Stay

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Capítulo III

Hailey.

—¿Estarás bien? —preguntó mi madre mientras lentamente me entregaba la maleta.

¿Estaría bien?

Era la misma pregunta que yo misma me había hecho desde que Andy murió. Desde entonces sólo soy una marioneta que actúa sin sentir.

—Creo que lo estaré. Jordan es una buena persona y me quiere —hablé más para mí misma.

—No se trata de eso, querida. Te irás a vivir con él, debes amarlo, sino lo haces entonces no lo hagas perder su tiempo en ilusionarse contigo.

Solteé un gran suspiro.

—Lo sé mamá, pero por primera vez en dos años las cosas parecen ir bien. Necesito experimentar nuevos sentimientos.

La psiquiatra lo había recomendado y si quería seguir adelante debía seguir sus consejos. «Dale una oportunidad, parece un buen chico». Fueron exactamente sus palabras sobre Jordan. Después de salir con él por casi seis meses me pidió mudarme a su casa y por fin había tomado una decisión.

—Si necesitas algo llamáme, hija. Recuerda, seguirás recibiendo mi llamada semanal.

—Estaré bien —dije antes de recibir un beso en la frente y un abrazo de su parte.

Tomé un taxi y pedí que me llevara a casa de Jordan. Los nervios me consumían y mi corazón se aceleraba cada que el taxi se aproximaba un kilómetro más a su casa. Cuando finalmente llegué pude notar en la puerta una enorme manta que decía:

«Bienvenida a casa»

Jordan corrió hacia mí para darme un enorme abrazo al verme.

—Tranquilo, hombre no me iré. Traje mi maleta —pronuncié mientras él seguía abrazándome.

—¡No puedo creer que hayas aceptado!

Honestamente, ni yo.

—Bueno, estoy aquí.

Llevó mi maleta dentro. Era un lugar acogedor y amplio para poder vivir una vida perfecta así que debería comenzar a acostumbrarme.

Jordan estaba tan feliz de tenerme en su hogar que de alguna manera me contagiaba su felicidad. Desde que comenzamos a salir las canciones oscuras de Stay In Touch sobre drogas y depresión se convirtieron en sinceras y poderosas canciones de amor. Me sentía bien sabiendo que podía mejorar la vida de alguien.

El pitido de mi celular me sacó de mis pensamientos. Revisé quien era antes de contestar.

—¿Es la psiquiatra?  —preguntó Jordan tranquilamente.

—Sí. Claro es ella, debo contestar —respondí entre titubeos. Claramente no era ella.

Me alejé buscando un lugar un poco más privado para contestar la llamada. El jardín parecía ser un lugar perfecto.

—¿Por qué me llamas?

—Necesito evitar que hagas alguna estupidez.

Suspiré.

—Bloquearé tu teléfono si sigues insistiendo —colgué. 

Regresé a donde Jordan y conversamos un poco mientras intentaba relajarme. Hicimos palomitas y no echamos en el sillón a ver Keeping Up With The Kardashians; está de más  mencionar que Jordan lo estaba viendo forzosamente.

—Escucha Hailey, te quiero mucho pero ¿tienes que obligarme a ver las peleas familiares de las Kardashian?

Reí al ver su cara de sufrimiento.

—De acuerdo, busca otro canal —dije finalmente entre risas.

Tomó el control remoto y cambió de canal buscando un mejor show de tv. Todo parecía ir estupendo, pero obviamente algo tenía que arruinarlo.



Gabriela Medina

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En el texto hay: banda, amor, badboy

Editado: 08.11.2018

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