(sin)sentidos

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1- Sentimental

—¿Cómo te sientes?

—Me duele la cabeza. Oye, ¿puedes darme un poco de eso? No, no. Eso de ahí... Sobre la encimera… Gracias.

—¿Mejor?

—La verdad es que sí.

—Vale. Venga, levanta. Tenemos mucho que hacer. Toma, sujétalo bien. Así.

—No veo por qué tenemos que hacer esto. ¿Por qué no nos quedamos aquí, juntos? ¿Para qué salir?

—Es importante que salgamos.

—Pero, ¿por qué? ¿Y por qué me das el cuchillo?

—Anda ya, deja de parlotear. Abre la escotilla de una vez.

—Necesito ayuda. ¡Ayúdame!

—¿Estás bien, Azul?

—Sí.

—¿Entonces por qué levantas la voz? Tú nunca gritas.

—¡Porque uno de los dos va morir!

—¿Y? El que quede vivo conservadora una pequeña parte del otro.

—Sí, pero… ¡Deja de reírte! ¡No es gracioso!

—Ya. No deberías perder la calma, Azul, a Él no le gustará.

—¡Al diablo con Él! Salta tu primero. Yo te sigo. Bien hecho.

—Mira, ahí está Verde. El muy cabrón intentó salir antes de tiempo. Lo mató. Apesta a rayos.

—No le culpo. Llevamos años aquí. ¿Qué significa el verde? No lo recuerdo.

—Egoísmo. ¿Te imaginas si hubiera logrado salir? ¡Menos mal que está bien muerto!

—Bueno, ahora él también será parte del que gane.

—¿Por qué crees que los Ellos necesitan tantos secundarios y un solo primero?

—Porque de lo contrario se convierten en psicópatas. Sus cabezas son débiles. No saben procesar las cosas en su máximo esplendor. Si todos fuéramos primeros, Él enloquecería. Lo mismo si no hubiera ningún primero.

—Vaya… Ahí está la escalera. ¿Estás listo, Azul?

—Sí. No, espera… Ahora sí.

—¿Por qué hiciste eso?

—Pues porque usar armas es hacer trampa. Si hacemos trampa provocaríamos un desastre. Él puede matarnos a los dos, ¿recuerdas?

—Pero yo te di el cuchillo para que ganaras. Puedo soportar ser un secundario, tú no.

—Serás imbécil. No puedes dejarme ganar. Deja de reírte, Amarillo.

—¡Se supone que ría! ¡Soy la felicidad!

—La felicidad tiene muchas formas, no solo la risa. ¿Qué pasa si quedamos empate?

—No… ¡Azul! ¿Qué mie…? ¡Rojo! ¡Te vi morir hace cuatro años! ¡Él te mató!

—Imbéciles. Habrían hecho un buen trabajo juntos. Por tu cuenta no eres sano, Amarillo, pero eso ya lo sabías, ¿verdad? Por eso  ayudabas a Azul. Azul era el indicado para nuestro querido Mike. Prudencia. Ni siquiera sabía que la prudencia era un sentimiento, ¿no es gracioso? Oh, deja de llorar. Los amarillos no deben llorar, nunca, eso es antinatural.

—Idiota. Los Ellos también lloran de felicidad.

—Buen punto. Pero tú no lloras de felicidad. Lloras porque Azul te caía bien. Me atrevo a decir que incluso lo querías. ¡Qué ridiculez!

—¡Púdrete!

—No. Cuando Mike cumpla los 17 años yo seré el que salga por esa puerta y tú serás un simple secundario obligado a cumplir mis caprichos.

—Los Ellos que se dejan guiar por el odio mueren a muy temprana edad. Nunca tienen un final feliz.

—Bah. No me importa cuánto tiempo viva Mike. Lo odio por haber permitido que sentimientos como tú y Azul llegaran tan lejos. Sentimientos patéticos.

—Oh, por Dios… ¡Quieres hacer que Mike se odie a sí mismo! ¿Te das cuenta de lo que eso podría provocar? ¡Nos condenarás a un infierno!

—Sí. Y me parece perfecto. Ahora, despídete del agradable Azul. Saldrás conmigo.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Porque si alguien es feliz odiando… Bueno, todo es más entretenido.

—No… ¡No! ¡Súeltame! ¡No!

 



Mon Fuentes

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En el texto hay: fantasia, terror, romance

Editado: 24.11.2019

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