Sueños fugaces

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De que sirve tener sueños fugaces si no los puedes compartir.
Tu dulce mirada y tu corazón vacío anhelan amor 

Los latidos de mi corazón son tan rápidos que no lo puedo controlar, inhalo y exhalo para controlarme y pensar con la mente despejada, pero no lo consigo, continuo con mi comida para pensar en otra cosa. 
¿Quién pudo dejar esa nota? ¿Acaso tengo un letrero que diga “mujer vacía busca llenar su corazón con un gran amor de ensueño?  Cuando ya he terminado de comer, vuelvo a mi habitación y solo único que me cambio son los zapatos por unos de piso. No sé qué podría hacer en este lugar, si me voy mañana a las nueve. 


Transcurre la tarde sin nada nuevo que hacer, llega la noche sobre la ciudad y yo sigo en mi habitación como si fuera una niña a la que han regañado y castigado encerrada en su cuarto es de lo más absurdo. Se me ha antojado tomar un vino puesto que estoy sola, llamo a recepción y pido un vino Asti. No tengo de que preocuparme no molesto a nadie mientras que estoy aquí, no hago escandalo solo estoy acostada, soy una mujer pacifista, nunca le he pegado a nadie y no me he metido en problema al menos hasta ahora. 
Después de unos minutos me traen el vino, lo descorcha el empleado, me desea una feliz noche y se va, al cerrar la puerta me sirvo una copa, saboreo el primer sorbo, me deleito con él. 

No sé cuántas copas me he tomado, perdí la cuenta después de seis, me siento mareada, pero sigo adelante, pido otra botella y en unos minutos sigo con las copas llenas de líquido soñador. Una idea viene a mí, tomo mi computadora y empiezo a escribir, no tengo sueño y sigo escribiendo a la vez que escribo, pienso en lo que me ha pasado hoy, tomo la copa y sigo concentrándome en lo que estoy haciendo. 
No sé qué hora es pero sé que alguien me ha sacado de mis más profundos sueños, a tientas busco mis zapatos y camino hasta la puerta. 

 

—Artemisa por fin te levantas, he estado tocando tu puerta desde hace rato —Mi asistente mira las botellas vacías, me mira con una sonrisa traviesa. 

 

—Veo que tuviste una noche feliz  —Dice con una de las botellas vacías en su mano. 

 

—Solo fue por esta vez, que necesitas para que me levantes tan temprano ¿Qué hora es? 

 

—Querida son las siete de la mañana y tenemos que estar en el aeropuerto a las nueve, y lo que necesito es que te bañes y yo mientras preparo tus maletas. 

 

Me despierto por completo en cuanto me dice aquello y asiento con un movimiento de mano, el arregla mis maletas en lo que yo busco ropa limpia y unos zapatos. Me desvisto, el agua relaja mis músculos en cuanto entra en contacto con mi cuerpo, lavo cada parte de mi cuerpo y mi cabello. En cuanto he terminado, me  comeinzo a vestir con un conjunto de lencería color negro de encaje, vestido campirano café con flores rojas, en cuanto salgo de baño me sigo secando mi cabello y me encuentro a un perdido publicista leyendo o viendo algo.

 

—Dame unos minutos y estoy lista, Henri —me apresuro a maquillarme

 

—Artemisa ¿Cuándo escribiste esto?  —Dejo de poner ponerme rubor al escucharlor y lo observo.

 

—¿A qué te refieres? —no he comenzado nada que yo sepa.

 

—A esto —me señala la computadora y lo leo.

 

—Fue anoche mientras estaba tomando unas copas de vino, ¿Te gusta? —Mi mente siempre vuela más cuando tengo algunas copas encima.

 

—Cariño gustarme es poco, es lindo, por lo poco que escribiste, me he imaginado esto y fue ¡WOOOOO! —hace gestos con su rostro y sus manos.

 

—Tanto así te gusto, lo escribí mientras estaba medio borracha, no tiene mucho interés es más ni si quiera sé que  plasme en esas lineas, yo creo que estas exagerando —no le doy importancia y continuo poniendo rubor en mis mejillas.

 

—Cariño tienes que leerlo y no es por elogiar te más pero eres asombrosa y esto es la prueba —libros románticos que le gustan a mucha gente pero tristemente no tengo nada de eso.

 

—Entonces ya lo leeré cuando tenga tiempo, ahora como dices tú hay que apurarnos si no perderemos el vuelo. Ya quiero llegar a casa. 



Cecilia Ovando

Editado: 01.04.2019

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