Sonríe

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Síndrome afectivo hipertímico.

Esa es una enfermedad que me costó mucho trabajo memorizar, ¿sabes? Especialmente fue difícil para entenderla, pero sin ella tú y yo no estaríamos aquí, mi bien. Aunque me parece intrigante, la verdad estoy en total desacuerdo con que piensen que se trata de una enfermedad mental. Ser feliz no está mal, por el contrario ¿no han pasado años los psiquiatras y psicólogos lidiando con la depresión? ¿No lidian con cosas negativas como el estrés postraumático y las fobias? Incluso hacen tratamientos —a veces inhumanos— para curarlos, ¿entonces por qué ser feliz siempre está mal?

Yo tengo una respuesta a eso… ahora no te duermas y recuerda muy bien lo que te digo, es importante para que tú entiendas como yo lo hice.

Me sentaré aquí frente a ti en esta silla de caoba rojiza, ¿estás de acuerdo? ¡Já! Asientes despacio con la cabeza y sonriendo, que ternura. Ya estás aprendiendo…

¿Que qué pasó con el show, preguntas? ¡Este es el show, mi bien! La parte central es la alegre historia que estoy por relatarte, ja, ja, ja, ja. Normalmente disfruto mucho más cuando María me ayuda a contarla, ¡pero qué diablos! Está indispuesta y tú eres la última persona en mi lista de invitados, así que no importará mucho si ella no está.

Al fin y al cabo… ella siempre está en esta historia…

¡Bien, aquí voy!

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Érase una vez una encantadora niña de tan solo ocho años de edad. Ella disfrutaba de bailar con coloridas y brillantes faldas de ballet y zapatos lisos acorde; amante de la danza, los unicornios y los gatos de peluche, esta tierna niña era la alegría de su hogar. Su madre y padre la adoraban, los amigos de su padre la adoraban igual… o casi igual. Tal vez demasiado. Tal vez uno de ellos la quiso de forma equivocada, como nunca debe quererse a un niño.

Él le hizo daño a ella, pero ella estaba asustada y en su miedo e inocencia guardó silencio tanto tiempo como pudo. Ella calló por dos años, hasta que su personalidad se fue destrozando, su alegría se menguó. A los diez, ella solo se pasaba el tiempo encerrada en su habitación jugando con su marioneta favorita, ocultando que durante esos años el dolor se repetía con horripilante frecuencia. Quizá pasó todo ese tiempo preguntándose por qué algo como eso le había ocurrido; ¿qué culpa tenía si tan solo era una niña? Ninguna. Era un ángel en un mundo depravado.

Dicen que los animales actúan por instinto y que el ser humano es un animal. La diferencia es que el instinto animal es de supervivencia, y el humano de perversión.

Los padres de ella se dieron cuenta del cambió de actitud de su hija, mas ninguno supo actuar en el momento indicado…conocieron la verdad demasiado tarde. Si lo hubieran hecho la historia terminaría aquí. Pero no. Ella sufrió por dos años en silencio hasta que sus padres por fin decidieron indagar en su extraña nueva actitud, le hablaron, le preguntaron pero no dijo nada. Fue entonces que todo se complicó: empezó a llorar en todo momento, a sentirse abrumada con las personas y tener ataques de ira cuando estaba asustada. Incluso solía desmayarse. Sus padres decidieron llevarla con un «especialista».

A partir de esta parte de la historia, mi bien, quiero que me hagas el favor de cerrar los ojos bajo la venda. Quiero que te imagines la historia como si estuvieras ahí, que la visualices… siente lo mismo que ella sintió. Esa opresión en el pecho que te dificulta respirar mientras los latidos de tu corazón se disparan como balas al cielo. Pero no te duermas, no me obligues a empezar desde cero. Asiente con la cabeza si estás de acuerdo y no olvides sonreír.

Así me gusta. De verdad estás entendiendo.



Kim Pantaleón

Editado: 05.07.2019

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