Sueco

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Capítulo 27

Abel y Victoria se amaron toda la noche. Sintieron lo que nunca habían sentido. Habían pasado un límite que ya era imposible de arrepentirse. Habían pasado un umbral del cual nunca se puede volver, el amor verdadero y eterno. Mirarse era para ellos suficiente como para sentir un placer indescriptible, era imposible poder verbalizar lo que les pasaba. Abel a veces lo intentaba pero se ahogaba en su intento. No existían las palabras, decía Victoria. Y tenía razón. Dicen que el sexo, entre enamorados, se inventó para poder demostrar el amor cuando las palabras no nos alcanzan, cuando las caricias no bastan. En una época en que el verbo amar se ha mancillado, se ha “superficializado”, encontrar un amor así no era empresa fácil. En una época en que la gente dice amar cualquier cosa (“amo la pizza”, “amo las milanesas”, “amo el verano”) ellos habían comprendido, al fin, el significado de la palabra amor. Y estaban tan en lo cierto que no podían describirla. Sabían que cuando hablaban de que lo que sentían  era para siempre, la gente los miraba raro. Como eran tan jóvenes, y aún inmaduros, no entendían que pudieran hablar de “para siempre”. Ambos coincidían en algo: “lo sentimos en las vísceras”. Y no había vuelta atrás, ese sentimiento no lo iba a romper ni nada ni nadie. Eso lo sabían, pues solo lo saben aquellos a los que les ocurre un amor así. Victoria decía << El nuestro es un amor como los de antes>>, Abel le retrucaba << Este es un amor de ahora, en esta época tan difícil para sentir amor. Eso lo hace más fuerte, antes era más fácil>> Aunque no se ponían de acuerdo, casi nunca peleaban. Sus peleas eran cortas y tontas. Y siempre terminaban con una carcajada riéndose de sí mismos. Y esa noche que había sellado su amor una vez más, parecía que todo estaba encaminado para que su historia de amor continuará sin conflictos y sin problemas a la vista. Esa mañana, Victoria se levantó antes que Abel, que seguía durmiendo como un oso hibernando, fue a la panadería, compró unas facturas y le preparó el desayuno para llevárselo a la cama a Abel. Grande fue la sorpresa de él cuando abrió los ojos y vio esa bandeja con una taza de café con leche, jugó y las ya mencionadas facturas. No lo podía creer y pensó que la vida estaba siendo muy generosa con él y que se jugaría el pellejo entero por esa mujer que tenía a su lado.

 

  • ¡Gracias, mi amor! ¡Qué servicio, eh!
  • ¡Ja! Vos te lo merecés, Abelito…
  • Jajajajajaja ¿Seguís celosa por eso? Lili es lo más…
  • Sí, es lo más. Me cae muy bien. Era un chiste y no me pone celosa.
  • Claro, no te pone celosa porque no le gustan los hombres…
  • Puede ser…pero se nota que es buena mina. Pero que no le gusten los hombres hace que me guste más…jajajajajajaja
  • ¡Sos tremenda! 
  • No soy tan tremenda cómo crees…estuve pesando en Lili…sé que está en bolas y yo justo estoy buscando una persona para que labure en casa. Pero más allá de limpiar y esas tareas de mi casa, también necesito para que me pague facturas y todo eso. Y veo que es una mina despierta. ¿Qué te parece la idea?
  • ¡Me parece buenísima! Sí querés yo le aviso.
  • Dale, avisale, dale mi celular y decile que se comunique conmigo.
  • Ok. Me pone contento.

 

Terminaron de desayunar, hicieron el amor nuevamente y se bañaron. Victoria se fue para su casa a estudiar. Abel se quedó en su casa ordenándola un poco. Se comunicó con Lili y le dijo que fuera a su casa. A la media hora llegó.

 

  • Hola, Lili, pasá.
  • Hola, Abelito. Gracias.
  • Te tengo una muy buena noticia.
  • Ya lo sé…
  • ¿Qué sabés?
  • Cogieron de lo lindo anoche…jajajajaja
  • Jajajajaaj… ¡Qué boluda!
  • Jajajajajajajaja
  • Bueno, aparte de eso.
  • Me alegro;  me alegro de verdad. Te quiero y Vicky parece buena mina. Peleen por ese amor, haceme caso.
  • Si, estamos en eso. La vamos a pelar. Pero escúchame. Ella quiere hablar con vos…
  • ¿Conmigo? No me digas que se me da con la cheta…con lo linda que está….
  • Jajjajaajajajajaja
  • Chistecito. Sabés que tengo códigos, está divina pero nunca tendría nada con ella, la miro como si fuera un hombre. Si admiro su belleza, pero nada más.
  • Ya lo sé, Lili. Estoy seguro de ello. El tema es el siguiente, te lo tiro sin anestesia…
  • Dale…
  • Victoria quiere que labures en la casa…
  • ¿Cómo? ¿y haciendo qué?
  • Ayudándola a ella en las tareas de la casa. me dijo no solo el tema de la limpieza, sino también para pagar impuestos, factura y todo eso. Está bueno, ¿O no?
  • Sí, me encantó. Nunca trabajé en casa de unos chetos…jajajajajaj…
  • Vicky es cheta pero buena mina.
  • Ya sé, te estoy cargando. Ahhhhh…como la defiende a su chicaaaa. Y hacés muy bien en hacerlo.
  • Hay un solo inconveniente…
  • No me digas que quiere que labure gratis…
  • ¡Je! Nooooo…El único problema es la madre…
  • ¿Qué problema tiene? ¿está enferma?
  • No…es mala mina…
  • ¡Qué importa! Déjamela a mí.
  • Ya sé que tenés tu carácter, solo te lo advierto. Es una vieja bastante cínica. Al principio te va a dorar la píldora, pero después te la va  cobrar. Igualmente Vicky es de pararle el carro todo el tiempo.
  • Bueno, está bueno tenerla a ella como apoyo.
  • Si, eso seguro. Así que… ¿Qué me decís?
  • Me parece bárbaro. ¿Cómo hago? ¿Vos le avisás?
  • No. Yo te paso el celular de ella y vos comunícate.
  • Dale. Ya me voy a contactar. ¡Muchas gracias!



Queco

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En el texto hay: policial, romance accion y drama, romance

Editado: 28.05.2018

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