Sophia © // Sus ojos vieron más de lo que deberían.

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CAPÍTULO XXIV

Envoltura.

 

Podía ponerme en el lugar de la tía Darla, pero lo que no podía era pensar como ella y actuar como lo hizo, supongo toda su vida. Ella creció y se separó de mi madre y mis abuelos. 

Por diferencias que nunca pude entender, crecí sin conocerlos a ambos. Mi madre solo nombraba a mi tía cuando sentía su ausencia y pensaba en lo distinto que podrían haber sido las cosas. Pero tampoco pude entender porque no simplemente se hablaban y dejaban de pensar tanto las cosas. 

Los grandes a veces podían ser muy complicados. 

Cuando mi madre se casó con mi papá estaban tan contentos que no lo pensó dos veces e invitó a su hermana a la boda. 

El día del casamiento tan solo asistieron amigos de la pareja y quien entró a mamá, no fue más que el mismo chofer que la traía, a quien le pidió el favor impulsivamente. Yo no era nacida  aún, pero ella siempre me contaba la historia. 

Según mamá, se amaban tanto que no pasó mucho tiempo cuando quedó embarazada de mi. No habían planeado del todo la vida, pero no les importaba, si estaban juntos. 

La tía Darla se casó por primera vez con un hombre y se divorció cuando se entero que no podía darle hijos. Quizá necesitaba algo suyo que pudiera amar para sentirse llena. 

No pasó mucho tiempo, que conoció un abogado que vestía trajes a medida, el cual le podía dar los hijos y la vida que quería.  Se casó por segunda vez en un corto tiempo, a mi mamá nunca le llegó invitación. 

No pasó mucho de su boda que nació Mason con tan solo unos meses de diferencia. 

Luego de un tiempo perdió una niña que llamaría Beatriz. El parto se adelantó y la niña no lo resistió. 

Supongo que no perdió del todo las esperanzas porque a los dos años, nació Tara. 

Pareciera una buena vida. Auto lujoso, lujosa casa, niños rubios y de ojos claros, bellos como familia de revista. 

Una vez me fui a vivir con ellos no podía dejar de pensar en caramelos.

No era que estuviera obsesionada con ellos o que me gustaran tanto los dulces. La verdad es que yo no podía dejar de pensar, en que la familia de la tía darla era como ese pegajoso caramelo incomible, que aún así comprabas en la tienda. 

No lo compras por rico, si no por su envoltura colorida y divertida, que hacía que entre todos aquellos deliciosos caramelos, tú eligieras el pegajoso de la esquina, que llevaba más de un mes en ese mismo rincón. 

La familia de la tía Darla era eso mismo. Un caramelo podrido, con una hermosa envoltura. 

Cuando llegue a su casa luego de lo sucedido con mis padres pude sentir que algo no estaba bien allí. Pero en su forma loca de matrimonio parecían sobrellevarlo. Mason era histérico y maleducado, pensaba que era el clásico niño de padres adinerados, pero supongo que la relación de sus padres y la vivencia en su casa todos estos años, lo formó de esa manera. 

Si bien por fuera la familia parecía cálida, dentro de la casa su convivencia era más brusca y solitaria. La tía Darla era ama de casa y solo servía para eso. Pasaba sus días tan solo viendo recetas de Cocina y mandando a la empleada a limpiar como se debe la casa. Porque ella siempre sabía más de eso, -que no limpiaba nunca- que una persona capacitada para el trabajo, enviada por una empresa de limpieza, como lo era Carol. 

Tara tan solo no pensaba. Ahora puedo entender que es más fácil así. 

Darla no entendía que hacía aún así. Allí. 

Yo supongo que a veces la costumbre y el miedo a empezar de nuevo, no permite que podamos ver más allá, de donde nos encontramos. Inmóviles, decepcionados, y tratando de quitarnos entre los dientes el sentimiento de fracaso.

Quizá todo hubiera sido diferente, mamá tenía razón. 

 

Todo hubiera sido diferente si aquellos malentendidos hubieran acabado entre ambas, quizá ellas ahora vivían juntas y yo me llevaba bien con mis primos y mi tía leía recetas nuevas de cocina todos los días, porque no podía dejar aquel habito, pero esta ves nos manchábamos las caras con harina y sonreíamos mientras disfrutábamos unas asquerosas galletas. Pero las comeríamos igual y al día siguiente volveríamos a intentarlo. 

El ego pudo más. 

Y la tia Darla estaba ahora bajo tierra junto a Mason y mis padres. 

 Todo el mundo parecía culparme, pero yo sabía quién era en verdad. Y pronto el policía frente a mí lo sabría también. 

__ Podemos darte tiempo Sophi, pero quiero que entiendas que cuanto antes nos digas lo que viste, podremos resolver el crimen y saldrás como la única sospechosa. Por lo tanto ya no te adjudicaremos el asesinato de Darla y Mason Campbell. 

Te sacarías de un buen aprieto, déjame decirte.. 

El que hablaba era el oficial Joe con voz comprensible y grave. 

Mojé mis labios pronta para comenzar a contarlo todo. Agradeciendo a mis adentros por haberme mostrado la verdad una vez más.

__ Siempre me levantaba a las seis de la mañana, una hora antes de que todo mundo despertara. Y siempre era la misma rutina.

 Mike leía el periódico mientras terminaba de comer las tres tostadas con queso y tomaba su café negro sin azúcar. Darla fingía ser ama de casa y tan solo servía la avena que yo había preparado una hora antes, a sus hijos. Y yo Tomaba un vaso de leche y comía un sándwich con mantequilla de maní y jalea en la tranquilidad de mi cuarto, una vez todo estaba preparado.

  Ese día me levanté a las seis y dos minutos, cuando mi despertador sonó. Bajé en pijamas las escaleras podía escuchar el agua del fregadero correr, y la caldera llenarse. 

Caminé más despacio, pensé que me había despertado tarde y temía que la tía Darla se enojara conmigo. Pero pronto escuché voces. Eran tres voces distintas. Me asomé un poco más y allí estaba la tía Darla parada justo frente a una mujer alta, de pelo largo cobrizo y el tío Mike. 



GiirlGreen

Editado: 09.09.2019

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