que yo finalmente con los ahorros que tenía pude mudarme a la ciudad y llevarme a mi vieja conmigo. Desde ese entonces, él se quedó laburando la tierra solo sin mujer y con hijos distantes, hasta que le llegaron los nietos y pudo redimirse un poco de sus pasadas acciones. ¿Cómo estará ahora? El año pasado cuando le había visto tenía el pelo blanco y la cara arrugada pero aun así tenia fuerzas todavía y solo lo aquejaba uno que otro dolorcito temporal. Tal vez debería haberlo visitado más, nunca había hablado con él por sus razones de partir, siempre había tenido antes el doloroso recuerdo de mi madre desgastada, ni ahora ni entonces pensaba que nada podría justificar que nos había abandonado pero tal vez escuchar sus razones habrían hecho que el rencor en mi pecho disminuyera, tal vez con el tiempo habría llegado a entender mas no aceptar su decisión, tal vez con el tiempo podría haberlo perdonado… pero ya no había tiempo, él ya era otra persona y su viejo se guardaría sus razones para sí mismo.

A la salida del hospital una pequeña tertulia espera a la mujer y a su niño, todos vitoreando y causando las caras de enojo de muchas enfermeras. Veo allí a mis ahora abuelos, mis tías y tíos, incluso mis pequeños primos que se asoman curiosos y cautelosos al pequeño bulto que soy yo, y tras verme se alejan rápidamente entre risitas. Luego se acercan los mayores y también me miran risueños, algunos inclusos extienden una mano cuidadosa para acariciar mi cabeza.



Franco L Fernández

Editado: 02.08.2019

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