Su nombre es Lisa West

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Capítulo 30

 

Lisa se queda aturdida, su corazón se acelera, puede sentir como sus manos sudan. Ella mira la puerta de la habitación.

—Tengo que pensar—. Sale de la morada.

—Lisa, espera —dice él saliendo al pasillo—. ¿A dónde vas? —Ve como ella cierra la puerta.

Ve como la puerta se cierra de un golpe.

Lisa corre con lágrimas en sus ojos hasta la casa de Anderson. Cuando está frente a la puerta escucha que Lucas la llama. Ella se gira y ve como él corría hacia ella.

— ¡Lárgate! —Grita ella con lágrimas en los ojos.

—No me pidas eso —se acerca a ella recuperando el aliento.

— ¿Qué ocurre? —Pregunta Anderson saliendo a ver cuál era el alboroto.

— ¡¿Por qué no te vas de una buena vez?! —Dice ella sin pensarlo.

— ¿Qué? ¿A qué te refieres? —Pregunta él sorprendido.

—Vengan, entren a la casa —dice Anderson al notar que uno de sus vecinos había salido a ver qué pasaba.

Lucas y Lisa pasan a la sala.

—Vi el mensaje que te mandó Hanna, ¿Cuándo pensabas decirme que te fueras? —Pregunta con lágrimas en los ojos.

—Lisa yo…Yo te lo dije —contesta desesperado.

—Te desapareces cuando te enteras de lo de Anderson —lo señala —y me ocultas esto.

—Lisa, no sabía cómo decirte, sé que hice mal al no decírtelo al momento, pero ¿Cómo te iba a decir que vamos a ser pareja? Tenemos una familia ahora y ya hablé con mi madre y es un hecho, Hanna vivirá conmigo —dice apenado.

—Hoy me quedaré a pasar la noche aquí, no iré a casa —camina hacia donde Anderson.

—No, no —da tres pasos hacia ella.

Anderson la acoge en sus brazos.

—Ya la escuchaste —advierte.

—Lisa, no hagas esto —pide él con los ojitos entristecidos.

—Vete —pide ella resguardándose en los brazos de Anderson.

—Ya la escuchaste.

Lucas la mira fijamente, ella derramas una lágrimas.

—Ok, como quieras—. Se va.

Él atraviesa la despoblada carretera y entra a la casa donde prosigue a cerrar la puerta de golpe. Él estaba muy enojado por la actitud que había tomado Lisa, realmente estaba irreconocible, sabía que este era el momento para hacer las maletas e irse, de todos modos, ella ya sabía lo que pasaba ya él no tendría que preocuparse más por eso porque ella lo sabía todo. Siendo honesto, la situación lo había beneficiado demasiado, esto no era exactamente lo que él espera, pero de alguna manera lo zafaba de Lisa. Aunque lo entristecía también porque no era de esta manera que él quería hacer las cosas. Sabía que esta no era la mejor manera de cómo terminar todo, pero, esta era su oportunidad.

Lucas está en su habitación recogiendo sus cosas y colocándolas cuidadosamente sobre la cama para luego entrarla en una maleta que se encontraba abierta sobre la cama. Ya era un hecho, estaba decidido en irse y ya nadie lo detendría. Lisa entra a la habitación sin tocar.

— ¿A dónde vas? —Pregunta viendo la maleta.

—Me voy a casa —dice terminando de entrar sus cosas.

—No te irás, no lo harás —dice ella con lágrimas en los ojos mientras se aproxima al entristecido chico.

—Ya lo sabes, ahora es el momento —la mira fijamente.

—No, claro que no —niega con la cabeza.

—Lisa, no lo hagas difícil —ruega.

—Ella lo mira fijamente—. ¡No, no estoy haciendo nada! ¡No te irás a ningún lado! —Ella tira toda su ropa, dejando así la maleta completamente vacía.

— ¡Lisa!, ¡Lisa, detente! —Pide él.

— ¡No, noohh! —Grita con su rostro completamente rojo.

—Lucas se para frente a ella—. Deja de hacer esto.

—Ella lo mira a los ojos —No, no Lucas —sostiene su cara—. Yo te amo —pega su frente con la de él mientras cierra sus ojos.

—Lucas agarra sus muñecas—. No digas eso —susurra.

Lisa le da un beso largo y apasionado mientras Lucas sostenía su cuerpo envuelto en la romántica escena. Él acaricia la espalda de ella como si fuera lo más delicado y suave que sus manos nunca antes habían tocado.



Kathy Ttejada

Editado: 25.07.2018

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