Sueños fugaces

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No sé cómo he llegado a este precioso parque, solo conduje sin rumbo por un rato, sorteando calles, después de dejar a mi hermano. Estoy sentada en una banca, esta solitario este lugar, empieza a ser fresco, son como las dos de la mañana, el viento de la fría noche hace que me estremezca, tengo la piel chinita por el frío. Mi teléfono suena, lo reviso y es mi hermano que me ha etiquetado un vídeo en Instagram que me ha tomado mientras cantaba esta noche, no le prestó atención, salgo de la aplicación, ya es momento que regrese al rancho. 
Camino de regreso al carro, los focos de las farolas publicas alumbran muy poco, así que no veo cuando me tropiezo con una persona, y yo caigo de espaldas contra el duro y frío suelo. El mayor golpe lo llevo mi cabeza. Me quedo un rato acostada en el suelo.

 


—Lo siento mucho señorita ¿Se ha lastimado? — dice ayudando me a levantarme.

 


—Sí, sí estoy bien, la culpa ha sido mía, no he distinguido tu silueta en la oscuridad.

 


Termino de levantar me, sacudo lentamente la cabeza, para despejar el dolor que me dejo la caída.

 


—Gracias por ayudarme a levantarme, tengo que irme.

 


Camino hacia mi destino, cuando estoy abriendo la puerta del carro, alguien grita a mis espaldas.

 


—¡Espera!

 


Vuelvo de inmediato y una silueta se acerca a mí. La calle esta desierta. Ante mi está el hombre con el que he tropezado hace rato.

 


—Has olvidado esto — dice señalando mi bolso.

 


—¡Oh! Gracias, me había olvidado de él.

 


—De nada.

 


Tomo el bolso y estando apunto de prender el carro, me detiene.

 


—Por cierto ¿Cómo te llamas?

 


—Soy Artemisa — digo con educación, no tiene nada de malo que sepa mi nombre total, dudo mucho que lo vuelva a ver.

 


He llegado a la casa de mis padres sin contratiempos, subo directamente a mi habitación, me siento en la cama para quitarme las botas, recostándome un rato suspiro, después de un ratito, tomo una playera, un short y una ropa interior para bañarme. Me desvisto rápidamente estoy algo mareada. Lavo mi cabello, le pongo más empeño a mi rostro por todo el maquillaje que le he puesto hoy, después sigo con el resto de mi cuerpo, depilo mi zona intima. Cuando ya he terminado con mi cuerpo, la regadera se vuelve a encender quitando todo el rastro de jabón. Seco muy bien mi cuerpo, envuelvo mi cabello con la toalla, me visto, voy hasta el tocador por mi crema de parpados anti-ojeras, la aplico en mis ojos, quito la tolla de mi cabello para cepillarlo y no me cueste trabajo en la mañana.

 


Despierto de un sueño bastante rico, me siento descansada, me desperezo, busco que ropa ponerme hoy, voy al closet tomo una blusa roja holgada con mangas que llegan hasta los codos, un pantalón azul marino ajustado, lo dejo en la cama, voy al cajón donde tengo la ropa interior, y me decido por un conjunto de animal print este no es de encaje pero es bastante coqueto. El cabello lo hago en moño para no mojarlo hoy, entro en el baño y me baño rápidamente, lavo mis dientes. Cuando he terminado, me seco y me visto. Tomo la crema reafirmante para rostro, la unto por toda mi cara, aplico polvo, quiebro mis pestañas, pongo rímel en mis largas pestañas, delineo mis ojos con delineador líquido negro y por ultimo pinto mis cejas. Después de maquillarme, me pongo un par de aretes dorados con un pequeño cristal en medio, que es lo que les da la vista. Cambio mis pantuflas de Sailor Moon por mis sandalias cerradas doradas abrocho la pequeña cinta alrededor de mi tobillo cubro la cinta de la sandalias con el dobladillo de mi pantalón, por ultimo perfume y desodorante y estoy lista.

 

Tomo mi teléfono lo acomodo en el bolsillo trasero de mi pantalón, pongo silica en mi cabello cuando termino, vuelvo hacerme un chongo casual, bajo hasta llegar al comedor, donde esta solo mi hermano porque mis padres ya han desayunado, son diez para las once de la mañana, he dormido mucho, ellos desayunan temprano.

 


—Buenos días Jorge ¿Dónde está mamá?

 


—Está en la cocina.

 


Me dirijo a la cocina sin nada más que decir, pero al parecer mi hermanito todavía no ha terminado de hablar.

 

—Artemisa, por favor ¿A qué hora regresaste a casa?

 


—No se la hora en que regrese solo sé que era en la madrugada. Contento

 


—Me quede preocupado por ti, ya no fue lo mismo después de que te fuiste.

 


—Lo siento por arruinar tu noche. Pero el favor sigue pendiente.

 


Doy la vuelta y voy a la cocina y encuentro a mi mamá cortando verduras para la comida.

 


—Hola mamá buenos días.

 


—Buenos días cielo ¿Dormiste bien?

 


—Dormí demasiado bien mamá y papá ¿Dónde está?

 


—Creo que está en las caballerizas.

 


—Iré para haya entonces.

 


—Pero hija no has desayunado.

 


—Tranquila mamá — digo tomando una manzana roja del frutero, solo me gustan las rojas.

 


Camino en dirección a las caballerizas comiendo la manzana. Cuando llego mi padre esta con el sujeto que me trato mal al día siguiente de lastimarme mi tobillo. Están hablando algo sobre una lienza que necesita portería nueva.

 


—Yo con algunos de los trabajadores empezaremos mañana a poner la portería nueva.

 


—Por cierto Antonio, cuando tengas tiempo le das a mi hija un paseo para que conozca el rancho.

 


El hombre que ahora sé que se llama Antonio, disimula su mirada en presencia de su jefe, mi padre me mira y su trabajador cambia de postura.



Cecilia Ovando

Editado: 01.04.2019

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