Sueños fugaces

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Después de la plática, busco a papi que no ha aparecido desde que llegamos. Con una linterna que tome mientras estábamos en las caballerizas. Ando por los corredores y pasillos que no sé a dónde llevan, estoy un camino sin rumbo. 


—Papi, chiquito. Pequeño, ven es hora de dormir. —Grito a la nada para que mi niño me escuche pero simplemente no hay señales de él. No tengo respuesta de mi perro, debe estar indefenso, solo en un terreno que no conoce.  —¡Jesús! Papi, papi, si no apareces no dejare que dme es nietos — Digo a la nada. 

 

Y como si me hubiera escuchado aparece con una cinta que aparenta ser su correa improvisada. Ante mi aparece papi, seguido de un hombre que no logro distinguir en la noche, se planta delante de mi tendiéndome la cinta. 

 

—Supongo que este pequeñín es tuyo. 

 

—Mmmm si es mío, llevo buscándolo desde hace rato.  —Al levantar la mirada veo que es el hermoso hombre de ojos grises. 

 

—¿Qué haces aquí? —pregunto sin poder ocultar lo confundida que estoy.

 

—Eso mismo podría yo decir, yo trabajo aquí, porque sigues tú aquí. —levanto una ceja al escucharlo.

 

—Sigo aquí porque soy la hija de los dueños — soné arrogante lo sé pero no iba a dejar que este perfecto espécimen me tratara mal. Pero ¿Qué se ha creído? 

 

—No sabía que eres hermana de Jorge como nunca te había visto por aquí.

 

—Y yo no sabía que trabajas aquí. Gracias por cuidar de papi. Buenas noches. 

 


Doy media vuelta con paso ligero y sujeto la linterna con firmeza ¿Por qué me ha tratado tan mal? Me voy como al principio, sigo sin saber su nombre, pero también me voy conociendo su mal carácter. Y mis pensamientos me han conducido a un camino con baches hasta doblarme el tobillo. 

 

—¡Ayyyyy! papi ya vez ya me lastime el tobillo y todo por salir a buscarte y para colmo he dejado el teléfono en mi cuarto, valla suerte la mía. Tendré que esperar un buen rato para levantarme. 

 


Papi se suelta y se pierde otra vez, lo que me faltaba. Perro tonto ven para acá no saldré a buscarte de nuevo. 
Me quedo sentada un rato en la tierra, ojala y a mis botas no les haya pasado nada pague mucho por ellas. Después de un rato escucho un pequeño ruido, a tientas busco la linterna hasta que la encuentro y también encuentro una piedra de buen tamaño y como si fuera policía coloco la linterna en la mano izquierda y en la derecha pongo la piedra estiro mi brazo izquierdo y coloco sobre mi muñeca izquierda la derecha mientras intento levantarme a pesar del dolor de mi tobillo. 
¡Joder! Como duele, me cuesta trabajo pararme, pero que esperaba que pasara siendo las once de la noche o al menos pienso yo que es esa hora. Vuelvo a escuchar otro ruido, reúno todo el valor que puedo para dejar atrás el miedo que ciento, camino hacia atrás por donde he venido. 
Todo esto me está dando mucho miedo pero no puedo dejar que se me note, me verán débil, lo he visto en las películas, ya quiero estar en mi cama, bajo las sabanas, durmiendo cómodamente y olvidar el miedo. 
Cuando ya no he escuchado nada más extraño, me doy la vuelta para volver a la casa pero me encuentro con alguien delante de mí, me sujeta de mi brazo derecho. Tengo que salir de aquí pero ¡ya! 

 

—Suéltame. 

 

No dice ni una palabra mientras me tiene agarrada del brazo, pero ¿Quién se supone que es este hombre? Me enoja no poder ver bien en la noche. Pienso rápidamente como liberarme este hombre pero solo tengo una linterna y una piedra. Solo he llegado a una conclusión y debería bastarme con ello, de otra manera no sé lo que hará conmigo. 

Sostengo la linterna con firmeza y la prendo justamente en los ojos, lo ciego por un momento y con mi mano hecha puño le doy un derechazo en la cara. Salgo huyendo de lo más rápido que puedo con mi tobillo lastimado, nunca había hecho eso. De algo tienen que servir las películas de acción.


No sé como pero he llegado a la amplia cocina de mi madre, prendo la luz busco un vaso para llenarlo con agua, tengo la boca seca, siento tantas emociones que no sé cómo descubrirlas. Después de un  momento donde los latidos de mi corazón ya son normales, dejo el bajo en el fregadero apago la luz y voy a mi cuarto, tengo que despejarme y eso nada más lo lograre con un baño, sentir el agua recorrer mi cuerpo cansado, espero que papi este bien justo cuando más lo necesitaba me abandono como cualquier cosa ¿Por qué? 
Estando acostada en mi cómoda cama, no me resisto al sueño, duermo profundamente. 



Cecilia Ovando

Editado: 01.04.2019

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