Sueños fugaces

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Ya hemos llegado a Guadalajara y no creo poder esperar más para llegar a casa, extraño a papi, un perrito que estaba en la puerta de mi casa en una noche con cielo estrellado después de una lluvia intensa, me dio cosita dejarlo desamparado, así que le di comida esa noche y en cuanto vi que ya no me tuvo miedo y dejo que lo acariciara entro a la casa como si nada, al día siguiente lo bañe y lo lleve al veterinario, que por supuesto estaba el pobre animalito con problemas de desnutrición, y le tenía miedo a las personas como muestra de que antes había sido maltratado por su dueño o por las misma personas que deambulan en la calle sin fijarse en los perros abandonados. 


Mi casa cuenta con tres habitaciones, recibidor, sala-comedor, cuatro baños uno en cada cuarto y uno para invitados y un estudio que cuenta también como biblioteca, He llegado a pensar que es demasiado espacio para tener veinticinco años. A veces no me gusta estar en la ciudad  he deseado mudarme al rancho que tengo, no es muy grande, tiene lo mismo que esta casa, solo que agregándoles unas caballerizas, galera en donde se guarda todo, un potrero en donde se marcan a las vacas, y no olvidemos la alberca seria tentador poder mudarme a un lugar tranquilo, para despejar tu mente, alejarte del estrés del trabajo. Solo que estaría con mis padres y mi hermano. 


Mis padres por un lado están felices de la mujer que soy, en el tiempo que estuve fuera de mi antiguo hogar, estuvieron tristes, venimos de una zona humilde y en cuanto tuve el dinero suficiente compre el rancho que ellos manejan y viven. Cuando simplemente una niña no se da cuenta del todo, de la soledad que hay en su corazón de la falta de amor que sentirá cuando este más grande de edad no dejaba de imaginar tantas historias que siempre terminaban con las personas que amas o quieres formando un futuro juntos. 
No mido más que 1.65, de tés morena clara, cabello negro largo, en si mi cabello es muy raro cambia de lacio a rizado, entre otros, no lo comprendo pero ya ni modo que le voy hacer, ojos color miel y un cuerpo agradable a la vista, no que diga yo que bruto que cuerpazo tengo, pero sí, tengo algo. Tengo años de no ver a mis padres y a mi hermano, abandone el nido a temprana edad por cuestión de los estudios y ahora soy una mujer de veinticinco años que ha dejado de lado muchas cosas, por tratar de llenar su corazón y simplemente no lo consigue. Pero está decidido dejo arreglado todo lo que tengo pendiente y papi y yo saldremos de vacaciones.


Cuando ya estoy en mi hogar, mi niño me recibe dando saltitos al mi alrededor a manera de bienvenida, dejo la maleta en el suelo y cargo a papi, la señora Gloria mi ayudante domestica que solo viene dos días a la semana cuando estoy de viaje y un día cuando estoy en la ciudad, tiene muy bien cuidado a mi niño. 

 

—Bienvenida señorita —Gloria, me da un abrazo y frota mi espalada con su mano.

 

—Gracias Gloria ¿Cuántas veces te he dicho que me digas Artemisa? —Digo mientras nos abrazos, depues me alejo de ella y la observo.

 

—Lo se señorita pero lo prefiero así —Personas como ella quedan pocas.

 

—Bueno está bien, ¿Cómo estuvo todo por aquí? —Le doy mis maletas, estoy cansada.

 

—Todo estuvo bien. Le llamaron sus padres en el tiempo que estuvo fuera, dijeron que les llamara, también dejaron este sobre para usted por debajo de la puerta hoy cuando he llegado esta mañana. 

 

Me tiende el sobre, no tiene remitente, solo dice mi nombre al reverso, que raro, con el sobre en las manos, bajo a papi y Gloria toma mis maletas para desempacar todo. ¿De quién será la carta? La dejo en el comedor para llamar a mis padres. Después del segundo tono contesta mi hermano. 

 

—Hola hermanita —saluda mi hermano alegremente.

 

—Hola Jorge ¿Cómo han estado por allá? —los extraño mucho.

 

—Bien con mucho trabajo chaparra, ayer nacieron becerritos pero creo que uno morirá, porque no aguanta para levantarse —me cuenta como si nada, yo me siento triste por el animalito.

 

—Qué mal, pobrecillo

 

En los ruidos del fondo escucho como mi mama le dice que si habla conmigo. Mi hermano al decirle que soy yo quien está al otro lado de la línea, rápidamente le quita el teléfono. 

 

—Hijita que bueno que llamas, te extrañamos mucho ¿Cuándo vienes por acá? A tu padre le dará mucho gusto verte —mi mamá como siempre hace varias preguntas antes de que pueda contestar la primera.



Cecilia Ovando

Editado: 01.04.2019

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