Superlumínico

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Capítulo 20

Narra Julianne

-Lo siento, no debió pasar, no quise aprovecharme. Mi hermana está perdida, no es el momento- en cada palabra negaba, como si la culpa lo estuviera invadiendo y a decir verdad me estaba contagiando, sentí mis mejillas arder.

-Entiendo, será mejor que me vaya. Gracias, por todo.

La fría noche me abrazo, sentía que la paz ya no estaría por un largo tiempo. Mi mente era un torbellino de pensamientos, ¿Dónde estará Margarita, tendrá frío, estará en peligro? Manuel y ese beso y los documentos de Francisca, ¿al final los usaré?

Al llegar a la habitación, Paula me miraba preocupada y ansiosa, no dejaba de moverse de un sitio al otro.

-Al fin llegas, estaba preocupada, me enteré que te mando llamar Alejandro- al percatarse de mi labio lastimado, su mirada cambió- ¡Oh, no! Es toda mi culpa.

-No lo es, fue él quien me golpeo.

- Si, lo es. Solo quería ayudar y ahora estoy dudando, no podía, pero mi pequeña hermana- comenzó a llorar amargamente, sus últimas palabras se sumaron a un nuevo torbellino, acaso había comprendido mal.

Intente calmarla, pero nada surtía efecto, a veces lo mejor es solo permanecer en silencio y hacerle saber al otro que estas allí a su lado, que cuando quiera contarlo, lo escucharas.

-Sabes, mi madre fue sirvienta en esta casa hace muchos años. Venía de Irlanda siguiendo a su padre que era misionero, era una mujer muy hermosa, su cabello rojizo al igual que el mío la hacía destacar donde fuera y recibir alguna que otra mala mirada- sus ojos se iluminaron al nombrarla, Paula debía ser un calco de ella- Todo era felicidad, hasta que mi abuelo enfermo gravemente, para terminar, muriendo, dejándola sola en el mundo. No tenía muchas opciones, servir en alguna casa o comenzar a trabajar en zonas de mala muerte. Así fue, como llego hasta aquí, al tiempo de su llegada, Lucía quedo embarazada de su tercer hijo y como dictan las costumbres, el hombre deja de visitar el lecho de su esposa- lagrimas comenzaron a caer de sus ojos y perdieron ese brillo, que antes tenían, temía de lo que fuera a decir, sabía que no sería nada agradable- Mi madre, que, desde un inicio, recibía insinuaciones de Alejandro, paso a ser acechada, hasta que sucedió lo inevitable, la ultrajo. La tenía amenazada, muchos creían y siguen haciéndolo, que las personas de cabello rojizo, traen infortunios y son demoníacos, usando esto de excusa decía que la entregaría a la Inquisición, que debía abrir las piernas y dejarse hacer. Por más que utilizará una esponja cubierta de vinagre, cada vez que finalizará el acto, acabo quedando encinta, al enterarse de esto, expulso a mi madre con una bolsa de dinero y las llaves de una pequeña propiedad a las afueras de la ciudad, con la obligación de enviarme a servir al cumplir los 20.

Estaba horrorizada, ese hombre, si se lo podía llamar así era peor de lo que imaginaba, era un descarado, vendía a una de sus hijas, a la otra la obligaba a servirle y ver a sus hermanos con todo tipo de comodidades, peor aún vivir con la idea que fue producto de una violación. La abracé en silencio, en ocasiones las palabras sobran.

Escuchamos un ruido proveniente del pasillo y nos miramos espantadas, esto no podía salir de aquí, de enterarse Lucía le haría la vida imposible, el pestillo de la puerta comenzó a moverse lentamente, hasta que la puerta se abrió de golpe.



PriscilaMartínez2014

Editado: 16.07.2019

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