Soy diferente ¿y que?

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Un regalo fallido

 

 

─ ¿Estas segura de que no viniste de una granja?─ escuche nuevamente aquella pregunta, por tercera vez en la semana. La misma que viene marcando mi vida desde que entre a la escuela a los tres años.

Y que me ah seguido hasta la preparatoria…

─Es que, según tengo entendido las unicas que son blancas con manchas negras son las vacas… Bueno, aunque en tu caso es al reves─ La burla y el sardonismo en la voz de Irina no podia ser más obvia de lo que ya era. No obstante, para su mala suerte, hoy no estaba interesada en escuchar sus satiricas comparaciones hacia mi persona.

En este momento me encontraba en mi solitaria mesa, en el area mas aislada de la cafeteria y a excepción de mi almuerzo, lo unico que abarcaba toda mi atencion era el ¿Como compraria el chocolate blanco para la tarta sacher que tanto le gustaba a mi abuelo? Hoy era su cumpleaño, y no podia asistir con las manos vacias a su fiesta esta noche.

«¿Como me hare para ir a la tienda Lovato al salir de clases?» pense en mis adentros, intentando calcular el tiempo que me tomaria el ir a la gran tienda repostera, mientras pinchaba los gisantes en mi bandeja de almuerzo. « ¿y si me voy corriendo?, quizas asi llegue mas rapido a la parada de autob…»

Estaba a mitad de pensamientos cuando un fuerte golpe sobre mi mesa provoco que los guisantes saltasen fuera del plato de mi bandeja. Y tras un suspiro de pezades alze mi rostro hacia mi lado derecho para mirar a la causante de que todos los ojos que faltaban por mirar su gran show de humillacion, volteasen a ver.

─Estoy hablando te, ¿ Que acaso a parte de ser una falla de colores tambien eres sorda?─ inquirio Irina, obteniendo varias risas a su favor por parte de los espectadores.

Manteniendo un duelo de miradas con aquellos ojos amielados, pense en la forma mas eficaz de terminar con este show de “despresiemos a Daisy” sin tener que llegar a los insultos como la mayoria de las veces que la enfrentaba, Hasta que corte la mirada y suspire con cansancio ─Cada dia, desde que entre el primer año a esta preparatoria, me has hecho inumerables preguntas e insinuaciones , en pros de burla, por mi color de piel.─ prosegui a decir irrumpiendo el silencio que se habia formado en la cafeteria, por la larga espera de los “espectadores” por mi respuesta a la provocacion de Irina, pero yo solo me dedique a volver la mirada nuevamente hacia ella y observarla mientras las siguientes palabras hacian acto de presencia en mis labios..─Te eh respondido insultos, e incluso maldiciones hacia mi persona. Todos y cada uno de ellos por causa de las inumerables manchas de color blanco rosaceo que destacan en mi negra piel─ con cada una de mis palabras llenas de la mas vaga calma que teñia mi tono, las cejas de Irene se tejian en un nudo de confusion e incredulidad por mi pasifica dorma de responder le esta vez.

Entiendanme, cualquiera se cansa de lo mismo dia tras dia. Es agotador tener que desperdiciar saliva al discutir con personas que te ofenden solo por el hecho de encontrar desagradable tu tonalidad de piel.

 ¿que puedo hacer? Yo no tengo la culpa de haber nacido con vitiigo

─ ¿Qué no te cansas de la misma rutina?─ finalice con aquella pregunta mi argumento al ver que Irina permanecia en silencio, asiu como toda la cafeteria. Esta estaba a punto de abrir la boca, no se si para responder a mi pregunta o soltar un insulto peor, pero no le di la oportunidad. Tome mi mochila al mismo tiempor que me levantaba y recogia conmigo el bote de pudin que no habia abierto y me adelantaba a salier de la silenciosa cafeteria.

Cabe resaltar que todos estaban acostumbrados a las riñas y discusiones que Irina y yo siempre teniamos, todas por iniciativa de ella. Hasta hacian apuestas para ver cuanto podia durar rebatiendo los insultos de Irina. Como lo estaban haciendo ahora.

A todos les gusta tenerme como su fenomeno de atraccion cirquera. Pero hoy la atraccion principal no tiene ganas de entretener a nadie.

«Delicioso, pero me gusta mas el de vainilla» sopese entre pensamientos mientras lamia la recien abierta tapa del frasco de pudin y cerraba la puerta de la cafeteria tras de mi. La cual permanecia igual de silenciosa que cuando me pare de mi mesa. «¡Por Dios!, ¿ni que fuera para tanto?, solo dije la verdad, no tienen por que volverse mudos.

Despues de aquel suspiro, termine mi pudin de chocolate y sin detenerme un segundo encamine mi andar a la clase de calculo.

Odio las matematicas pero, es mi siguiente clase ¿Qué puedo hacer?

Al llegar al aulla 018, esta estaba completamente vacia. Y ¿como no estarlo si el almuerzo no habia terminado? A parte, no era la unica que odiaba los numeros.

Quince minutos habian pasado antes de que sonara la campana indicando el final del almuerzo, minutos en los cuales pase me sentada en mi lugar divagando nuevamente en mi mente el como llegar a tiempo a la tienda repostera. Segundos despues los pasos de todos sonaban en los rincones del pasillo; o mas bien estampidas. Carreras por llegar a tiempo a sus respectivas clases.



Ashanty

Editado: 27.12.2018

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