Soy Agua

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Capítulo 56

Apreté instintivamente los dedos de Arsen, sentado a mi lado en el vehículo todo terreno. Él me devolvió una sonrisa. Al menos habían tenido la buena idea de adecentarlo para el viaje. Aunque aún seguía teniendo barba y el pelo muy largo, le había recortado bastante, y lavado. Sus ropas ahora eran nuevas, y parecía algo más humano con aquel mejorado aspecto. Me sorprendió que Jabah permitiese que viajáramos juntos en el mismo vehículo. De Sahira lo esperaba, pero que compartiésemos el vehículo, junto con un par de hombres más, me extrañó.

—¿Y Jabah? – le pregunté a Sahira.

—El príncipe viaja en el vehículo de delante. – genial, en el coche del que tragábamos toda la estela de arena. Por lo que sabía, nosotros éramos parte de la cola del convoy. No los últimos, porque al menos teníamos un coche detrás.

—¿Falta mucho para llegar? – lo sé, soy como una niña pequeña, pero es que el viaje era incómodo, aburrido, sofocante… lo tenía todo para cansar a cualquiera. Esta vez el que contestó fue el hombre que viajaba delante.

—Dos horas, tenemos que rodear la duna. – Si, podía llamarla duna, pero yo sólo veía una pared de arena de… ¿qué era aquello? Parecían…una ciudad, un… ruinas, eran las ruinas de algo grande. ¡Ah, porras!, aquella era la imagen que había visto en la laptop de Evan. Cerré los ojos y fingí dormitar mientras comunicaba con él.

—Lo veo. – fue su respuesta.

—¿Estáis lejos? –

—A una hora detrás de vosotros según el GPS. – una idea se cruzó en aquel momento en mi cabeza. – Viky, no. Es demasiado arriesgado, ¿qué…? Wow. – Si, eso, wow. La imagen que estaba en mi cabeza era precisamente eso, wow.  – Dame tiempo, intentaré alcanzarte lo antes posible. – corté la comunicación, porque lo que necesitaba era centrarme en otra cosa.

—¿Tenemos algo de agua para beber? – Sahira asintió, y rápidamente sacó un par de botellas de una pequeña nevera. Le tendí una a Arsen y tomé la otra para mí. Él me miró extrañado. – Será mejor que bebas. – no lo dije en voz alta, pero él recibió el mensaje. Abrió la botella y bebió tan deprisa como yo. Cuando terminé con mi botella, comprobé el lugar en donde estaban las ruinas, dejé que mis sentidos volaran fuera del coche, y me solté, vaya si me solté.

¿Saben cómo se crean las tormentas de arena en el desierto? Básicamente son fenómenos atmosféricos, provocados por la disparidad de temperatura en el aire y la superficie terrestre. Cuando en esa diferencia térmica es mayor en las distintas capas atmosféricas, hacen que el aire levante más partículas de arena y a más altura. Este fenómeno puede formarse en cuestión de pocos minutos, y convertirse en un infierno. La gente del desierto sabe que no debe enfrentarse a una tormenta de arena o haboobs.

–¡Haboobs, haboobs! – escuché como gritaba uno de los hombres de delante. El vehículo dio una fuerte sacudida cuando el conductor pisó a fondo el acelerador, tratando de escapar dejando la tormenta atrás.  Por la radio del vehículo intentaron advertir a los coches de delante, mientras comprobaban el avance de la nube de arena a nuestra espalda. Los coches del final del convoy que viajaban detrás de nosotros, se detuvieron cuando fueron alcanzados. Nosotros avanzamos un poco más, luchando por salir de la influencia de una pequeña duna cercana, porque cuando la tormenta te atrapa, debes evitar ponerte a cubierto cerca de una duna, ya que puedes quedar sepultado.

Calculé nuestra velocidad, la de la nube de arena, y cuando llegamos al lugar que había escogido, lancé la nube sobre nosotros. El conductor del vehículo maniobró para sacarnos de la carretera, y parar a un lado del arcén. Escuché como informaban al resto del convoy de que habían tenido que parar, pero poco más pudieron decir, porque la comunicación se tornó imposible. Cerraron las entradas de aire del exterior, y nos preparamos para permanecer quietos hasta que la tormenta parase. Sin visibilidad, golpeados sistemáticamente por el viento y la arena, ningún ser vivo se aventuraría a caminar allí fuera.

Mis ojos podían sobrevolar la gran tormenta, para ver la cabeza de la misma, donde el resto del convoy, aquel que estaba delante de nosotros, luchaba encarecidamente por escapar. Y lo estaban consiguiendo, no porque la tormenta fuese clemente, sino porque avanzaba a la velocidad adecuada para no alcanzarles, de momento. Quería que estuviesen lo más alejados posible de nosotros, quería a Jabah lejos, bien lejos.

Cuando estuvieron a la distancia adecuada, los engullí, uno a uno. Creo que fue Julio César quien dijo “Divide y vencerás”. Y eso fue lo que hice, dividir a mis captores, aislarlos dentro de una tormenta de arena, donde ninguno podría moverse, de donde ninguno podría salir en unas cuantas horas.

Llegó el momento de poner en marcha mi segunda parte del plan. Zarandeé el vehículo en el que estaba, lo golpeé con fuerza hasta que los gritos de aquellos que estaban dentro se mezclaban con el rugido del viento en el exterior. El todo terreno se convirtió en un insignificante juguete en mis manos, un juguete que hice girar sobre el suelo. Podían pensar que estaba loca, que podríamos salir heridos, pero los tres ocupantes que estábamos en la parte trasera del vehículo estábamos bien protegidos por un firme colchón de aire. El coche siguió rodando sobre la superficie de arena, hasta que los gritos de los hombres de delante cesaron. ¿Muertos?, no soy cruel, solo inconscientes, me aseguré de ello.



Iris Boo

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En el texto hay: reencarnaciones, amor eterno, brujas

Editado: 22.06.2018

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