Soy Evan

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Capítulo 7

Podía ver como Angell corría a varios metros por detrás de Victoria. Para ella no era sino otro madrugador que practicaba deporte por la playa.

—Algún día tendrás que volver a intentarlo. – dijo Arion sentado a mi lado, detrás del volante del coche alquilado.

—La asusté, Arion. Creo que de momento las cosas están bien así. – él sabía que no íbamos a llegar a ningún lado con ese tema. Yo no quería fastidiarla metiéndome otra vez en medio, prefería vigilar desde la distancia. Así que cambió de tema.

—¿Sigues pensando que están cerca? –

—Eryx dijo que los alemanes se pusieron muy nerviosos con la última llamada. – no necesitaba decirle mucho más. Esa familia estaba durmiendo con un ojo abierto, esperando que la noticia que deseaban llegara.

—¿Por eso estamos los tres ahora vigilando? – no se estaba quejando, él, al igual que el resto, solo deseaban proteger a nuestra señora. Pero estaban desesperados por recuperarla, por devolverle su don.

—Cuando el río suena... – no pude terminar la frase, no por darle dramatismo, sino porque mis ojos percibieron algo que me puso alerta. Un hombre que corría en sentido contrario, chocó con Victoria, pero en vez de pedir disculpas o seguir corriendo, la aferró por detrás para taparle la boca. Ya estaba fuera del coche corriendo hacia ella, cuando noté que otro hombre corría hacia ella, y por su gesto, parecía haberla inoculado algo.

Angell estaba corriendo los cincuenta metros que le separan de ella, como si fuera Usain Bolt. Pero la arena seca no era la mejor pista para hacerlo. Los dos tipos estaban cargando con ella para sacarla de la playa y acercarla a la carretera, donde vislumbré un vehículo esperando.  Mal nacidos. Acababan de poner el pie en los jardines que separaban la playa de la carretera, cuando Angell los alcanzó. Yo no tardé mucho más en llegar, igualando las fuerzas. Los tipos eran profesionales, sabían cómo pelear, pero no contaban con que yo fuese más fuerte de lo que aparentaba. Sí, otro regalo de mi ninfa. En momentos de necesidad, podía derribar una puerta con un solo puñetazo, y estaba claro que aquel era uno de esos momentos desesperados.

Los dos tipos estaban en el suelo, pero había más en camino, y por su postura al correr, estaba claro que iban armados. Sabía que no dispararían a menos que tuviesen un blanco certero, porque no se arriesgarían a matarla. Eso jugó a nuestro favor, pero duraría poco. Dejé que Angell la metiese en el asiento trasero de nuestro coche, mientras yo derribaba a uno de los tipos del otro coche que corría hacia nosotros. Arrancar una papelera y lanzársela no lo mataría, pero al menos lo retrasaría lo suficiente como para que pudiésemos huir.

Me tiré dentro del coche, y cerré la puerta con fuerza. No hacía falta que le dijese a Arion que pisara el acelerador para sacarnos de allí, pero, aun así, no pude evitarlo.

—¡Vamos, vamos¡- las ruedas del coche gritaron cuando Arion nos sacó de allí.

Podía ver a los otros tipos correr hacia el otro coche, dispuestos a perseguirnos, no dándose por vencidos por aquel fracaso. Angell estaba sacando su arma de la cartuchera camuflada bajo su ropa, sin apartar la vista de nuestra retaguardia. Coloqué a Victoria en el asiento para atar sobre ella el cinturón de seguridad. Su seguridad siempre estaría primero. Sus ojos me miraban casi ausentes, seguro a causa de aquello que la habían inyectado. No la matarían, me repetía, solo un sedante para que no se resistiera, eso tenía que ser. Pero la lógica no sirve de nada cuando tu corazón está latiendo a 200 por minuto. Estaba asustado, solo ella podía provocarme aquel miedo. No podía perderla, no de nuevo. Pero mi temor no era nada con lo que ella debería estar sintiendo en aquel momento. Necesitaba hacerla ver que con nosotros estaba segura, que la protegeríamos, como siempre habíamos hecho.

—Tranquila, Victoria. Estoy aquí. – mi mano estaba acunando su rostro, para que viera mi rostro, para que supiera que todo iría bien, que yo cuidaría de ella. Noté el instante en que su brillo se apagó, llevándola a la oscuridad. No estaba muerta, me repetía a mí mismo. Aun así, mis dedos se posaron en su carótida para buscar su pulso, y ahí estaba, pausado, pero fuerte.

—¿Está bien? – preguntó Arion sin apartar la vista de la carretera. Sus maniobras con el volante nos sacudían como el relleno de una maraca, pero no iba a recriminarle nada, nos estaba poniendo a salvo.

—Inconsciente, pero bien. – le confirmé.

—Creo que es el momento para uno de los planes de huida. – remarcó Angell mientras se aferraba al asiento trasero. Por suerte no había tenido que disparar, eso quería decir que ellos no nos habían alcanzado, o que no se habían puesto a disparar primero. Mejor para todos, porque una persecución motorizada llamaba mucho la atención, pero un tiroteo le sumaban demasiados puntos negativos.

Las horas que Arion le dedicó a estudiar las calles de la ciudad, sobre todo las más cercanas a los recorridos que hacía habitualmente Victoria, nos dieron una buena ventaja. Pudimos perderles y escondernos en un aparcamiento resguardado en un centro comercial. Nada como ser engullidos por la masa para pasar desapercibidos. Cuando nos sentimos seguros, empezamos a trazar el nuevo plan de ruta.



Iris Boo

Editado: 28.03.2019

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