Superlumínico

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Capítulo 15

Narra Manuel

Me sentía un prisionero, un rehén de la voluntad de mi padre, del rey y de la sociedad en su totalidad. Como quien quiere tapar el sol con un dedo, intentaba negarme a ello, doblegarme, pero no podía. Huir era tal vez la única opción, aunque de hacerlo sería tan egoísta como aquellos a quienes aborrecía. Tantos dependían de mí, incluida Margarita.

El corazón me dolía y sentía que se desgarraba en mi interior. Tal verdugo conduciría a mi hermana a la sentencia de muerte. Quitándole todo en el proceso, su libertad, la poca que disponía y mi protección que tantas veces había fallado, prueba de ello, sus heridas, que eran tanto físicas como mentales.

Como alcohólico que necesitase el vino correr en su sistema, el mar me llamaba. La paz y tranquilidad que hallaba en sus márgenes, pese al frío, lo eran todo. A veces solo precisaba perderme un par de días en su cercanía, para volver a la realidad. Así lo hice durante 14 jornadas, que fueron más que suficientes, para que la culpa no siguiera carcomiendo mi sistema.

Era un día soleado y el muelle se encontraba más que lleno, la gente se apiñaba frente a los navíos repletos de exóticos productos del Nuevo Mundo y pugnaban por estos, gritando e insultando cuando alguien obtenía aquello que deseaban.

De pronto, entre tanta algarabía un muchachito con rasgos orientales, colisiono conmigo provocando, que cayera en el suelo.

-Oye, ten más cuidado.

-Lo siento tanto, su excelencia- hizo una burlesca reverencia- por ensuciar sus tan honorables pantalones- dicho esto siguió corriendo, hasta ser detenido por dos hombres que amenazantes, le quitaron sus posesiones al grito de ladrón.

El chico parecía asustado y se debatía, aunque siendo tan menudo, no podría librarse. Por alguna razón sentí la necesidad de protegerlo, pese a tan desconcertante encuentro, todos merecían una segunda oportunidad.

-Suéltenlo, yo pagaré sus cosas- En algunas ocasiones ser el futuro marqués tenía sus ventajas, sabía con certeza que no se negarían a mi petición.

-Pero señor, es un ladronzuelo, debe pagar por sus actos.

-Acaso no escucho, yo pagaré. Por lo cual no hay ningún ladrón, ahora libérenlo.

Tras entregarle unas pocas monedas, resulto que el botín era un pedazo de pan duro y unas magulladas manzanas, era evidente que robaba por necesidad y no por el placer de hacerlo. Podría contratarlo en mi navío, necesitaba gente con urgencia y estaba seguro que al librarlo de una muerte segura o de años consumiéndose en prisión, su lealtad sería genuina.

-No tenía porque hacer eso, pero le agradezco- su aspecto era extraño para ser oriental, su cabello era plateado, al igual que sus ojos, aunque no le daba más de unos 25 años.

-No tienes que hacerlo, todos merecemos una segunda oportunidad chico.

-Mi nombre es Shoshan Himura Hiromi, que puedo hacer para pagar lo que hizo por mí.

-Trabajar para mí, e..- cortándome continuo.

-Señor, yo no hago esa clase de servicio, para eso tiene a las chicas del muelle- Mi cara debió ser un poema, porque soltó una estruendosa carcajada- Sé quién es, el Zurdo ¿cierto?

-Veo que tiene un particular sentido del humor y sí, soy ese mismo. Verá ahora tengo que ocuparme de unos asuntos, así que vaya a la embarcación y pregunte por Black, él sabrá qué hacer.

Así dejando detrás a tan peculiar ser, me encamine a mi “hogar” solo esperaba que las cosas no estuvieran tan mal.

 



PriscilaMartínez2014

Editado: 16.07.2019

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