Sonríe

Tamaño de fuente: - +

2

Puedo escuchar el sonido tintineante de una campana diminuta acompañada de pisadas sobre lo que parece un suelo de madera. La venda con que este demente cubre mis ojos me hace sentir vulnerable y quizá en una respuesta natural ante el miedo que me despierta, mi instinto de supervivencia incita a que agudice mis sentidos. Percibo un aroma a humedad bastante molesto, mismo que se acompaña por el tenue traqueteo de una gota que se estrella contra el suelo; por el ruido y el eco que también envolvió la voz del tipo mientras me hablaba, además del aroma húmedo y repulsivo, supongo que me tiene en una especie de alcantarilla.

Muerdo mis labios tratando de recordar donde estaba antes de este incidente pero mi mente está en blanco. ¿Habrá usado alguna droga que pueda generarme amnesia temporalmente? Desconozco sobre el tema y me angustia. No sé qué hacer. Bajo la cabeza con desolación invadiendo mi pecho. Me siento débil. Esto me aterra.

—Estoy listo, mi bien. —Escucho la voz del tipo llegar a mí atravesando el eco desde lo que supongo es el otro extremo de la habitación. Habla otra vez con tono agudo e infantilizado—. Espero que no estés durmiendo de nuevo, ¿sí? —dice y yo me estremezco.

Me asusta responderle, pero también lo hace el mantener el silencio. Trago saliva y siento un ligero ardor en la garganta, una resequedad incómoda. Carraspeo tan bajo cual susurro antes de responder.

—No lo hago —digo. Mi voz sale átona y trémula.

El tintineo y las pisadas se distorsionan una vez más en el eco. Hay un segundo de silencio que se ve cortado por una horrenda música de circo ensordecedora. Desentonada, saturada y llena de estática, apenas puedo distinguir algunas notas en la canción y una especie de voz de fondo que canta murmurando palabras que no logro entender, ni siquiera sé si está en español. Un escalofrío me recorre y desvío la cabeza mientras intento cubrir mis oídos encorvando el cuello y alzando los hombros.

—Oh, ¿te molesta? Tú disculparás que torpe soy ja, ja, ja, ja. —Se ríe el maldito—. Siempre olvido modular el volumen antes de empezar el show, mi bien. Es que me encanta esta canción y cantarla todo el tiempo, ¿no es lo mejor?

Guardo silencio ante la clara burla hacia mí, mantengo mi postura y me muerdo la lengua. No sé por cuánto tiempo el escándalo perdura y aprieto los dientes mientras imploro en mi cabeza que se detenga. Mis tímpanos amenazan con explotar, el dolor que me provoca punza en cada célula. Abro la boca para pedirle que se detenga pero entonces la música baja de volumen.

—Debes responder cuando te hablo —me dice. Los tonos graves que salen en su voz entre susurros me inquietan.

—Lo lamento —pronuncio. Entiendo que lo recién acontecido fue un castigo, una forma de reafirmar que está al mando y puede hacer conmigo lo que le venga en gana. Si no lo mantengo feliz y accedo a sus infantiles y dementes deseos, puedo no salir de aquí. Aunque sinceramente, no sé si cumpliéndolos podré salir—. Es que creí que el show había empezado —añado modulando mi voz. No quiero provocarlo.  

Lo escucho gritar de emoción otra vez con voz infantil y se me eriza la piel. Sus tonos graves me inquietan, los agudos me aterran. Muerdo mis labios cuando él comienza a darme la bienvenida por asistir al espectáculo, enfatizando que será algo inolvidable. Ahora dice que me prepare para la diversión, al hacerlo llega a mis oídos un suave clic e inmediatamente, un aroma putrefacto se mete en mis fosas nasales. Doy una arcada en la silla y agacho la cabeza.

—¡Es un gusto estar aquí contigo, Slippy! —dice el maldito feminizando su voz—. A mí también me encanta tenerte aquí, María —se responde a sí mismo hablando como payaso. Está haciendo un acto de ventriloquía.

Giro la cabeza hacia la izquierda mientras doy otra arcada y no puedo evitar que mis ojos se cierren aun cuando soy consciente de que no hará ninguna diferencia. Me doy cuenta de que el aroma a podredumbre que se antepone al de humedad, más la voz feminizada y un claro acto de ventriloquía, solo pueden significar una cosa: está utilizando un cadáver como títere.

Dios mío, ¿qué está pasando?



Kim Pantaleón

Editado: 05.07.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar