Sueco

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Capítulo 38

Hortensia sintió el golpe  pero no se amilanó, esa actitud no estaba en su naturaleza combativa. Tomó aire y siguió la contienda.

 

  • Yo hago de mi vida lo que quiero, ya tengo casi sesenta años y no le pido permiso a nadie. Solo le pedía permiso a tu padre, ese que vos tanto querés y te creíste el cuento de hadas que vivimos con él. ¿Vos sabes que él me pegaba? Y como me pegaba…
  • Lo bien que hacía… ¡Si sos insoportable! ¡Cómo no te iba a pegar! Te tenía que cagar bien a palos por los papelones que le hacías pasar, los cuernos que le pusiste. No tenías vergüenza, y vos y papá se pensaban que yo no veía nada, yo veía todo y escuchaba todo. Y dentro de todo bastante bien salí después de ese infierno.

 

A Hortensia se le cruzó por la cabeza darle vuelta la cara a su hija de un cachetazo, pero por suerte para ella y para Vicky, se contuvo. Se la quedó mirando un rato largo sin emitir ninguna palabra. Sus ojos se le llenaron de lágrimas pero no lloró pues su orgullo era más fuerte y no se permitía demostrar debilidad frente a su hija.

 

  • Lo único que sé, Vicky, es que ese chico acá no viene a vivir. Y que sea villero es un detalle, es un chorro y vino acá a mi casa, a tu casa, a nuestra casa, armado. ¿Vos sabés lo que eso significa? Nos puedo haber matado. Le disparó a su amigo. Es un viaje de ida, hija.
  • Abel no es un chorro y mucho menos un asesino, se equivocó. Me defendió. Vos misma sabés que ahora trabaja, no anda más en esa. NI se droga ni se emborracha por ahí como vos pensás.
  • No te creo, no le creo a él. Y tampoco me importa lo que haga, a mí solo me importa lo que hagas vos. Sos linda, inteligente, trabajadora y te merecés algo mejor. Ese chico es una bomba de tiempo..la esencia…
  • nunca cambia…ya me lo sé de memoria ese versito tuyo…-le retrucó Victoria con marcada ironía cargada de bronca –
  • No es ningún versito. No lo quiero acá ni de visita. Vos me engañaste, no me dijiste que él había entrado a la casa con el otro villero, eso no te lo voy a perdonar.
  • No me perdones.
  • Aparte hoy mismo voy a hacer la denuncia.
  • ¿Qué denuncia? Vos estás loca.
  • La denuncia contra Abel, por robo calificado e intento de asesinato. Y vos vas a tener que salir de testigo. Y en cuanto a la estupidez que hiciste de cubrirlo, podés alegar que él te engañó.
  • Yo no voy a testificar en contra de él. Voy a decir que soy su cómplice, dale, andá, hacé la denuncia y vas a cargar toda tu vida con la culpa de que tu hija fue presa por tu estúpida actitud.

 

Hortensia no había pensado en esa posibilidad. Y lo peor era que le creía a Victoria, sabía que estaba diciendo la verdad  y que se iba a inmolar por Abel. Y no lo podía permitir, se moriría de tristeza y de culpa si Victoria terminara en la cárcel aunque sea un solo día. Victoria, mientras la observaba, se dio cuenta de que su madre estaba pensativa y preocupada, y por eso fue por más.

 

  • Y si no querés que Abel este en esta casa, yo me voy a vivir con él. Y para vos sería terrible eso, tu única hija viviendo en el barrio de los villeros.

 

Hortensia sintió el golpe y nunca permitiría que su hija termine así. Pero tal vez debía asustarla.

 

  • Andá. Vas a ver qué lindo que vas a vivir. Entre la mierda, con la calle de tierra. No te veo ahí, nena. Pero bueno, dicen que el amor todo lo puede.
  • Bueno, mamá, tenemos que llegar a un arreglo. Yo me vengo acá con Abel y en cuanto se mande alguno lo echo yo, te lo aseguro. Yo tampoco quiero que me falle. Yo me la estoy jugando por él y si es como vos decís…
  • Está bien…está bien…vamos a hacer eso, no dejemos que la sangre llegue al río. Y vos dejala tranquila a Lili, es una buena chica y yo la paso bien con ella. No te metas en nuestra…”amistad”
  • ¿Amistad? Ok…me voy a hacer la boluda como cuando era una nena…y no te olvides que, según tu teoría, en el caso de ella también debería correr “la esencia nunca cambia”
  • Eso lo tengo claro, sabés cual es la diferencia entre vos y yo…
  • ¿Aparte de los años?
  • No seas boba
  • Decime.
  • La gran diferencia es que vos te la jugás por Abel, ponés las manos en el fuego, te crees que va a cambiar, yo de Lili estoy segura de que en algún momento va a mostrar la hilacha. Está en su naturaleza. Los criaron de esa forma; para cagarla en cualquier momento.
  • Nunca entenderé esa diferencia que hacés. Nosotros también podemos cagarla, papa era un garca, encima que te fajaba. Tu problema por un lado es el color de piel y el origen, pero luego te volvés loca con una piel oscurita…
  • Respetá a tu madre. Yo a esta altura de mi vida hago lo que quiero. Ni vos ni nadie me van a venir a decir que es lo que tengo que hacer, con quien y que tengo que decir. Así que tené mucho cuidado con lo que me decís. No digas nada de lo que después te vas a arrepentir. Para vos yo siempre digo barbaridades, pero yo nunca me arrepiento. Yo soy así y lo sabés. Vos sos diferente, no te contamines.
  • Fue solo un comentario sin mala intención, mamá. Reconóceme de que sos un poco incoherente. Tu discurso es contradictorio. Pero bueno. Olvidemos estas diferencias por hoy. Que haya paz. La semana que viene Abel se muda con nosotras y todos felices.



Queco

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En el texto hay: policial, romance accion y drama, romance

Editado: 28.05.2018

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