Soy Agua

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Capítulo 31

Estambul, una ciudad que no me habría importado conocer en mejores circunstancias, pero ese día, lo que tenía ganas era de regresar a casa. Evan encontró el número de la embajada, y se puso en contacto con ellos durante el camino, para que así hubiese alguien esperando nuestra llegada. Apuró todo lo que pudo la llamada, porque, al igual que yo, no quería dar tiempo a los hombres de Dieter a interceptarnos.

Cuando nuestro coche se detuvo frente a la embajada, mis piernas estaban temblando. Iba a volver a casa, ahí estaba mi billete para regresar a España.

—¿Estás lista? – volví el rostro para encontrar la sonrisa tranquilizadora de Evan.

—Si. – caminamos juntos hasta la verja cerrada, donde un policía salió a nuestro encuentro.

—Hola, avisamos hace unas horas para avisar de nuestra llegada. –

—Identificaciones. – Evan sacó su pasaporte y se lo entregó al hombre.

—Como les expliqué por teléfono, ella no tiene nada. –el policía abrió el comunicador de su walky y pidió confirmación.

Un minuto después, Evan y yo estábamos siendo escoltados dentro del edificio. Y 20 minutos más, estaba contando mi historia ante un intrigado funcionario. Por lo que entendí, era el segundo al mando en el consulado.

—¿Así que no sabe cómo llegó al país? – yo negué con la cabeza.

—Recuerdo muy poco, imágenes perdidas. Los motores de un avión, luego un barco que se balanceaba…-

—¿Tampoco recuerda cómo consiguió escapar de sus secuestradores? –

—Recuerdo una cueva húmeda, y mucha luz afuera, árboles… y luego las personas que me encontraron. -

—El grupo de excursionistas que le trajo hasta aquí. –

—Les estoy muy agradecida. Sin ellos no sé cómo habría llegado a la embajada. –

—Una suerte que ese hombre, Ivan, hablara español. –

—Evan, sí. Es con el único que me entendía, los otros hablan raro. – el funcionario sonrió levemente.

—Sí, suenan igual que los del consulado de aquí al lado. Apostaría a que es alemán o algo parecido. –

—Con razón no los entendía. Ingles sí, pero alemán… ni palabra. - pasé mi mano nerviosa por mi pecho, buscando mi medallón, aun sabiendo que no estaba conmigo. Habíamos decidido que Angell se quedara con él, ya que así, la historia de que no entendía nada sería más real. Aunque realmente sí que lo hacía, pero no de la manera… ¿Cómo explicarlo?, podía entender lo que quería la otra persona con la que hablaba, algo general, pero no cada palabra. Sería algo así, como que, si alguien me ofrecía algo de beber, yo sabría que me está ofreciendo bebida, pero no sabría ni qué era, ni si estaba frío, o si sería una pregunta de si quiero, o si me informaba de que lo estaban trayendo. No sé si me he explicado bien. Era algo así como percibir la idea general.

Otro hombre entró en la habitación y apoyó un bolsón de esos rojos encima de una silla. Lo miré entrañada, pero en cuanto sacó un fonendo de allí dentro, supe a qué había venido.

—Buenas tardes, soy el doctor Sahin. ¿Puedo reconocerla? – di un vistazo al funcionario de la embajada y él asintió.

—Necesitamos comprobar su estado de salud. – dejé que el médico tomara mi muñeca para medir mi pulso.

—Sí, claro. Sé cómo va esto, estudio enfermería. –

—¿Sí?, ¿en qué curso está? –

—Estoy en el último de carrera. Se supone que me queda pasar el último examen y tendré mi título. – Una mujer, la enfermera del doctor supuse, preparó el material y me tomó muestras de sangre.

—Así que ya ha llamado a su casa para decir que se encontraba bien. – siguió preguntando el funcionario.

—Sí. Me dejaron un teléfono y no tuvieron inconveniente en que hiciese esa llamada. No estuve mucho tiempo al teléfono, porque no quería cargar a esas personas con el costo de una llamada internacional, bastantes favores me estaban haciendo ya. Solo pude tranquilizarles y decirles que volvería a comunicar con ellos. –

—Al parecer todavía no han tenido tiempo de quitar la denuncia en personas desaparecidas. – o tal vez no lo harían hasta que estuviesen seguros de que estaba a salvo y regresaría con ellos. Yo pensaba eso, y parecía que el funcionario también, aunque no lo expresó en voz alta.

—¿Podré hablar con ellos ahora? – el hombre asintió para mí.

—En cuanto tengamos un informe que presentar. – políticos, funcionarios o lo que fueran, ¡cómo les gustaba eso de los números, las estadísticas y los informes!

—Vale. –

Escuché como el médico le pedía a la enfermera unas pruebas específicas. Parecía que el hombre había constatado que llevaba unos días malcomiendo, aunque estaba bien hidratada. ¡Soy una bruja del agua, como para secarme! No dije nada, porque supuestamente el médico y su asistente estaban hablando turco, y se suponía que yo no los entendía. El médico se acercó al funcionario, y entre ellos compartieron una mirada cómplice, y eso no me gustó nada.



Iris Boo

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En el texto hay: reencarnaciones, amor eterno, brujas

Editado: 22.06.2018

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