Sueños bajo el agua ©

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Capítulo 19: "El tercer mundo"

La situación actual, hasta ahora, no se había planteado jamás. Seitán estaba siendo severa por primera vez, quizás era por el hecho de que ya estaba cansada de los desacuerdos entre los integrantes de esa pequeña comunidad de individuos, o tal vez, tenía otras razones de por medio. Sea cual fuere el motivo principal de su estado emocional, les daba un nuevo punto de vista sobre la personalidad de la albina, el cual era un pensamiento que quizás rosaba entre lo más oscuro que jamás hayan visto antes.

—Lo siento —Abel mencionó con un tono más reservado, y eso fue suficiente como para hacer que Seitán se calmara, o al menos eso parecía, pero los demás presentes quizás no tolerarían la situación.

—Tranquilo —le dijo Alan en lo que posaba su mano sobre el hombro de su amigo, y en eso  se inclinaba un poco para ver el rostro del otro. Buscaba confortar un poco a Abel por el reciente regaño, ya que él creía que su compañero ya había sufrido suficiente abuso por parte de sus camaradas. ¿Aunque podría detener la influencia de ese tipo de personas? ¿Aquellas que lo trataban de idiota? ¿De traidor? ¿Y quién sabe qué otras cosas más?

—Nadie puede oponerse a mis órdenes, y no lo permitiré —aclaró con más calma la chica, y luego agregó—. Retomando la charla previa a esta discusión, que declaro ya solucionada, voy a decirles cual va a ser el objetivo siguiente. Me ha parecido adecuado elegir al continente Europeo, allí se desarrollara la próxima misión, y se verán implicados en la ciudad de Ámsterdam —en cuanto fue dado ese dato, la extraterrestre esperó paciente a que los chicos opinaran o la contradijeran como siempre lo hacían. Al principio, todos se quedaron callados, estaban dudando de que decir, pero como era de esperarse, Misa no podía quedarse en un “veremos”, y así pasaba desde la primera vez que se vieron.

—Nosotros estamos cansados, asustados, y para colmo, ¡artos de tus estúpidas ordenes! Al menos deberías ser un poco considerada y mandarnos cuando podamos ver con más claridad el camino, y para ser sincera, no veo necesario que nos mandes de noche junto a esos espectros que nos miran tan fijamente. Quizás no vi lo mismo que mi hermano o Talía, pero al menos deberías hacer eso si no tenemos otras opciones —por primera vez, trató de negociar con ella de una forma coherente, pues todos los allí presentes sabían que estaban atrapados en una especie de juego sin retorno.

—No puedo hacerlo —soltó aquella mujer un pronunciado y bien marcado suspiro.

—¿Qué? ¿Por qué? —exclamó con extrema inquietud.

—Las circunstancias son diferentes. Es de real importancia que hagan esto ahora, sino no lograrán salvar a su mundo —les explicó a la joven, y luego volvió a abrir los ojos para fijarlos en el resto con seriedad—. Su misión es salvar a ese planeta, y yo debó ayudarlos, así lo ha querido su amado Dios, y deben seguir su voluntad.  

—Me parece que ese Dios al que te refieres es un sádico a quien nosotros desconocemos —dijo a media sonrisa la pelirroja, y al tiempo le bajó una gota de sudor por su rostro, lo cual demostraba lo nerviosa que estaba.

—¡Pero qué falta de respeto! —gritó por segunda vez la guía, y entonces cerró los ojos para calmarse—. Pueden pensar lo que quieran, no cambiará el hecho de que su Dios quiera salvar su tierra, ni tampoco el otro de que van a tener que ir a trasladarse allí para plantar la siguiente semilla —declaró con severidad—. Ahora no quiero escuchar más excusas, así que prepárense tanto tú Misa como tú hermano —y después de decir esto, la pantalla se apagó, el grupo se vio afligido, y se miraron todos entre sí.

—Lamento no haber dicho nada al respecto para poder convencerla —se disculpó Abel mientras se dirigía a Misa, pues se sentía un poco culpable por no haber apoyado más a su compañera. Sin embargo, en lugar de brindarle palabras de alivio, ella soltó de sus pulmones las más lastimeras que se le ocurrieron en aquel momento.

—¿Por qué diablos esperaría que hicieras algo por mí? ¡No trates de ser un héroe! ¡Solo eres un cobarde! No tienes ni las agallas para enfrentar a esa mujer como yo lo hice —movió su mano de manera engreída, y luego le dio la espalda al rubio—. Vamos a prepararnos Yamil, no hay nada más que hacer —mencionó la chica, y se empezó a alejar de los demás junto a su hermano.

—¡Vaya par de…! —Alan iba a reclamarles, pero Abel lo detuvo poniendo su mano en medio de su rostro casi cubriendo su boca—. Abel —él miró con cierta preocupación a su amigo, quien no bajó la mano hasta que ellos se fueron.

—De alguna forma tiene razón. No hice nada para confrontar a Seitán, así que creo que es mi culpa —bajó su mirada. Claramente la autoestima de Abel iba en picada, pero de una manera lenta y segura, esto era difícil de notar, bueno, no tanto, ¿pero había alguna manera de hacer que él se recuperara de todos estos golpes? Aunque Alan se preocupaba por él, no sabía bien como detener la orientación de los acontecimientos, lo inevitable estaba llegando, y se encontraba destruyendo el corazón y alma de la persona que más admiraba y quería.



La Rosa Blanca

Editado: 12.11.2019

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