Sin Sentidos

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Historia Distorsionada

La noche había empezado como una simple reunión de amigos, los padres de Carlos habían abandonado la ciudad durante el fin de semana (por algún motivo de negocios) por lo que el muchacho no había tenido mejor idea que hablar a los compañeros de la secundaria, aquellos que no veía hace ya tanto tiempo. Los primeros en llegar fueron Nicolas y el otro Carlos (aquel que no era habitual en las fiestas) e inmediatamente se dispusieron en el sofá preparado para los invitados mientras el anfitrión los recibía con una cerveza helada.

Franco fue el siguiente en llegar y sin esperar invitación alguna vertió la bebida en un vaso y la termino de un solo trago, aparentemente había llegado corriendo producto de un par de “chorros” que le habían correteado en la esquina del barrio. Se instaló junto a los demás, momento en que el otro Carlos tomo la guitarra y entono un buen puñado de canciones populares mientras los demás (ya un poco pasados de copas) acompañaban en las estrofas cantando a pleno pulmón. Finalmente llegaron los últimos invitados de la tertulia: Fabricio, Ezequiel y Víctor que además venían acompañados de compañeras de trabajo.

A las pocas horas la reunión se había convertido en toda una fiesta, la bebida corría como un rio de aquí para allá y grupos mixtos de personas bailaban como podían apretujados en el salón y la cocina. Por otra parte el patio era territorio exclusivo de los cantores que a base de melodía acústica de guitarra y humo de cigarrillo llevaban sus coros hasta el cielo, haciendo eco en las casas de los vecinos que molestos marcaban el 110 para denunciar el escándalo.

En cuanto al grupo de amigos, el otro Carlos y Ezequiel lideraban a los cantores del patio mientras Franco discutía con quien quiera, o bien con quien no pudiese evitarlo, sobre temas de política, filosofía, entre otras cosas. Fabricio y Víctor estaban enzarzados en una competencia de bebida, cada vez con movimientos más burdos. Nicolás también retaba a la gente en dichas competencias (sobre todo a las mujeres) así que se lo veía ir de acá para a allá con vaso en mano esquivando a los bailarines. Carlos tan solo estaba sentado en un rincón oscuro sin que nadie le prestase atención mientras una mancha carmesí se le asomaba por la remera…

(…)

Franco estaba en su casa cuando le llego el mensaje de la reunión, apenas había vuelto de la facultad y dudo un par de segundos en asistir dado que el cuerpo le pesaba y estaba seguro que en cuanto encontrara una superficie para recostarse caería profundamente dormido. Sin embargo el deseo de ver a sus amigos y el escozor que le asomaba en la garganta fueron más fuertes por lo que, tras una breve ducha, abandonó nuevamente su casa. Después de todo, aquella sería tan solo una tranquila reunión de amigos.

El colectivo viraba por la avenida sin luces y él trataba de contar la cantidad de edificios que pasaban y le indicaban donde era su destino. Recordaba que también había una cancha cerca de la casa de Carlos por lo que aquel también era otro indicador a tener en cuenta, constantemente le asaltaba el remordimiento de su estúpida decisión de haber dejado los anteojos en casa: apenas podía distinguir una casa de la otra y el único indicio que tendría de la cancha era que aquella era la única fuente de luz en el barrio.

Cuando abandonó el vehículo era el único pasajero que quedaba en el lugar, una vez en tierra vio que la calle estaba oscura (tal cual esperaba), camino a tientas tratando de adaptar los ojos y agudizando el oído. La casa de Carlos se ubicaba escondida en un pasaje, si mal no recordaba, justo en frente de la cancha, la cual logro ubicar en cuanto camino un par de metros. Dos hombres se aproximaban por detrás de él, podía oír sus pasos y susurros. En cuanto escucho que arrancaban carrera, el también empezó a correr a todo pulmón, ubicó el pasaje y entro como un rayo, paso una casa y otra más hasta que finalmente distinguió la puerta de chapa roja. En cuanto Carlos abrió la puerta entro sin saludar siquiera y fue directo a la cerveza que derramaba sudor del frio, bebió el vaso y ya saciado y con la respiración estable, saludo a sus amigos que estaban acomodados en el sillón, luego se sirvió otro vaso.

La cabeza le daba vueltas mientras frente a quien fuera iba vomitando palabras, había perdido su filtro a partir del vaso veinte y la filosofía, la política, el cine o la literatura eran uno de los tantos temas de los que hablaba como quien habla del clima o la rutina diaria y los escupía cual ametralladora en ideas inconexas que sus interlocutores más ebrios alababan como las grande verdades de la existencia mientras que aquellos que aun conservaban la conciencia se limitaban a mirarlo en un gesto condescendiente y a alejarse lo más que pudieran.

A su lado los guitarristas no paraban de reír sin poder unir dos acordes y mucho menos formular alguna melodía. Carlos se dirigió hacia la puerta y en cuanto la abrió a Franco le dio vuelta el corazón. Uno de los hombres que había tratado de robarle se emplazaba del otro lado del marco de la puerta, apuntando con su arma a Carlos mientras el otro buscaba desesperado el dinero en sus bolsillos para evitar el disparo. Un grito de terror se le escapo sin pensar…



Franco L Fernández

Editado: 02.08.2019

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