Solo Tú

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Capítulo 10

Ella

 

No entiendo que pasó, mi papá tiene la cara toda golpeada, mi mamá abraza a Dylan mientras el me agarra la mano y ahora si no la quiere soltar, tampoco ha dejado de llorar. Y al verlo yo he llorado con él.

—Mi mamá, mi mamá —es lo único que dice. Un policía se acercó a nosotros.

—Señor Suárez debe venir con nosotros para levantar los cargos de homicidio culposo en contra del señor Miller por el asesinato de la señora Miller e intento de homicidio contra la señora María de Gaitán. Debe contar lo que sabe. Ya hablé con la señora María y ella se presentará en la delegación de policía después que la examine un médico.

—Claro que sí oficial —se dirigió a nosotros, Dylan seguía llorando y dando gritos y eso me tenía el corazón añuñio, no quiero que sufra, pero mataron a su mamá—. Sam amor, llévate a los niños a la casa, trata que Dylan se calme, me encargaré de todo, regresa con la señora María.

—Luis —mi madre lloraba—. No puedo creer que esto haya pasado.

—Yo tampoco lo creo, ve a la casa amor —vi como mi papá se iba en la otra patrulla y las ambulancias se iban, la casa quedó con otros señores de traje y varios con batas. Hablaban de la escena del crimen. Dylan caminaba por inercia, al llegar a nuestra casa mi mamá dijo que lo llevara a mi habitación, ella nos alcanzaría, debía hacer unas llamadas y le traería un calmante a mi amigo, le dio un beso en la frente antes de que empezáramos a subir con dirección a mi cuarto. Dylan se sentó en el mueble en mi cuarto y me senté a su lado, seguía aferrado a mi mano, por momentos lloraba, por otros permanecía callado, otras veces gritaba y volvía a callarse. No sé qué decirle.

—No tengo idea de que decirte para que te sientas mejor. Sigue apretando mi mano si eso te ayuda, es lo único que puedo ofrecerte —era la primera vez que me veía, después de lo que pasó y esos ojos verdes estaban muertos, lo abracé con la mano que tenía libre.

—Mi mamá Bodoque.

—Siempre estará contigo y ella te dejó en compañía de tu abuela y de nosotros.

—Mi mamá —yo me estaría muriendo sin mis padres.

—¡Ay Dylan! No sé qué decirte para que te sientas mejor. Pero te puedo prometer que si tu caminas yo camino, si tu brincas yo brinco, si tu ríes yo rio, si lloras yo lloro, si corres yo corro y si saltas yo salto —nuestras miradas se aferraron una a la otra, conformando un juramento entre los dos. Mi mamá llegó con una pastilla y agua, tenía los ojos rojos por estar igual que nosotros llorando. La señora Martina era la amiga de mi mamá en esta ciudad.

—Toma hijo, esto te ayudará a que puedas dormir —en ese momento Dylan comenzó a llorar o más bien a gritar, mi mano se movía de un lado al otro, él no la soltaba, mi mami lo abrazó fuerte y en los brazos de ella seguía jadeando Le ofrecí la pastilla y le pasé el vaso con agua, se la tomó sin dejar de mirarme.

—Estoy contigo, siempre estaré contigo.

—Júralo Bodoque.

—Palabra de sabanera, te lo juro.

No volvió a hablar, solo lloraba en silencio y lloraba. Se estaba durmiendo en los bazos de mi mamá y yo cabeceaba. No sabía que horas eran, mi padre llegó con la señora María quienes entraron a mi cuarto y en ese momento se me espantó el sueño, Dylan por el efecto del calmante seguía dormido, pero suspiraba de sentimiento. Su abuela estaba con los ojos hinchados por el dolor del alma y los golpes que tenía.

—¿Cómo se siente señora María? —es mejor que hablen los adultos.

—¡Ay hija! —comenzó a hablar la abuela de mi amigo, mi papá trajo la silla de mi escritorio para que se sentara y él se posó en el brazo del sillón al lado de mi mamá —. Ver como matan a tú hija —los vellos de todo el cuerpo se me erizaron cuando esas palabras salieron de la mujer mayor, quien lloraba de dolor. Mi madre le dijo algo a papá y él salió de la habitación, cuando se calmó un poco continuó—. Le estábamos organizando la bienvenida a mi niño, le habilitamos un cuarto para su estudio de música, le compramos el piano, aunque ustedes también hacen parte de ese regalo, desde hace un año mi hija lo ha estado pagando y las últimas cuatro cuotas que faltaban las pagaron ustedes hace una semana. Gracias, Martina te comentó y tu fuiste quien le dijo a tu esposo para que las pagara como regalo de cumpleaños. Cuando tocaron a la puerta pensamos que era nuestro niño. Nunca nos imaginamos que fuera el psicópata de Jhon, porque es lo que es. Pero juro que se pudrirá en la cárcel. Yo me había quedado en el cuarto de música y cuando escuché un grito bajé, mi hija estaba recibiendo cuchillada tras cuchillada, solo fue cuestión de minutos Sam, mi hija que abre la puerta y es asesinada, yo bajé lo más rápido que pude y el arremetió contra mí, pero yo logré poner el brazo y en ese instante ingresa Luis. Tu esposo me salva, pero no bastó para mi Martina, mientras ellos peleaban yo llamé al 911, todo pasó en menos de 20 minutos. Dado que mi hija registra en el historial como víctima de agresión familiar, los policías llegaron rápido. Pero ya mi hija estaba muerta —no puedo creer lo que está diciendo, la señora María se tapó el rostro con las manos, mi papá llegó y le entregó la misma pastilla para que se relajara.



Eilana Osorio Páez

#206 en Novela romántica
#23 en Novela contemporánea

En el texto hay: humor, juvenil, musica

Editado: 18.08.2019

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