Soy un temerario mi amor ©

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Capítulo 7: "Apariciones"

Nota de la autora:

Estimados lectores, como me he visto retrasada en la entrega del anterior capítulo y de otra novela más que ahora mismo ando escribiendo (Sueños bajo el agua), me veo en la necesidad de compensarlos con un pequeño bono que no estaba incluido en su actual lectura  debido al uso de la primera persona del modo singular que utilizo para redactar. No hará parte de la historia, quizás, pero les permitirá tener una visión más global acerca de lo que sienten los personajes secundarios acerca del personaje principal.


Sin más demoras, les dejo el bono y el nuevo capítulo.

*BONO: "Después del juego"*

En cuanto Dalton se retiró, sus amigos le dieron la espalda y se fueron a buscar sus cosas que estaban sobre una banca, y allí se entabló una peculiar charla.

—¿En verdad creen que Dalton tenga novia? —preguntó uno de los chicos con aire de duda.

—No, obviamente no la tiene —respondió Marco.

—¿Entonces por qué le pediste que la trajera? —dijo otro sorprendido por el terrible pedido que le hizo ese chico, ¿acaso no era algo cruel? Pero no sólo era él quien pensaba esto, sino que el resto del grupo también llegó a tener lastima de Dalton.

—Porque me parecía extraño, hace más de un año que viene diciendo que esa chica, Lili, es su novia, pero... yo el otro día lo vi —el muchacho entre cerró los ojos, y los demás interesados preguntaron casi al unísono.

—¿Qué fue lo que viste? —Marco tomó algo de aire y dijo.

—Creo que en realidad Dalton es un acosador; lo vi siguiendo a una chica el Martes pasado. 

Todos se conmocionaron y se miraron los unos a los otros. Dalton era su amigo, nunca se había mostrado como un chico peligroso o con problemas mentales, pero muy a su pesar de que sabían que era un buen chico a sus ojos, no podían dejar pasar aquel detalle, por eso si llegaba a ocurrir algo grave, el grupo se encargaría de notificar a la policía. En eso quedaron todos, y por ahora, quedarían completamente silenciados, volviendo, una vez más, a ser parte del juego de Dalton.

_________

No podía dejar de penetrar mi mirada en aquel fragmento, sabía que podía hacer tantas cosas… pero por ahora sólo me dedicaría a elaborar lo que siempre quise ejecutar para ella. Y como siguiente acto, guardé el papel en mi bolsillo e hice una pequeña reverencia para agradecer a mi secuas.

—¡Me has abierto un camino, te lo agradezco! —le dije.

—¿De qué hablas muchacho?, lo que tú haces es un crimen. Aunque viendo tu expresión llena de alegría, no parece que lo entiendas —me respondió.

—¡No es nada de eso!, voy a considerarlo como si un amigo en común de ambos, ha ayudado a que nuestros destinos se juntasen —argumenté; después de todo, para mí, que he pasado toda clase de penurias al vivir una terrible lejanía de mi hermosa prometida, esa obra que me proporcionaba este hombre, lo consideraba como un acto de amistad. Sabía bien que le estaba entregando dinero a cambio, pero mi corazón, que no dejaba de latir emocionado, no podía expresarse de otra manera. Mi socio, que claramente escuchó que me refería a él de una forma fraternal, no pudo resistirse, y soltó una carcajada.

—Me caes bien chico, por esa parte también te he ayudado, pero no te metas en tantos problemas, quizás esa chica no valga demasiado —me advirtió e inmediatamente me sentí ofendido. ¿Qué Lili no valía la pena? ¡No sabía de qué estaba hablando aquel sujeto! Era mi ángel, el amor de mi vida, el sueño que deseo alcanzar cada día. Levanté mi rostro con brusquedad agitando mis violáceos cabellos, y mi contrario retrocedió un paso levantando su mano, al parecer quería evitar cualquier posible confrontación.

—Tranquilo, sé bien cuanto la quieres, Dalton, pero debes entender, que no todo va a ser del color como lo pintas. Si ella es tan estupenda como dices, entonces va a corresponderte en algún momento —quizás lo dijo para aplacar mi irá, pues, él sabía que me había molestado, y mucho, después de todo, había desdeñado a mi hermosa novia, y yo no iba a permitirlo. Al ver el otro que no terminaba de cambiar mi expresión, agregó—. Si tú locura por ella es igual de grande que su corazón, y estás tan seguro de que lo es, entonces quizás esas dos cosas lleguen a converger —allí me calmé. Quizás no era lo más agradable que me podría haber dicho él en ese momento, pero fue suficiente, porque en algo tenía razón, mi locura, era amor, y el corazón de ella era el más puro, y sería mío. Apreté un poco los puños al cerrarlos y luego escuché a mi socio despedirse, casi no noté cuando se desvaneció por aquella delgada calle, y yo más tarde hice lo mismo.



La Rosa Blanca

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En el texto hay: romance, acosador, accion

Editado: 04.09.2019

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