Soy esa chica

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Sinopsis

Sinopsis

Los diarios esconden los pensamientos más profundos de nuestras mentes, esos que escondes hasta de tu sombra. Hablar con las personas es difícil cuando son de mentes cuadradas, es decir, no hay un libro donde expliquen que comportamiento deben tener las mujeres o los hombres, créanme he leído muchos. Estar bajo el poder de una sociedad que se autodestruye poco a poco sin retroceso, no pienso dejar que guíen mi camino.

 

1/1/18

Pobre guía indeseable de sociedad, inútil para ser o hacer lo que quieras.

Insulso argumento de comportamiento, dictado por seres cuadrados.

Triste soledad, en una vida vacía.

 

Cerré mi diario, lo guarde como siempre al tercer libro de mi bolso y junto a él mi bolígrafo de la suerte, me lo regalo mi padre antes de irse. El y mi madre se separaron, pero también lo hicieron de mí, dejándome al cuidado de la tía Eleonor Collins. Me levante limpiando la tierra de mi falda, sentarme junto al árbol del parque no había sido de mis mejores ideas, más la naturaleza me daba tanta inspiración.

Odiaba recordar a mis padres, me dejarían solo una semana en este lugar y han pasado seis años, en los cuales no he tenido noticias de ellos, aunque si soy sincera, fue lo mejor.

<< ¿Qué esperaba? ¿Una disculpa? ¿De los Collins? ¡JA! >>.

Retiro la lagrima solitaria que rueda por mi mejilla, me doy fuerzas para emprender mi camino, en poco tiempo caería la noche y no podía estar en la calle. El delicioso aroma de la cena inunda mis fosas nasales, me apresuro a lavar mis manos y ayudar a tía Ely para colocar la mesa, para dos. Ella no se casó, ni le he conocido pareja en todo este tiempo, le debo demasiado, solo se ha concentrado en brindarme la mejor educación y darme su amor, sé que habla con mis padres cuando me envían dinero, además intenta que yo conteste sus llamadas, pero no quiero hacerlo, me siento abandonada y dolida.

Quiero correr a tomar mi diario, se me ocurrió un buen poema más mis deseos son interrumpidos.

—Señorita, ¿hacia dónde cree que va?— pregunta viéndome por encima de sus lentes, sus ojos aceituna son tan parecidos a los de mi padre y su cabello negro cae por sus hombros.

Sera un segundo, lo prometo—. Me dispongo a continuar mi camino, y ella se cruza en él.

—No, iremos a comer y luego podrás irte a tu cama con ese bendito diario—. Sí, mi tía sabe de él y claramente nunca lo ha leído, me lo regalo en mi cumpleaños número once y fue lo mejor que he recibido en años.

—Está bien— respondo rendida.

Durante la cena las dos estamos en silencio, solo se escuchan los cubiertos chocando contra los platos, un carraspeo de su parte hace que ponga atención a lo que tiene para decirme.

—Cariño, eres muy buena escribiendo—. Me alaga, si le he mostrado pocas cosas que he redactado —¿No te gustaría publicarlo?

—¡NO!— Chillo alarmada, haciéndola sobre exaltarse —Jamás, solo lo hago para mí, es mi forma de desahogarme.

—Pues de igual manera, eres maravillosa. Se levantó con su plato, lo llevo hasta la cocina para lavarlo y me quede sola, pensando en sus palabras.

<< ¿Me gustaría publicarlo? ¡No qué miedo! ¿Y si no le gusta a nadie? >>.

Esa noche me fui a la cama con esos pensamientos agotando mi cerebro, el problema de todo escritor es no tener la suficiente confianza en sí mismo para creerse tan bueno como el resto, cuando podrías hasta ser mejor.



Minervatrillo

Editado: 12.07.2019

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