Squad del Desamor

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Capítulo 2: Samanta.

Mi Padre me ha llamado al móvil, pero no quiero contestarle, el día de ayer prometió pasar más tiempo conmigo, pero como siempre terminó creyendo sus promesas, siempre se justifica en lo material, como si a través de ello pudiera demostrarme su cariño. Mi Madre apenas pasa tiempo conmigo, se la pasa en obras de caridad, supongo que es para mostrarle al mundo que es una buena mujer, siempre en cada mesa se la pasa hablando de lo que hizo, la respuesta de las Instituciones al ver grandes cantidades de dinero en cheques, no digo que eso esté mal, simplemente ante la sociedad muestra una faceta en la que es buena, compasiva, recta, pero a puertas cerradas se la pasa juzgando a todo mundo, incluso a mí. Me ha dicho que debo bajar de peso, que le doy una mala imagen a la familia, pues claro, ella es perfecta, consigue serlo detrás de un centenar de dietas rigurosas. No tiene idea de las alternativas a las que he recurrido para lograrlo, pero parece que mi cuerpo no quiere ceder a ningún cambio. No puedo decir que no tenga amistades, pero sé que no me quieren por lo que soy, es por mi estatus social. 

—Señorita Samanta, disculpe, sus Padres aguardan abajo, es hora de cenar — me pongo una chaqueta de terciopelo, está haciendo algo de viento. Bajó hacia la cocina mi Padre está absorto en su móvil como si fuera un títere manipulado. Mi Madre está en su Tableta electrónica, mirando unas fotografías de Instituciones de caridad.

—Hola —. Me siento en una de las sillas de la mesa, pero como siempre no obtengo ninguna respuesta, miró hacia la cocina, huele delicioso.

—Oh, Hola hija, no vi cuando llegaste —. Mi madre pone su sonrisa falsa.

—Sí, claro... ¿qué vamos a cenar? —. La comida es lo único que llena mi vació.

—No lo sé bebé, supongo que espagueti con filete—.  Sigue moviendo su Tableta electrónica, mientras sus ojos se movilizan de un lado a otro, de arriba hacia abajo.

—Oh, bien, escuchen, hice al parecer un amigo —. Pongo mis manos entre mis piernas, y las deslizó.

—¿Un nuevo amigo?, eso es bueno aunque ya tienes muchos —. Mi Madre me sonríe y vuelve a lo que está haciendo, mi Padre ni siquiera se ha inmutado de mi presencia.

—Bueno, uno verdadero, ya sabes —. Mi Madre comienza a susurrar algo.

—Institución Fragile, para niños desamparados, sí, sí, es genial —. Sus ojos se iluminan, como si hubiese ganado la lotería.

—Papá, voy a escribir con mi amigo algunos poemas, ya sabes, me gusta ser buena en lo que hago —. Mi Padre apenas suspira, pero no voltea ni a verme. Procuro que mis pensamientos me sumerjan, siento que perderé poco a poco los estribos.

—Eso es bueno Sammy, ya sabes, todo sea por tu buen futuro, aunque no deberías de preocuparte por ello, lo tienes todo y dime, ¿te gusta la nueva escuela que tu Padre eligió?

—Sí, claro, es muy bonita —. Mi Padre sigue en su celular.

—Muy bien, tu Padre te ama Sammy, ahora está muy ocupado, pero más tarde iré a verte, ¿verdad John?

—Ajá—. Responde. 

—Muy bien Sammy, tenía pensado ir de compras y que me acompañes a la nueva Institución—.  Mi Madre une sus manos mientras sonríe.

—No puedo Mamá, mis profesores son algo estrictos, debo estar concentrada, ya sabes, aparte no me gustan esas cosas que tú haces—. Pone su mano en el pecho como indignada.

—Sammy, no debes hablar así, recuerda que Dios nos ama a todos por igual, debemos de dar a los otros lo que les hace falta—. Intentó buscar que mi mirada se pueda situar hacia otro lado.

—Lo siento Mamá, tienes razón, lo lamento, sólo que no puedo —. A mi Madre parece no importarle.

—Bueno Sammy te mantendré al tanto, estoy muy emocionada—.  Agita la campana, parece tener hambre. Nos sirven la comida MIENTRAS hay un gran silencio, mis Padres siguen inmersos, ni siquiera mi Padre me ha saludado, o preguntado cómo me ha ido. Pero no le culpo, son mis expectativas las que me decepcionan. Termino rápidamente de comer, ya no quiero estar en presencia de ellos dos.

—Oh Sammy, antes de que te vayas, toma esto—. Mi Madre me da unos billetes.

—Gracias Mamá—. Sacude su mano como si aprobará que me fuera. Decido irme a mi habitación, estoy cansada de todo, siento ganas de llorar, pero me digo a mí misma que no ganaría nada, todo seguiría igual. Necesitó salir, lo más pronto posible.

Samanta (en línea) 6:20 p.m: 

"Oye... me preguntaba si puedes llevarme a la librería, aquí es un infierno, necesito distraerme, ¿puedes llevarme?, esperó me digas que sí".

Ernesto, amigo chofer (en línea) 6:20 p.m:  

"Claro Samanta, te veo en diez minutos acá abajo, ¿podría llevar a Emiliano?, mi esposa tuvo un contratiempo, está conmigo" "Estamos esperándola, estamos afuera, venga con cuidado".

—Hola—. Saludó al niño, parece muy tímido, trae puesta una camisa de Polo color azul y un pantalón de mezclilla, sus zapatos negros tienen algo de arena, supongo que tiene una vida normal y juega en las calles.



Mar M Sanchez

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En el texto hay: adolecentes, escritores, amor adolescente

Editado: 06.06.2019

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