Solo Tú

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Capítulo 12

Ella

 

Mi mamá me está volviendo loca con este cuento de los quince años, desde que llegamos a Montería solo se ha puesto a organizar dicho evento, me faltan mes y medio para tener mis anhelados 15, pero quiso adelantarlo, dado que en Atlanta no soy tan amiguera, salvo mis dos chicos maravillas, Dylan y Lucas, los cuales están increíblemente grandes, ellos crecieron como palo de coco mientras yo lo hice para los lados, a mí no me estiraron a mí me inflaron. Tenemos un mes en mi hermosa tierra, en esta ocasión Lucas nos acompañó, él no sabe nada de español, como dice mi mejor amigo, “Y menos aprender el español cordobés”, nosotros somos sus traductores. Todo por la fiesta que realizarán mis padres este fin de semana y no veo la hora que termine esta tortura, para irme a la finca. Nos encontramos en el patio de la casa con un coreógrafo ensayando seis canciones, algo que ¡ya no se usa!, pero a mi linda madre no hay quien la haga cambiar de idea. Tradicionalmente las cortes de quinceañeras son con 15 parejas incluyendo la cumplimentada, en mi caso, como no tengo ese pocotón de amigas se hará la famosa corte con ocho parejas incluyéndome. Mis amigas están felices y enamoradas todas de mis dos amigos. No puedo contradecirlas, yo los veo como mis amigos del alma, lo cierto es que Paola, Cecilia, Lorena, Elena, Sofia, Beatriz y Cristina chorean la baba por Dylan y Lucas que parecen que tuvieran más edad y no 16 y 17 años, dos gringos, monos, ojos claritos uno los tiene verdes, el otro azul, a mis amigos no les ha gustado para nada ya que las chicas no les prestan atención, los han ignorado, sin embargo mis amigos Guillermo, Emilio, Javier, Pablo, Alexander y German no han sido groseros, en lo absoluto, los han integrado en todos los eventos y fiestas realizada en este mes en sus casas, salidas a comer, idas a cine. En fin, lo cierto es que no pueden hacer nada ante los gringos, y no es que mis amigos estén feos, ¡para nada!, es solo que la novedad las ha alborotado. Mientras el coreógrafo ensaya unos pases con los participantes que aún no han cogido un buen ritmo yo solo hago un repaso de lo que ha pasado en los últimos dos años.

Dylan volvió a encontrarse con la música el año pasado cuando le regalé una guitarra ya que la suya paso a mejor vida después de que la aguañañó contra la pared. Esa vez hablé con mi abuelo y le dije que me vendiera tres de mis vacas, pusiera el dinero en la cuenta de mi mamá y poder comprarle la mejor guitarra, ahora no la deja en ninguna parte, retomó las clases, en el barrio se está dando a conocer, en el colegio también tiene alborotadas a todas, conformó un grupo donde él es el vocalista, toca la guitarra o el piano, Lucas la batería y lo hace increíble, hay dos integrantes más Ricky y Lucían en la banda Los Absurdos. No me pregunten porque ese nombre, lo cierto es que tocan muy bien esos Absurdos. Por mi parte no me despego de ellos, como dicen en la escuela yo soy la mascota, imaginen los sobrenombres que ahora tengo y la verdad me resbalan, sé que me envidian porque ellas desearían estar con los chicos más apuestos del colegio, Ricky es flaco de rostro bonito, un pelinegro con ojos grisáceos cuando se pone al lado mío somos el 10 o el 01 dependiendo de si está a la izquierda o derecha. Lucían es el bajito, pelirrojo de cuerpo atlético, leves pecas que lo hacen ver muy lindo. Ellos son mis amigos, aunque Dylan les ha dejado en claro, solo él es el que tiene el título de mejor amigo, por momentos siento que le da celos cuando los chicos hablan mucho conmigo, teme a que sea reemplazado. En fin, soy el balón que envidian todas las viejas hasta la super modelo de Vicky y sus divas de pacotilla. Ellos no saben que estoy grabándolos, haré hasta lo imposible para encontrar a una casa talento y los escuche, eso es lo que quiero hacer en mi vida, estudiaré relaciones públicas, lanzaré al estrellato a mis Absurdos.    

En el tema de mi extraña enfermedad, ni sabemos que hacer, por ahora el doctor Robinson la ha llamado Enfermedad Páez, Dylan no sabe nada al respecto, salvo que una vez me internaron por haber vomitado sangre y nada más. El caso se ha repetido un par de veces más, me han realizado todos los exámenes y nada que dan con el chiste, lo único es que es algo genético trasmitido por mi madre, ella también tiene variación en el gen, pero no se le desarrolló, y parece que eso es lo que me hace acumular sangre en mi estómago y en cualquier momento lo vomito, es un caso único hasta el momento reportado, ya no solo está el doctor Robinson al frente, ahora hay un par de médicos científicos, fueron ellos que a través del ADN detectaron lo poco que sabemos. Del resto estoy bien, lo único que me dijeron es que debo bajar de peso. Vuelve la burra al trigo.

—¡Niños! —llamó el coreógrafo—. Mis corazones, tenemos tres días para dejar esto al pelo ¡por favor! Mis niños, cada uno con su pareja —el ademan realizado me hizo reprimir una carcajada, al mirar a Dylan que era mi pareja, no quiso por nada del mundo que Lucas lo fuera—. En formación —puso la pista que íbamos a bailar, yo escogí las canciones y me pueden decir anticuada, pero soy amante a la música de la época de mis papás, la de los 90, por eso bailaremos un merengue de Wilfrido Vargas, el tradicional vals, una salsa del Joe Arroyo, una balada de Chayanne, una champeta y un porro sabanero, esto era nuevo y fue sugerencia mía. Estás eran las canciones que hace un mes estamos ensayando—. Quiero implementar un último paso, por ahora los que ya sabemos, solo detendré la pista para meter lo que quiero hacer.



Eilana Osorio Páez

#152 en Novela romántica
#17 en Novela contemporánea

En el texto hay: humor, juvenil, musica

Editado: 22.08.2019

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