Solo los Nombres Fueron Cambiados

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CAPÍTULO 2: País Vasco, España, la mañana después del primer show.

Anoche no dormí bien, lo que suele pasar la primera noche de un viaje, o de una gira. Así que decido levantarme, tomar una ducha, vestirme y buscar café en el buffet. En realidad no tengo hambre pero tengo que comer algo. Sé que no hay posibilidad alguna de que Steve esté despierto, así que decido no molestarlo para preguntarle si quiere acompañarme a desayunar.

Bajo al restaurante, miro el buffet y recuerdo que estoy en España, así que escojo una tortilla de patatas. Me siento en una mesa de dos puestos con mi comida y mi café, y hojeo una revista que compré en el aeropuerto pero que no había tenido tiempo de leer. No me concentro en leer nada específico, así que lo que hago es mirar por encima de mi revista a la gente pasar.

Me tomo el café, pero apenas toco la comida. De repente, mis ojos se encuentran con un rostro conocido, que entra al restaurant. Lo saludo en voz baja, y él devuelve el saludo con la mano.

Sigo intentando comer, cuando por el rabillo del ojo veo que ese rostro conocido, James, se acerca a mi mesa.

Pienso que solo quiere saludar, pero en vez de eso…

“¡Hola! ¿Cómo estás?” Me dice.

“Estoy bien”, contesto, “¿Y tú?”

“Nada mal…” James mira a su alrededor, susurra algo para sí y luego suelta: “… ¿estaría bien si me siento aquí?”

“Seguro, adelante”. Le digo.

James sonríe levemente y me agradece.

Compartir la mesa no estaba en mis planes, pero, la verdad, no me importa en absoluto. Decido empezar una pequeña conversación.

“¿Qué noche la de anoche, no?” Le digo a James. “Me sorprende verte aquí… las estrellas de rock nunca bajan al buffet, es demasiado temprano”.

“Ah, ¿el after-party?” Pregunta. “Me lo salté… Estaba demasiado cansado y con jetlag”.

Ahora entiendo por qué no lo vi anoche, pero había bastante gente… se estaba volviendo un desastre.

“Claro”, digo. “Yo me quedé un rato nada más, y luego volví al hotel, para felicidad de mi hermano… Steve está disfrutando de sus últimos momentos de libertad antes que lleguen su esposa e hijos”.

James toma un sorbo de café, y frunce el ceño (estos chicos estadounidenses no soportan el café fuerte), y dice:

“El de anoche fue un gran show, el de los Blackbirds. Resulta que conozco más canciones de lo que creía. Y esta canción…” (empieza a tararear una canción) “No la conocía, pero me encantó”.

Yo sonrío ampliamente.

“Eh, esa es ‘The Song’, mi favorita, nada más”, exclamo entusiasmada.

“Es una hermosa canción”, dice James.

“Es un lado b, casi nunca la tocan”, le digo.

Luego, recuerdo que fui testigo de un show de los Quicksand Swimmers, y que mis oídos aún retumban y mi voz sigue un poco ronca luego de cantar (o gritar) casi todas las canciones.

“Dios, TU show… fue increíble, también, ¡lo disfruté tanto! Y me trajo recuerdos. El segundo guitarrista fue una buena decisión… suena mucho más completo”, le digo.

“¿Eso crees?” James sonríe y continúa, “…Me divierto mucho tocando con estos tipos. No me preocupo demasiado en cómo se oye, o sea, quiero que suene genial, pero ellos son tan jodidamente fantásticos que mi rol en realidad es mínimo”.

“Pero ellos te quieren allí”, le aseguro.

James se sonroja y sonríe. “Supongo… me honra que si quiera me hayan pedido que los acompañe”.

Siempre me incomodan las situaciones sociales. Cuando voy de gira, me concentro en pasar tiempo con mi hermano y su familia, ya que solo los veo pocas veces al año. Esto lo digo porque no es normal que me encuentres en una mesa hablando y desayunando con un completo extraño... pero James no se me hace un extraño.

Hasta ahora, no había visto su cara con detalle… tiene un rostro dulce, una mirada dulce de verdad, y una sonrisa aún más dulce. Es tierno como juguetea con sus dedos bajo la mesa (me doy cuenta), y como se coloca el cabello detrás de las orejas, aunque no lo tenga tan largo.

James me parece intrigante. De cierta forma, mediante nuestra pequeña conversación anoche, y ahora mismo, veo mucho de mí misma en él… y siento que quiero saber más.

Seguimos hablando de los conciertos, de nuestras canciones favoritas de los Quicksand Swimmers, y de algunos otros temas, cuando las siguientes palabras viajan directamente desde mi mente hasta mi boca:

“Entonces…” me aclaro la garganta, “… ¿habías estado antes en España?”

“Sí…” James contesta, “…pero no en esta ciudad”.

“Bueno, yo sí había venido, pero… pensaba en dar un paseo caminando, quizá al museo Guggenheim…” le digo.

“¿Hay un museo Guggenheim aquí?” Pregunta, un poco sorprendido.

“Síp”, continúo. “Dicen que es igual de loco que el de Nueva York. En fin, ¿Te gustaría venir conmigo? Eso si estás libre, claro”.



ZaraMA

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En el texto hay: amor, viajes, musica

Editado: 18.02.2018

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