Squad del Desamor

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Capítulo 5: Mandy

Escuchó a mi Madre gritar desesperada preguntándome la razón de haber hecho esto, no sé qué responder a eso, simplemente quería olvidar todo lo que siento dentro de mí. Mi respiración se va volviendo cada vez más lenta, sé que esto por fin terminará.

—¡Mandy reacciona! —. Escuchó sus gritos que retumban por toda la habitación. Me siento vacía y sin vida, estoy cansada de luchar, de fingir que estoy bien. Ahora la sangre que brota me permite olvidar el dolor. Me siento temblorosa, la garganta reseca y fuertes mareos que hacen grande y pequeño esté lugar. Escuchó a mi Madre gritando y maldiciendo por no encontrar el teléfono, mi hermano Gabriel está contemplándome, apenas lo distingo—. ¿Dónde está el número de la ambulancia? —. Sigue gritando parece que va a enloquecer y a quedarse sin voz.

—Madre aquí está, marca al 911 —. Escuchó la voz de mi hermano, comienzo a sumergirme en un sueño profundo.

—No, no Mandy, reacciona—. Comienzo a escuchar como la voz de mi Madre comienza a quebrarse. Quisiera decirle que no se debe sentir culpable, la obscuridad ha estado desde siempre, nadie es culpable de nada, sólo yo, sólo el sentimiento de no querer vivir más.

—Mandy, sigue mi voz, no te vayas por favor, prometo ya no golpear a los chicos que quieren estar contigo—. Apenas puedo escucharlo.

—Mandy, hija, por favor, no nos hagas esto—. Siento como sus lágrimas salpican mi cuello. Escuchó el sonido de la ambulancia, quisiera dormirme, ya no estar aquí, pero algo me lo impide, siento como mis ojos se van cerrando poco a poco, hasta que todo se convierte en sombras y quedó sumergida en un sueño profundo en el que no hay marcha atrás.

(...)

—Perdón, hubiera llegado antes, pero Gabriel me acaba de avisar, lo siento mucho.

—No te preocupes Susie, vi los mensajes, gracias por hablar con ella, yo sólo estaba... fui a su habitación, yo...simplemente intentó darle lo mejor.

—No es su culpa, yo sabía que algo tenía, tenía días haciéndome comentarios extraños, me envió el último mensaje corrí hacia su casa, me dijo la vecina que habían salido, que a Mandy se le habían llevado al hospital y me dijo la ubicación, intenté venir lo más pronto posible.

—Soy su Madre debí de haberme quedado todo el tiempo con ella y no dejarla sola en ningún momento, creí que todo marcharía bien con la terapia y los medicamentos.

—Creo que simplemente no supimos ayudarle, esperó pueda recuperarse, es mi mejor amiga y no quisiera perderla, sería desbastador para mí, para nosotros.

—Hola.

—Hola—. Su respuesta parece un poco tosca, pero nadie en sano juicio respondería alegremente.

—¿Cómo estás?—. Susie se siente un poco tonta al preguntar eso.

—Mal, que va, es mi hermana—. Su tono se vuelve hiriente.

—¿Cómo está doctor?—. El médico revisa en una hoja su diagnóstico.

—Mire señora, tiene una grave depresión con un cuadro de depresión, tendrá que tomar algunos ansiolíticos y tendrá que inyectarle esté medicamento para dormir, necesita reposo, pudimos detener la hemorragia que se había causado al utilizar un punzo cortante para lastimarse, necesita mucha atención, le anote un buen colega que puede ayudarle es psiquiatra, en caso extremo tendrá que internarla en un centro de ayuda, ya lo hizo está vez, no dudará en hacerlo nuevamente, le suministramos un suero y calmantes, no está en sus cinco sentidos así que no intenten forzarla.

Intentan ponerse de acuerdo para entrar, primero entra su Madre, va presurosa en cada paso, siente que sus piernas le fallan al caminar, pero se arma de valor por ella, necesita hacerle ver que la vida a pesar de sus altibajos tiene su lado bueno, pero no puede obligar a verlo. Se sienta en una silla contigua a la camilla, escucha el pitido de una máquina que da la respuesta de que está viva, que todo está bien, por ahora. Recuerda cuando tuvo a Mandy, recuerda gritar y maldecir a todo mundo por las fuertes contracciones del parto, también de la primera vez que pudo abrazarla y su pequeño cuerpo estaba aferrado entre sus brazos.

—Mi pequeña Mandy, te amo hija, no tienes idea de cuánto—. Las lágrimas se hacen presentes y no puede evitar sollozar —no quiero que te pase algo, quiero que estés conmigo, juntas podremos con esto y más, te lo prometo —. Sabe que puede escucharla, su hija mueve sus dedos a pesar de los aparatos enterrados en sus brazos.

—Mamá—.Mandy apenas puede hablar, está débil.

—No pequeña, descansa, todo está bien, no te preocupes, ha venido tu hermano y Susie, están igual de angustiados que yo, te queremos, con todo nuestro corazón—. No quiere irse, no quiere dejarla sola de nuevo, pero sabe que aquí dentro no podrá hacerse daño, hay cámaras de vigilancia y está atada en la camilla. Sale de la habitación, comienza a llorar como nunca lo había hecho, siente el peso de la tristeza como una sombra que le abraza y se burla de ella.



Mar M Sanchez

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En el texto hay: adolecentes, escritores, amor adolescente

Editado: 06.06.2019

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