Superlumínico

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Capítulo 36

La desesperación me estaba matando, no despertaba y yo no me quería ir de su lado, debía cuidarlo, velar sus delirios producto de la fiebre y obligarlo a tomar líquidos al menos cuatro veces al día.

Dos días sin ver sus ojos, de que la tripulación me cediera el mando y me tomaran como la compañera de su capitán, aunque yo no me cansaba de decirles que así no era. Mis ojos estaban rojos de tanto llanto, de los nervios y la culpa que me consumían por no llegar antes, por dejar mi promesa de lado, porque al final me equivoque hubiera dado la vida con tal de que él estuviera vivo, porque lo amaba y no me veía en otro lugar que no fuera con él, entre sus brazos, porque me desgarraba el corazón verlo en ese estado.

—Julianne, debes descansar un rato deja que cuide a mi hermano ya me encuentro mejor, —ella me miraba con entendimiento, como si pudiera leer mi alma y me recordó a alguien. —Si, sigues así enfermaras y no creo que él quisiera eso.

—No, puedo Marga se lo debo y a ti, te deje sola…

—Nada de eso, ven aquí —me abrazo y fue en ese momento que lo note, vestía de gitana nuevamente. —él estará bien, es la persona más fuerte que conozco y tu eres su ángel, mientras ustedes estén bien yo seré feliz, nunca lo olvides y no me debes nada eres libre.

—Has madurado tanto, estoy orgullosa de ti, pequeña.

Decidí hacerle caso, ella más que nadie lo cuidaría bien, iba sumida en mis pensamientos cuando me di cuenta, me llamo Julianne y esas ropas, el casi beso, esto era obra de Shashan sin dudas y pronto descubriría el trasfondo de todo.

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La fiebre había cesado y sus sueños eran tranquilos, en cualquier momento despertaría y por fin podría respirar en paz, ahora entendía su preocupación en esas horas de desmayos y su desesperación, pero sí que me lo había devuelto con creces.

—Anne… Anne— por fin sus ojos estaban abiertos y me miraba confundido.

—No te esfuerces, estuviste cuatro días inconsciente, toma agua.

— ¿Qué me pasó?

—Hubo una tormenta y una ola casi nos derriba, tú caíste al mar…—sabía que se enojaría por arriesgarme, —yo salte y no llegaba a ti, tuve tanto miedo, pero me oíste, nadaste, los chicos nos subieron, te salvaste y estoy tan feliz, creí que jamás volvería a oír tu voz.

—Anne, eres tan buena y dulce, eres mi luz— me sorprendí, esperaba otra cosa. —Aunque no debiste exponerte así, vales mucho. —Ahí estaba, no pude evitar reír.

—Lo haría una y mil veces más si fuera necesario y sabes… yo descubrí algo— estaba sumamente nerviosa, pero debía decirlo, el tiempo no perdona. —Te amo, Manuel.

Quedo helado por un segundo, sus ojos sumamente abiertos por la sorpresa, entonces me beso y sentí el mundo dar vueltas, esta vez no era producto del mar, era él, estaba ebria de emociones, de su aroma y calidez.

Al final el amor, es un arte sumamente extraño y difícil de comprender, aunque tal vez se trate de eso, el no entenderlo, con cada persona funcionaba diferente y el tiempo no era nada, ciertamente estaba a punto de cometer una locura para alguien que venía del futuro, pero qué es la vida sin locuras, nada.

—Manuel, —pronuncie separándome de sus brazos, —quiero despertar cada mañana y que tu estés ahí, discutir por tonterías, descubrir traiciones al rey, estar en lo bueno y sobre todo en lo malo, por eso y por muchas cosas más, serías la mermelada de mi pan, la pasta de mi cepillo y no sé me ocurren más ejemplos, cásate conmigo.

Si, antes sus ojos estaban grandes ahora pareciera que se saldrían de sus cuencas.

—Acaso, me estas pidiendo matrimonio cuando apenas vuelvo a la vida, porque tendré que decirte que no. —negué, triste y cuando me di vuelta sentí su risa —tu dijiste eso, tenía que vengarme, claro que acepto, seré tu esposo, ven aquí, Anne. —Me volvió a besar y sentí que todo iría bien, aunque ciertamente no sería fácil.



PriscilaMartínez2014

Editado: 16.07.2019

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