Sueños fugaces

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Una noche largar ha pasado y he dormido de maravilla, siento un ligera molestia en el tobillo y al parecer está un poco inflamado, no creo que pueda salir con mi hermano, se molestara, ni modo. 
Me levanto de la cama, tomo mis pantuflas de Sailor Moon y voy al baño, lavo mis dientes para bajar al comedor, trato un poco más en llegar pero no importa no pienso pedir ayuda. 
Cuando llego a la cocina, hay un pequeño comedor que no había notado ayer que llegue por la tarde, mi piyama es un simple short que llega antes de la mitad de mis muslos y una blusa de tirantes. Encuentro a mi madre una mujer con cabello canoso para la edad que tiene, el trabajo del campo debe de ser agotador por lo que veo. Me gustaría poder aprender algo sobre el campo, nunca está de más un poco de aprendizaje. 

 

 


—Buenos días mamá ¿Qué huele tan bien? 

 

 

—Hola hijita, pensé que dormirías un poco más, son huevos con tocino y tostadas. 

 

—Qué rico mamá.

 

 

Camino hasta el refrigerador para tomar leche o agua. 

 

 

 

—Pero hijita ¿Qué le ha pasado a tu pie? 

 

 

 

—Me doble el tobillo anoche después de cenar, estaba buscando a papi pero no lo encontré — digo omitiendo lo que paso con ese hombre, y con el otro sujeto anoche. 

 

 

—Te tiene que ver el doctor cariño. 

 

 

—No es necesario estaré bien solo me lo he doblado, me lo tallare y lo vendare después mamá, estaré bien. 

 

 

 

En ese momento llega el hombre con el que me tope anoche buscando a papi, nuestras miradas se cruzan por un instante, me quedo sin habla cuando veo un golpe en su ojo derecho, es ahí cuando me doy cuenta que es al hombre sin nombre al que le pegue en la madrugada mi mamá sale de la cocina quedando solo él y yo en el lugar. No sé qué hacer ¿Le pido disculpas y que se note el error que he cometido o simplemente lo dejo estar?, no creo que me quiera hablar después de que le pegue. Hay un silencio incomodo en el lugar, tan denso que se puede cortar con un cuchillo, tengo que salir de este lugar, no sé qué hacer, así que voy camino hacia la puerta que da al comedor para escapar pero él no me lo permite. 

 

 

—Has olvidado esto anoche — Dice señalando la correa improvisada de papi, pero ¿Por qué coño papi volvió con él y no conmigo que soy su compañera? condenado perrito traidor. 

 

 

—Mmmm gracias —le doy una mirada fulminante a papi, sabe perfectamente que se ha portado muy mal. 

 

 

Se va como si nada, algo totalmente raro, si yo hubiera estado en su lugar tampoco me le hablaría si me hubiera pegado dejando un hematoma en la cara, y si me disculpo con algún presente, pero que le puedo dar, a un hombre que no conozco. Que complicada es la vida. 
Vuelvo a mi habitación, me baño, cuando termino me seco el pelo y salgo enrollada en una toalla hasta el closet, tomo un pantalón azul marino de mezclilla y una blusa de tirantes color roja ladrillo, busco en el cajón donde tengo mi ropa interior y busco un sostén a juego con las pantis del mismo color que la blusa, busco mi cinturón y botines negros con un tacón de ocho centímetros, lo dejo todo en la cama y me empiezo a vestir, cuando ya he terminado le llamo a mi hermano para saber si tienes unas vendas que me dé. 

 

 

 

—Aquí están las vendas ¿Para que las quieres? 

 

 

 

—Me doble mi tobillo anoche y lo tengo un poco inflamado, lo tallare y lo vendare, pero no creo poder salir esta noche, a menos que este sentada, porque si van a bailar después no poder acompañarte. 

 

 



Cecilia Ovando

Editado: 01.04.2019

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