Superlumínico

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Capítulo 6

-Madre, no creo que a padre le agrade que trates así al servicio. Los accidentes ocurren ¿no crees?

-Me trae sin cuidado eso, querido. Esta criada cometió un error y no solo eso ya ha demostrado en otras ocasiones su descaro- si decirle la verdad lo fue- Así que junta tus cosas y vete, no quiero que te aparezcas más en esta casa.

Lagrimas de frustración y enojo comenzaron a caer, me tendió una trampa, esto era tan injusto. Fracase tan rápido, ¿ahora qué haré? No puedo seguir dependiendo de la bondad de otros, ni siquiera sé quien soy, siento que estoy en un camino sin salida. Estaba llegando a mi habitación, cuando sentí los pasos apurados de alguien.

-Espere, no se vaya, no está despedida, no llore- me tendió un suave pañuelo, fue ahí cuando lo note, de cabello castaño, ojos miel de un tono casi amarillo, su piel estaba bronceada y un ligero aroma a mar lo envolvía.

-Gracias, pero no entiendo señor- esa mujer me odiaba, como había cambiado de parecer tan rápido.

-Mi padre dejo dispuesto que solo él puede prescindir de usted, pero le recomiendo ir con cuidado o más “accidentes” podrán ocurrir- así que sabía que fue su madre, que todo había sido premeditado- También le pido que cuide muy bien a mi hermana, mientras no esté aquí.

-Yo no sé como agradecerle, no sé preocupe la cuidaré con mi vida si es necesario.

Por lo visto, Don Alejandro ya sospechaba de las intenciones de su esposa, cosa que no me dejaba muy tranquila, vendría con todo hacía mí, tal y como su hijo me advirtió. Ese chico tiene algo especial, aunque tal vez son imaginaciones mías.

Al llegar la noche, Margarita me autorizo a no asistirla en la cena, ni a la hora de dormir, por lo cual estaba libre, aunque no por mucho tiempo.

La cena con el resto del servicio fue horrible, todos me observaban y susurraban cosas, algunos incluso lanzaban miradas de molestia. La única que se acerco y hablo conmigo de forma amable fue Paula, según me conto algunos aseguraban que era la amante del patrón, que la pobre Doña Lucía debía soportar en su mismo techo.

Al terminar Genoveva ordeno que todos fueran a dormir, excepto yo que tenía que limpiar todos los platos utilizados por el servicio y los patrones, no solo eso, sino que, a partir de mañana en mis ratos libres, debía limpiar el establo. Ellos creían que con esas cosas me iría, pero no, yo podría porque mi abuela siempre decía que era fuerte, ¿espera qué?, ¿abuela?, ella murió.

Sentía que mi cabeza explotaría, era un dolor punzante, veía todo borroso, miles de recuerdos comenzaron a aparecer.

Era una pequeña de cinco años, estaba llorando, Billy rompió mi muñeca favorita y se burlo porque no tenía madre, siempre lo hacía. La maestra llamo a mi abuelita Bella, papi no podía venir, el trabajaba curando personas, cuando sea grande quiero ser como él. Pero sino pude salvar a Pepi, ¿cómo lo haría? Además, todas las niñas tenían lindos peinados, el mío siempre iba suelto o en coletas, papá no sabía hacer nada más, yo también quería una madre, para que me hiciera bonitos peinados.

-Anne, ven con la abuela vamos a tomar té con esas galletitas de miel, que tanto te gustan. Sabes todo es mejor después de una taza té, pero recuerda si tienes que llorar hazlo, no eres más o menos por hacerlo, las lágrimas limpian el alma y se llevan el dolor lejos.

Mi abuela era una mujer tan sabía y dulce, siempre tenía la palabra justa, ahora ya no estaba, pero como dijo Carlos, hay que quedarnos con lo bueno que vivimos con ellos. Al menos tenía algo claro mi nombre es Anne, aunque en mis recuerdos la ropa, edificios, todo era tan diferente a Sevilla ¿De dónde venía?



PriscilaMartínez2014

Edited: 19.01.2019

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