Sonríe: Una Vez más

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Un Nuevo Comienzo

Unas semanas después de instalarse en el condominio que Ara tenía en la Ciudad de México, Angélica estaba tomando un café con sus amigas cerca de la universidad, ese día la acompañarían a una cita para decidir a dónde se mudaría, por cuestiones económicas había decidido rentar un cuarto de estudiante, además no tenía sentido gastar el doble de la renta en un departamento, si solo lo usaría para dormir.

La mayoría del tiempo la pasaba en la escuela o con sus amigas, el cuarto solo lo usaría para dormir y no había nadie que la visitara, en caso de que necesitara trabajar fuera del taller que había en su universidad, podía hacerlo en casa de Vero.

―¿No te ha buscado Tomás? ―indagó Kat.

―No. Sinceramente creo que es mejor así, no sé qué podríamos decirnos.

―¿Si él te pidiera perdón le darías otra oportunidad? ―cuestionó Vero.

―Por eso no quiero verlo, porque sé que si me pide otra oportunidad terminaría cediendo, pero no sé si algún día pueda perdonarlo.

―¿Crees que algún día puedas amar a alguien como lo haces con Tomás? ―insistió Kat.

―No sé, Kat. Lo que siento por él es tan fuerte que me duele el corazón solo de escuchar su nombre. No es solo el tiempo que pasamos juntos, sino todo lo que hemos vivido, lo mucho que él me ayudó para salir del hoyo y ahora siento que me encuentro en el mismo punto.

―Antes solo tenías a Liliana y Tomás, ahora aunque tu relación con Tomás haya terminado, tienes a tu hermana, y nos tienes a nosotras. ―recordó Vero.

―Lo sé. Sé que las tengo a ustedes, por eso trato de seguir adelante, pero a veces es tan difícil no dejarse caer.

―¿Qué harás, te quedarás en ese estado de desolación solo porque tu relación con Tomás se terminó? ―regañó Vero.

―No sé qué hacer, a momentos me dan ganas de regresar al puerto, y esconderme.

―No, Angie. No puedes hacer eso, tal vez no esté aquí toda tu vida, pero al menos está la universidad y estás estudiando lo que tanto amas hacer. No puedes tirar todo a la borda, porque no se dio algo que esperabas con todas tus fuerzas. ―reiteró Kat.

―Sé que tienen razón, por eso es que no me he ido, seguiré estudiando hasta terminar la carrerra.

―Así me gusta ―agregó Vero. ―Nadie dijo que fuera fácil olvidar a quien amas, pero estoy segura que lo lograrás, si sientes que es demasiado para ti, no olvides que estamos nosotras. ―agregó. Angie asintió. Si había superado la muerte de sus padres, podría superar la separación de Tomás, solo necesitaba encontrar la forma para hacerlo.

―Sí, Angie. No puedes seguir así. ―terció Kat.

―¿Qué te han dicho de la galería? ―indagó Verónica para alejarse un poco del tema que tenía tan mal a su amiga.

―No he ido.

―¿Cómo que no has ido? ―cuestionó Katia sorprendida―. Creí que Miguel te había llevado.

―Fui a dejar las pinturas, se quedaron con varios, pero no he regresado a ver si se ha vendido algo o no.

―¿Cuándo piensas ir? ―cuestionó Vero.

―No sé. Tengo miedo. ―agregó titubeante.

―¿Por qué miedo? ―cuestionó Katia.

―¿Qué pasa si no se ha vendido ni un cuadro? ¿Qué voy a hacer?

―¿Qué si se han vendido todos y tú no vas a cobrar tus ganancias? ―refutó Vero.

―Claro que si no quieres ir, podemos ir nosotras a cobrar por tus obras y dejar los nuestros. Si te llamaron a ti, es por algo ―ironizó.

―No estoy tan segura que se hayan vendido. No tienen nada de especial.

―Claro que sí, tienen algo de especial que tú los hiciste y les dedicaste tiempo, son diferentes a los demás, cada artista le pone su toque especial a su obra, sin importar si es mejor o peor que otra. Siempre será única, eso es lo que nos hace distintos a los que no trabajan en nada relacionado con el arte. Pueden parecerse entre sí las obras de diversos artistas, pero corresponde a cada uno darle el toque para que sea especial. ―explicó Verónica.

―Es cierto, Vero tiene razón. Le voy a decir a Miguel que mañana pase por ti para que te lleve a la galería. Estoy segura que se habrán vendido todos y te pedirán más.

―Está bien―contestó a regañadientes.

Cuando terminaron de tomar su café, o mejor dicho de regañar a Angie, se dirigieron a la cita con la casera. El cuarto era realmente pequeño solo cabía una cama individual, un ropero, una mesita de noche, pero contaba con baño y una pequeña cocineta. La dueña, a pesar de parecer una persona agradable, dejó en claro que eran cuartos para señoritas estudiantes, por lo que las visitas de hombres estaban descartadas.



AleBPena

Editado: 21.06.2018

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